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Alemania y la crisis de refugiados

escrito por Luis I. Gómez 9 septiembre, 2015

La canciller alemana Angela Merkel, apoyada por los miembros de su gabinete y la coalición de gobierno (CDU-CSU-SPD) pretende acoger medio millón de refugiados en Alemania en calidad de solicitantes de asilo. El esfuerzo que ello supone tanto en medios materiales como humanos es ingente. ¿Cuáles son las razones que motivan a la canciller alemana a dar semejante paso?

Según las cuentas del propio gobierno germano, se esperan este año más de 800.000 solicitudes de asilo procedentes de los miles de refugiados que huyen de las zonas en conflicto bélico en oriente medio, que se deben sumar a los miles de refugiados procedentes del continente africano.

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Los argumentos del gobierno alemán son primariamente humanitarios. Las mágenes del pasado fin de semana, con cientos de refugiados bajando de los trenes y siendo recibidos en Munich, Düsseldorf, Berlín, serán recordadas durante mucho tiempo. La misma Angela Merkel destacaba el pasado lunes la emocionalidad de los gestos vividos en las estaciones alemanas.

Pero tras las emociones del fin de semana llegó la realidad de lo cotidiano: la oleada de refugiados llevó el lunes a algunos lugares de Alemania al borde de la alarma. La generosidad y acción humanitaria no puede ocultar el hecho de que Alemania acabará en estado de emergencia si la “excepción”, tal y como Angela Merkel había definido la situación con el fin de apaciguar a la CSU, se prolonga en el tiempo. Los ayuntamientos y algunos Bundesländer carecen de los medios materiales para dar acogida a la cantidad ingente de refugiados. La inyeccción de 3 mil millones desde los presupuestos generales federales a las cajas de Länder y ayuntamientos es necesaria, pero a todas luces insuficiente. El gobierno de Baja Sajonia a tenido que movilizar 300 millones extra para “tapar agujeros”. El primer ministro de Turingia Bodo Ramelow (izquierda) pide mejoras en el paquete de medidas del gobierno federal para la ayuda a los refugiados. “Tres mil millones de euros para las comunidades y los Länder son un paso en la dirección correcta, pero no son suficientes”. En la revista matinal de la ARD el Ministro de Finanzas de Renania del Norte-Westfalia Norbert Walter-Borjans, denuncia una cierta falta de previsión económica pues,  según  sus cuentas, un refugiado cuesta alrededor de € 12.500 al año. “Basta con hacer una simple multplicación, y obtendrá una cifra de unos  diez mil millones de €”, dijo el político del SPD. De ahí que la mayor parte de los políticos germanos vean con gran escepticsmo las palabras de Sigmar Gabriel (SPD), ministo de economía y energía, quien afirma que Alemania puede acoger durante largos períodos de tiempo medio millón de refugiados.

Muy probablemente la cifra de 800 mill refugiados se quede corta. La primer ministro del estado Renania del Norte-Westfalia, Hannelore Kraft mantiene que la previsión de 800.000 refugiados en Europa este año es obsoleta. Ella espera muchos más, tal y como reconocía el pasado lunes en la reunión de presidentes de los Länder en Berlín.

¿Qué hacer luego con los refugiados?

Quien establece contacto con los refugiados que han llegado en los últimos días a Alemania se da cuenta enseguida de que casi nadie habla inglés. Sólo uno de cada veinte dominan un pobre vocabulario. La falta de conocimiento del inglés es un hecho, un obstáculo importante a la llegada de refugiados en Alemania, pero se puede superar. Debido a los muchos voluntarios también son numerosos los intérpretes. Hablan kurdo, árabe, pashto y muchos otros idiomas.”La mejor forma de integración es el trabajo. Pero muy a menudo es imposible si faltan las habilidades del lenguaje”, dice Sönke Fock, director gerente de la Agencia de Empleo de Hamburgo.

La relidad de los datos parece confirmar esta preocupación. Existe un programa de integración primaria en las Agencias de Empleo de varias ciudades alemanas para enseñar a las personas de origen inmigrante  idiomas y formación profesional. Ya hace año y medio que el programa se desarrolla en Hamburgo, más de 2.000 candidatos se inscribieron hasta el momento en él. Hasta ahora ninguno de ellos ha conseguido un puesto de trabajo. Este pobre registro muestra que los extranjeros tienen grandes dificultades en el mercado laboral alemán.

Comparando las cifras de parados nos damos cuenta del problema: mientras que el número de solicitantes de empleo alemanes se redujo significativamente en casi un seis por ciento a 3,8 millones de personas que buscan empleo, durante el mismo período de tiempo las solicitudes de empleo de personas con nacionalidad extranjera crecían un nueve por ciento. Su número asciende actualmente a alrededor de un millón de personas. Esto significa que hay un número desproporcionado de extranjeros en busca de trabajo. Su porcentaje de población es de alrededor del nueve por ciento, pero representan el 21 por ciento de los parados totales.

Nuevo problema pues: no hay maestros para enseñar alemán a 500.000 refugiados .

En estas condiciones, es muy dudoso que la llegada de refugiados suponga un revulsivo en el mercado laboral germano. Las opciones de los no cualifcados son prácticamente nulas, las de quienes sí poseen una buena cualificación, remotas.

No puedo terminar el relato sin intentar responder a la pregunta de inicio. ¿Cuáles son las razones que motivan a la canciller alemana a dar semejante paso? Creo que no hay razones egoístas del tipo: nos aprovecharemos de su mano de obra. Hemos visto que no es posible. Tampoco creo que se trate de un gesto megalómano: demasiado caro, tanto económicamente, como socialmente (no les he hablado de los disturbios y las reacciones xenófobas de los últimos días, que serán parte de otro artículo). Creo que pretende arrastrar a otros países de la Unión Europea para evitar conflictos fronterizos e imágenes dramáticas como las que hemos visto en los últimos años (que no meses).

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