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Cataluña ante su gran oportunidad

escrito por Luis I. Gómez 8 septiembre, 2015

El próximo 27 de Septiembre los catalanes acudirán a las urnas para cumplir con la liturgia de la democracia. Una vez más, disponen de una gran oportunidad para dar un vuelco radical a la estructuración de su sociedad y sus instituciones políticas.

Tienen la oportunidad de conceder la mayoría parlamentaria a los defensores del independentismo, y librarse, por fin, de las cadenas que les sujetan a la zozobrante nación española, hiperregulada, claustrofóbica, endeudada, inoperante y, según algunos, opresora.

Liberarse de la zozobra. Un país, que pretende conservar la herencia histórica común al tiempo que calma con favores y privilegios políticos el hambre de los diferentes, genera desigualdad ante la ley y entra en crisis de identidad. Cuando un país, para evitar caer en crisis de identidad, convierte lo cotidiano de una mayoría en símbolo identitario obligatorio para todos, olvidando las diferentes percepciones de muchos de sus paisanos, entra en crisis moral. La zozobra y descomposición se hacen inevitables desde la certeza del descontento de quienes no han sido agraciados con la bendición estatal o quienes se consideran despreciados en sus particulares percepciones de conceptos como cohesión, desamparo o discriminación. Los catalanes disponen de una oportunidad única para librarse no de una, de dos zozobras: la española y la catalana. Tan absurdo es sacralizar el “amor” por la rojigualda como por la estrelada. Tan discriminatorio es la impostación del castellano como la del catalán. El mismo desamparo genera el sistema fiscal español como el catalán. El sentimiento de desamparo de un catalán es el mismo bajo un sistema nacionalista español que uno nacionalista catalán. Es el momento de librarse de lo precario, de banderas, himnos e idiomas. Es posible fijarse en las personas y su voluntad de satisfacer sus necesiades. En cualquier idioma. Sin banderas. Nombres y apellidos. Es una gra oportunidad.

Liberarse de la claustrofobia. El corset del estado español aprieta el pecho de muchos catalanes, deseosos de una libertad que ellos creen fundamental. Es el momento de verificar si el corset es como nos cuentan, si la historia fue como nos enseñan, o si de lo que se trata es de mirar adelante y escribir una historia nueva, una historia de que más tarde se pueda recordar sin sonrojo ni medias verdades, incluso mentiras.  Una historia alejada del estatismo, la cleptocracia y el hooliganismo político. Una historia sin banderas. Llena de nombres y apellidos. Es una gra oportunidad.

Liberarse del endeudamiento. Atrás, muy atrás, quedan los tiempos en que las voluntades se unían por la libertad. Hoy es más importante comer de gorra que ayunar dueño de uno mismo. Aquellos catalanes emprendedores, padres del industrialismo en España, sentirían vergüenza al ver cómo en los balances de empresa las subvenciones y privilegios fiscales ocupan un lugar más importante que las ventas, siendo aquellas las que engordan la columna de beneficios. No el espíritu emprendedor, no el trabajo, no la visión de futuro, no la magia de crear. Los catalanes tienen la oportunidad de votar por la voluntad de emprender. Sin banderas. Con nombres y apellidos. Es una gran oportunidad.

Liberarse de la opresión. Los catalanes (y los no catalanes) tienen la oportunidad de asumir que un estado democrático no puede oponerse a la voluntad de un grupo de ciudadanos que desean salirse de su marco legal/territorial, pero establece unas reglas para hacerlo que se basan exclusivamente en la voluntad de la gente frente a plantemientos claros, con todas las partes en juego implicadas y sin recurrir a elementos míticos o tribales para justificarla. La lucha contra el poder, sea este el que sea, es un deber cívico. Al poder casi podría decirse que hay que llevarle la contraria por sistema. Y los catalanes tienen una gran oportunidad para reiniciarse como sociedad. Una sociedad en la que cada individuo es un agente que persigue activa y abiertamente su interés sin disfrazar sus asociaciones con otros individuos de causas colectivas ni pretender prebenda alguna que no se corresponda con los resultados objetivos de su actividad, generando prosperidad y diversidad. Sin banderas. Con nombres y apellidos. Es una gran oportunidad.

A los catalanes les deseo suerte y atino en su decisión. Igual que lo haré más adelante con los españoles, cuando acudan a votar.