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Decisiones

escrito por Luis I. Gómez 22 julio, 2015

Al igual que el todopoderoso Zeus en el poema Die Teilung der Erde (La división de la tierra) de Schiller, todo humano sensato termina por comprender que la vida no es más que una larga sucesión de decisiones y sus consecuencias. La mayor parte de esas decisiones las tomamos de forma casi automática o inconsciente. En no pocas ocasiones nos damos cuenta de que hemos tomado una decisión sólo en función de si sus consecuencias han sido especialmente severas o beneficiosas.

homer-simpson-brain-1024En las últimas décadas, los científicos que se ocupan de estudiar nuestro comportamiento, han desrrollado modelos teóricos en los que muestran cómo el enorme flujo de información y la enorme cantidad de estímulos a que nos vemos sometidos diariamente podrían suponer una sobrecarga patlógica de nuestra capacidad cognitiva. En otras palabras, nuestro córtex no estaría capacitado para soportar y procesar todo el material de que disponemos en nuestro día a día moderno. No les voy a aburrir con citas y nombres, pero les dejo un concepto aparecido a la luz de estas ideas: el nudging.

Nuestra irracionalidad es predecible y sistemática. La “economía del comportamiento”, la psicología social y el “diseño del pensamiento”, disciplinas con nombres pomposos, tienen como objeto estudiar esta realidad y ayudar a revertir sus costos. Así, esta tríada disciplinaria ofrece una solución para tanta irracionalidad: el nudge (en español, “empujoncito”) hacia una decisión más beneficiosa.

En otras palabras, un nudge es una intervención controlada para afectar nuestro menú de opciones, alterando nuestro comportamiento de manera predecible, sin restringir opciones ni provocando consecuencias económicas.

Steve Hilton, creador del Behavioral Insights Team (primer equipo en gobierno dedicado exclusivamente a esto) en el Reino Unido, afirma que “el objetivo de cada nudge es remover la mayoría de las barreras físicas y mentales que impiden que tomemos decisiones que nos permitan vivir más, de manera saludable, económica y comunitariamente responsables”.

Parece que la cosa es una buena idea, no creen? Lo sería si no fuese por la máxima que se “esconde” tras la altisonancia de los conceptos “científicos” y la buena voluntad de sus formuladores:

“Se deben diseñar prohibiciones o incentivos para facilitar las decisiones individuales y proporcionar alivio mental”

Tómese unos segundos de tiempo – no pretendo sobrecargar sus neuronas – y medite brevemente sobre esa frase…. y lo que significa.

Usted sabe que fumar no es bueno para su salud… y sin embargo fuma. Cuando la información sobre los perjuicios del tabaco deja de ser “eficiente” (deja de influenciar nuestra decisión ‘fumo/no fumo’), las autoridades sanitarias hacen uso del poder del estado para implementar un proceso de nudging: crear un ambiente que facilite la decisión de no fumar mediante la prohibición en el mayor número posible de espacios y tiempos. Les recuerdo que el de “fumar” es tan sólo un ejemplo. Piensen en “consumir energía”, “transitar en coche”, “votar en unas elecciones”, “admitir ciertos tipos de comida y rechazar otros”, ….

Reconozcámoslo: la cosa funciona. Las ambiciones de los estatistas a la hora de controlar nuestra toma de decisiones se van haciendo realidad poco apoco, inexorablemente. Ocurre que esta intervención en el proceso natural de tomar una decisión racional (consciente o inconscientemente) tiene, como todas las intervenciones, sus lados desagradables.

cerebro-ejercicioCualquier decisión compleja que debamos de tomar, convierte en más fáciles las decisiones que, en el mismo contexto, debamos adoptar después. Es posible ENTRENAR la capacidad de decisión, y cada simplificación o inhibición de ese proceso nos priva de nuevas oportunidades.
Una segunda condición para poder tomar decisiones eficientes y buenas, es conocer las propias preferencias y objetivos.

Los humanos podemos aprender a tomar decisiones racionales que sean coherentes con nuestros objetivos y valores personales. Las decisiones son racionales en el sentido de que pueden ser predichas si conocemos los objetivos y valores de quien decide. Sin embargo, los humanos aprendemos a conocer nuestras metas y valores sólo mediante la constante toma de decisiones. Cualquier decisión nos da nueva información sobre nuestras propias preferencias. Con cada decisión, concretizamos los propios objetivos y valores. Cuanto más a menudo tenga que tomar decisiones, mejor voy a hacerlo para conseguir mi “propio bien”.

Al principio siempre es estresante tomar decisiones, porque no conocemos la herramienta adecuada para reducir los datos y variables de que disponemos a aquellos que necesitamos realmente para “calcular” la utilidad esperada de la decisión tomada. Si los individuos viven en una sociedad en la que determinados valores están sobrerrepresentados por imposición de  lo politicamente, sanitariamente, energéticamente, … correcto, o en los que, sencillamente, no hay libertad de elección, el ejercicio de aprendizaje descrito unas líneas más arriba nunca podrá tener lugar o se verá seriamente limitado. Se habrá reducido el nivel de estés cognitivo de las personas, pero también su capacidad de tomar decisiones complejas.

Uno de los métodos más eficaces a largo plazo para someter a las personas en la dependencia?

Evitar que las personas tomen sus propias decisiones, les convierte en dependientes de los demás en el largo plazo.

Tomar nuestras propias decisiones es agotador. Pero tomar nuestras propias decisiones es más fácil cuanto más a menudo nos expongamos a situaciones en las que hemos de decidir. La capacidad de tomar nuestras propias decisiones nos convierte en un individuo que conoce sus valores, principios y preferencias y, por lo tanto, tiene la capacidad de procurar incluso en el largo plazo su propio bienestar.