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Una reflexión muy (políticamente) incorrecta

escrito por Miguel A.Velarde 6 mayo, 2014

Cargo públicoHoy, como de costumbre, me encontraba almorzando con algún noticiero como ruido de fondo, cuando una noticia me llamó la atención. Parece ser que ha habido un homicidio, un hombre (por cierto, marroquí, dato que dan de pasada por aquello del morbo, pero sin querer incidir en las estadísticas, para no atacar el dogma políticamente correcto según el cual la “violencia machista” no entiende de situaciones sociales, económicas ni culturales, porque todos los hombres somos malos, malos, y unos asesinos en potencia) ha matado a su mujer y luego se ha suicidado.

Pero no es el crimen en sí lo que me hizo escuchar la noticia con incredulidad, sino el rostro cómicamente apenado y los gestos sobreactuados de alguien a la que presentaron como la responsable de servicios sociales de la comunidad autónoma. Esta señora afirmaba firmemente (o eso esperaba parecer) ante las cámaras que pensaba investigar a fondo qué falló en este caso, porque al parecer, la víctima estaba protegida por una orden de alejamiento.

Me parece por su parte un ejercicio absurdo, por cuanto cualquiera que haya tenido alguna relación con el Derecho Penal le puede explicar cuál ha sido el fallo. Sin querer ser más listo que esta señora, que sin duda ostenta su cargo por sus muchas cualidades (entre las que lamento decir que no se encuentra la interpretación), sí que podría ofrecer alguna pista sobre el particular.

Para empezar, habría que explicar qué es eso de una orden de alejamiento. Pues básicamente consiste en que un juez, ya sea como medida cautelar (antes del juicio) o como parte de la condena, ordena a una persona que durante un tiempo (seis meses, un año, dos…) no se acerque a otra a menos de una distancia determinada, y que se abstenga de cualquier tipo de intento de comunicación.

Y ya está.

¿Y qué pasa si el malvado incumple esa orden? Pues que estaría cometiendo un delito de quebrantamiento de condena, del artículo 468.2 del Código Penal, por el que podrían condenarle a una pena de entre seis meses a un año de prisión.

Está claro que la medida de alejamiento puede tener su eficacia cuando se impone a personas de escasa o nula peligrosidad, sin riesgo de que vayan a cometer más delitos. Ciudadanos que cometieron cierto error en sus vidas (como pelearse con un vecino) pero que no piensan repetirlo. Sin embargo, para alguien dispuesto a matar y que asume la posibilidad de sufrir una condena por homicidio o asesinato, la amenaza de seis mese de prisión quizás no le acobarde demasiado.

Por ello, la medida de alejamiento tiene eficacia en esos casos en los que no es necesaria.

Pero quizás me digan ustedes: no, lo que pasa es que cuando recae sobre alguien una medida de seguridad o condena de este tipo, seguramente existen unos procedimientos especiales para hacerlas cumplir. No puede ser que toda la parafernalia mediática con la que llevan años bombardeándonos, todo eso de la protección especial de las víctimas, sea sólo fachada.

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No, este tipo no va a aparecer milagrosamente para salvar a nadie.

Pues déjenme que les explique cuál es el infalible mecanismo que nuestra indignada responsable de asuntos sociales pretende investigar, para descubrir qué falló.

Imagine que usted es una persona protegida por una orden de alejamiento contra un malvado, y que ese tipejo aparece en la puerta de su domicilio con un machete en la mano. En ese momento, automáticamente, desde las Administraciones competentes comienza el siguiente procedimiento:

 

1.- ……

2.- …… Ejem…

…..

 

Pongamos los pies en la tierra. En ese momento, sea usted una víctima protegida o el campeón mundial de los pesos pesados, su vida está exclusivamente en sus manos.

Puede tener suerte y que de la casualidad que cerca pase una patrulla de policía. Y de que pueda pedirles auxilio. En ese caso, procederán al arresto del infractor de la medida de alejamiento. Puede ser que vecinos o demás personas acudan en su ayuda. Pueden suceder infinidad de variables, pero ninguna Adminstración ni poder público va a aparecer tan oportuno como Batman, para frustrar los planes del criminal.

Luego, sí. Usted, víctima protegida, si todo resultó ser un susto o un asunto menor, puede acudir a la policía o al juzgado de guardia, denunciar los hechos y el violador de la orden de alejamiento será imputado por el delito de quebrantamiento. Ahí sí que se pone en marcha la (lenta y desesperante) Administración de Justicia, pero no automáticamente. Hay que darle un empujoncito. Es usted quien tiene que darle a la manivela para que se ponga en marcha.

Pero es obvio que si el que infringe la orden de alejamiento lo hace con intención de hacer auténtico daño, usted, al igual que yo, y que cualquier otro ser humano, estamos solos, sin más ayuda que nuestros propios recursos y la buena fe (y valor) de quienes nos rodean.

Quizás la responsable de los servicios sociales, sus jefes y quienes los publicitan, sí que deberían investigar bien estos hechos. Quizás, y sólo quizás, lleguen a la conclusión que los que fallaron fueron ellos. No porque realmente pudieran hacer mucho más en éste caso concreto, sino en general, por engañar a las víctimas potenciales de estos asesinatos. Por hacerles confiarse en una falsa y letal seguridad. Por convencerlas de que no pasaba nada, que estaban ellos allí para protegerlas en todo momento, cuando saben que es una mentira; y que además es imposible, porque no hay medios materiales ni humanos para poner un guardaespaldas a cuidar de cada ciudadano, ni un policía en cada esquina.

Grupo de ayudaYo pago mis impuestos, y a cambio exijo cierto nivel de seguridad, pero soy consciente de que sólo es posible hasta cierto punto. Más allá de él me tengo que cuidar por mi cuenta, y con el apoyo de mis amigos y familia. Puede que no esté de más explicarle eso a quienes son víctimas de una situación criminal. Y además enseñarles a defenderse. La verdad puede dar miedo (y quitar votos) pero también puede salvar vidas.