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El mito de la libertad en la cultura.

escrito por Antonio Vegas 14 marzo, 2014

Existen numerosas teorías políticas y sociológicas que vienen a defender que la libertad individual no es más que una deriva cultural que determinados pueblos han escogido entre las numerosas formas que los seres humanos tienen de establecer sus lazos sociales. Unas sociedades son colectivistas y otras son individualistas, sin más. Simplemente es un aspecto cultural, un reflejo de la cultura de la sociedad en cuestión, una forma legítima vivir en sociedad como tantas otras que puedan existir.

Esta es la tesis que defiende, por ejemplo, Alejandro Cao de Benos, un catalán que forma parte del gobierno de Corea del Norte, conocido en todo el mundo como uno de los países con el gobierno más autoritario del mundo. Alejandro, que conoce bien las dos sociedades, señala que simplemente en España la gente tiene una visión individualista donde todo el mundo se preocupa por sí mismo y establece sus fines individuales, mientras que la cosmogonía coreana consiste en ver la sociedad como un conjunto al cual el individuo pertenece de forma indisociable. Como él resume: en Corea la gente ve el país como una gran familia.

Otro de los defensores del mito al que hacemos referencia es Luis Torras, autor de El despertar de China, que en las páginas 90 y 91 de su libro expone lo siguiente:

El eje principal sobre el que se desarrolla el confucionismo es la armonía. El cosmos se observa como un todo armónico y en equilibro con un orden natural propio. (…) En estos países la realización del hombre se valora en la medida en que éste ocupa y desempeña un papel positivo dentro de la colectividad, buscando la aprobación del colectivo más que en los deseos y en la libertad del individuo, como es típico en las sociedades occidentales. (…) El Estado es visto como una gran familia que configura un complejo sistema en el que el orden y la jerarquía desempeñan un papel fundamental para el buen funcionamiento del conjunto. (…) Esta especial atención a lo colectivo, es decir, a la idea de que el hombre ha de estar integrado de forma armoniosa en el conjunto, es la diferencia más sustancial entre los valores confucianos y los de tradicion judeo-cristiana que se apoyan en mayor medida sobre el individuo. (…) De esta forma, la preferencias individuales quedan subordinadas a la voluntad del conjunto.

Luis Torras, El despertar de China (pags. 90-91)

Con este artículo quiero hacer ver que este tipo de cuestiones son falaces y no son más que entelequias que sirven para justificar regímenes contrarios a la libertad. A continuación enumeraré las razones por las que una sociedad basada en la libertad individual está basada en la naturaleza humana que una sociedad basada en el colectivismo. No hace falta que analicemos argumentos biológicos muy complejos, sino simplemente de sentido común que todo el mundo puede entender por el hecho de ser un ser humano.

Como todo el mundo sabe, la mente humana es limitada. Uno solo puede conocer un cierto número de cosas que le son familiares, propias o cercanas. Cuanto más cercanas y más trato tenga una persona con las cosas más las conocerá. Así, numerosos expertos psicólogos han llegado a afirmar que existe un límite en el número de amigos que podemos tener, y que más allá de este número, nuestro cerebro no podrá controlar más relaciones de amistad. De ahí que el que mejor se conozca, salvo en caso de problemas cognitivos, sea uno mismo por varias razones: con quien pasamos la mayor parte de nuestro tiempo es con nosotros mismos; existen determinadas ideas, sentimientos o sensaciones que no pueden transmitirse a otras personas pues la naturaleza de las mismas es tácita e intransferible, por lo que la mejor comunicación que puede establecerse es la que se produce en el interior del propio individuo.

Por supuesto, no estoy defendiendo que uno deba encerrarse en sí mismo y olvidarse de los demás. Todo lo contrario. Los seres humanos son animales sociales y un individuo está incompleto si no tiene cercanía con otros, con los que compartir ideas, experiencias, sentimientos, mercancías, etc. Lo único que estoy diciendo es que, por naturaleza biológica, no podemos conocer a todo el mundo y que la mejor comunicación que puede producirse es la que se establece con uno mismo.

Asimismo, es legítimo que el que gobierne o maneje algo sea aquel que tiene más información sobre lo que va a manejar. Por ejemplo, va a manejar mucho mejor una aeronave un oficial con 80.000 horas de vuelo que otro con 30 horas. Por tanto, y como consecuencia de todo lo argumentado, el que mejor se gobierna a sí mismo, salvo problemas cognitivos, es el propio individuo puesto que es el que tiene más información sobre su persona. Así, una sociedad basada en la libertad individual tendrá unas relaciones sociales mucho más satisfactorias que una sociedad basada en el colectivismo.

Por otro lado, el ser humano es el único ser vivo (a la espera de una demostración en contrario) que tiene autoconsciencia. Es decir, es el único que puede reconocerse y que tiene la facultad de percibir que es un ser único y puede diferenciarse con respecto a los demás. Según los neurocientíficos, esta es una característica muy compleja que se produce gracias al elevado número de neuronas y conexiones que el cerebro humano es capaz de albergar. Este hecho hace que cada uno tenga sus propios deseos, preferencias, fines, objetivos, etc. Y por ello su acción individual va a orientarse en función de ellos. Unos querrán beber cocacola, otros agua, otros querrán casarse con una determinada mujer, otros querrán vivir en determinado lugar. No existe un cerebro colectivo que piense por todos.

No es cierto que exista un orden colectivo en función del cual el individuo es tan sólo una pieza de la maquinaria social. La sociedad brota del individuo y no el individuo brota de la sociedad.

colectivismo

De hecho, si fuera cierto que determinadas sociedades se organizaran mejor mediante el colectivismo, tales sociedades serían ricas y los individuos que la integran inmensamente felices. Sin embargo, en las sociedades colectivistas de todo el globo, los individuos no consiguen medrar, más bien todo lo contrario. Los individuos reciben las consecuencias en su vida las decisiones que otros toman (sin conocimiento profundo de ellos) por ellos, no aportándoles una satisfacción plena. Los individuos, al verse obligados a trabajar en trabajos no deseados, pierden el interés. Los individuos al ver sus frutos del trabajo repartidos a otros seres que no conocen, y que por tanto no pueden alegrarse por ello, pierden sus incentivos. Así la productividad total de la economía va retrocediendo.

Ahora bien, aunque antropológicamente la libertad individual sea la forma política más adecuada al ser humano, es cierto que existen multitud de regímenes políticos en el mundo y que ciertas sociedades tienen más tradición liberal que otras. Pero esto no es un argumento que nos permita afirmar que hay ciertas sociedades donde la forma adecuada de organizar sus lazos sociales sea el colectivismo. Simplemente, los individuos de determinadas sociedades están más acostumbrados al colectivismo que los individuos de otras, pues lo han sufrido durante un mayor número de años. Pero en cuanto entran en contacto con otras sociedades rápidamente se adaptan y terminan prefiriendo vivir en sociedades más libres.

En definitiva, la libertad no se halla en la cultura de los pueblos, sino en la naturaleza de los seres humanos.