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Tira tu futuro: Quédate en España y lucha

escrito por Burrhus el elefante neocon 24 febrero, 2014

Aún estoy sobrecogido por las reacciones que ha tenido mi artículo sobre el anuncio de Campofrío. Nunca esperé que mis palabras pudiesen conectar con tanta gente. Sólo puedo dar las gracias a todos los comentaristas y otras personas que han le han dado difusión.

Entre los comentaristas había de todo. Emigrantes que comparten mi opinión, gente que sigue en España y que no la comparte. Eso es normal. Pero me ha llamado poderosamente la atención la de un grupo de personas que, en sus propias palabras, “se quedarán y lucharán por sus derechos” para que dentro de 20 años haya una España mejor. Esta idea me parece terriblemente equivocada y hasta peligrosa para las personas que la defienden.

Antes de nada, me parece importante resaltar algo para los adolescentes que puedan estar perdidos y busquen la verdad en las peligrosas mareas de internet: Yo no soy quién para juzgar a nadie por quedarse o emigrar. Esta decisión es estrictamente personal, y depende de muchos factores que no entraré a valorar. Sin embargo, sí me preocupa que esta decisión se justifique con argumentos equivocados.

Básicamente, y si no he malinterpretado estos comentarios y en otros foros, quienes se queden, lucharán (entendido como algo no violento, sino pacífico y democrático) para que las condiciones de España mejoren. Pero, al plantearlo, lo hacen de forma que quienes hemos emigrado no pudiésemos aportar cosas que mejoren a España. Esta idea es falsa. Me gustaría tener la oportunidad de explicarme, en primer lugar describiendo los problemas que, en mi opinión, tiene España, y luego describiendo cómo pueden llegar las soluciones.

El mayor drama social de España es el paro, los seis millones de personas que quieren trabajar en España y no pueden. Este es el dato obvio. Presupongo que no queremos llegar a conclusiones de tipo Pablo Iglesias que agravarían aún más los problemas, de modo que la pregunta es: ¿Cuáles son las causas de que España tenga seis millones de parados y cómo podemos arreglarlos? Intentemos verlo problema a problema.

La deuda. La deuda del Estado, la familia y las empresas superó en el segundo trimestre de 2013 los 3,30 millones de euros (vía).

– Deuda pública. Superior al billón de euros. Algunos datos a tener en cuenta son:

– Deuda pública per cápita: + 21.500 euros por persona.

– Deuda pública por familia: + 56.700 euros por familia.

A esto debemos añadir que la deuda privada de los hogares españoles era el 79,9% del PIB en junio de este año, y que la deuda de las empresas supone el 128,3% del PIB. Pueden seguir leyendo y horrorizándose aquí.

Soluciones:

Para resolver el problema de la deuda privada, ya estemos hablando de nosotros mismos o de nuestros familiares, debemos intentar maximizar nuestros ingresos y minimizar los gastos en la medida de lo posible. Para eso, resulta, primero, tener una buena formación, y luego trabajar, preferiblemente allá donde se gane más dinero y en aquello para lo que nos hayamos formado. Pues bien: pensando en el largo plazo (ese que nos dice que España no alcanzará un 10% de paro de aquí a 10, 15 o 20 años), y salvo en determinadas profesiones, es más fácil lograr el objetivo de trabajar en una profesión bien remunerada fuera que en España, aunque para ello haya que dominar previamente el idioma. No sólo se gana económicamente, también se gana experiencia en una economía competitiva y un nuevo idioma, elementos muy útiles si algún día se quiere volver el día de mañana.

La reducción de la deuda pública depende de muchos otros factores. El primero, que el Estado se decida definitivamente por bajar el gasto público. Teniendo en cuenta que se habla de “brutales recortes” que el Estado tenga un déficit del 7%, no parece que la gente esté muy por la labor. Lo malo es que, si uno se va, el Estado deja de recaudar impuestos. La buena es que, teniendo en cuenta que la tasa de paro juvenil supera el 60%, los jóvenes suponen más gastos que ingresos para el Estado. Es decir, no tiene mucho sentido quedarse y “luchar” por un Estado en el que tienes menos probabilidades de contribuir que lanzando una moneda al aire y que te salga cara. Por el contrario, dejando de ser un gasto sí se contribuye a la reducción de la deuda pública (el Estado se gastaría en ti 0 euros).

– El Tribunal Constitucional. A día de hoy, el Tribunal Constitucional es un chiringuito que se reparten entre los partidos políticos. Mientras en Alemania el Tribunal Constitucional es la institución pública más valorada, en España no deja de ser un circo de tres pistas del que a duras penas te puedes fiar bajo el amparo del Título IX de la Constitución.

Su problema fundamental es que todo el mundo sospecha que sus decisiones no están basadas en si las leyes sobre las que dictan sentencia se basan en su concordancia con la Constitución, sino en su ideología y, sobre todo, en el partido que les ha puesto en el cargo. Así, por ejemplo, mientras en Alemania la gente habría aceptado la Sentencia del Estatuto de Cataluña y, de lo contrario, Alemania expulsa a Cataluña, en España se acepta o se rechaza el Estatuto catalán en función de la conveniencia política.

Reformar la composición y funcionamiento del Tribunal Constitucional supone reformar tanto la Constitución como Leyes Orgánicas. Y esto depende de que a los partidos políticos les dé la gana hacerlo. ¿Les da la gana? No parece que esta idea se refleje siquiera en el programa de los partidos políticos.

Solución. Como salir a la calle y berrear no funciona (estamos hablando de un coto privado de los políticos), lo ideal sería formar un partido político que recogiera esta idea. Para ello, se requiere estar en España, pero no así para apoyarlo, hacer donaciones voluntarias o votarlo desde el exterior.

– La legislación laboral. Hasta hace aproximadamente cuatro días, la legislación del mercado laboral era el coto privado de patronal y sindicatos: Eran ellos los que hacían las leyes, y el Estado quien adoptaba lo que ellos proponían. Durante esta crisis patronal y sindicatos no han hecho nada útil, de modo que ha sido este Gobierno quien ha tomado por su cuenta y riesgo las decisiones. En cualquier caso, una decisión consensuada o unilateral no sirve de nada si no aciertan respecto al problema de verdad.

Soluciones: Protestar por protestar y seguir ciegamente lo que digan los sindicatos no sirve de nada. Uno tiene que: primero, conocer la legislación; y segundo, cuáles son las consecuencias de la legislación. Esto a día de hoy no se da principalmente porque la mayoría de los ciudadanos no tienen formación jurídica y económica. Sin embargo, cuando uno tiene esta formación sí puede hacer un análisis exhaustivo, descubrir problemas y ofrecer soluciones. Tanto en España como en el extranjero: Todo está en internet.

– El mercado energético. Hablamos de un mercado hiperregulado, diseñado para favorecer los intereses de un oligopolio, y en el que el Estado fija los tipos y las cantidades de energía a consumir. Pueden leer este extenso pero didáctico artículo al respecto.

En un principio, lo que se necesitan son cambios legales para, ya a medio o largo plazo, tengamos un sistema energético que realmente funcionara. Pero hay dos formas más de contribuir a la mejora del sistema energético: mejorar en las formas de generación, transporte, almacenamiento y consumo de la energía. Es decir, tener ideas e investigar. Estas ideas y esta investigación se pueden tener y hacer tanto en España como fuera de España. No obstante, las inversiones en I+D+i son superiores fuera de España, ya estemos hablando del Estado o del sector privado. Una vez descubierto y producido en masa, el producto puede llegar a España.

– La burocracia. Me remito a este artículo del Blog Salmón sobre algunas de las dificultades que algunos científicos y empresarios españoles han encontrado a la hora de desempeñar lo que quieren hacer.

Solución. De nuevo, nos centramos en la voluntad de los políticos para resolver problemas generados por ellos. Además a apoyar a partidos que apoyen verdaderas simplificaciones administrativas, es necesario tener ideas que consigan simplificar los procesos de la Administración. Pues bien: para encontrar una solución, basta con conocer las leyes y seguir diariamente la web del Boletín Oficial del Estado. Hacer esto es perfectamente plausible para cualquier estudiante de Derecho.

– El reparto de competencias entre Administraciones. Por si ya teníamos poco con la dualidad de funciones entre las diferentes Administraciones Públicas, ahora tenemos que ver en qué acaba la iniciativa independentista de Cataluña. No le diré a cada uno lo que tiene que defender, pero que aquí se van a perder tiempo y recursos, délo por descontado.

Solución. Otro chiringuito de los políticos. Rece para que se pongan de acuerdo con el que no se produzcan duplicidades en las administraciones públicas. Un buen método para demostrar esa ineficacia es recopilando casos de duplicidad. Para esto, puede ser mejor estar en España. Sigo esperando un programa especial de Jordi Evolé al respecto.

– Los impuestos y gastos. Somos uno de los países que más impuestos tiene (a la altura de Suecia) y que menos recauda. La inexorable curva de Laffer. Dado que ya hemos subido los impuestos casi todo lo posible (digo “casi” porque la imaginación de Montoro para desangrar los bolsillos del contribuyente es inagotable), es muy probable que deban reducirse los gastos (mucho más de lo poco que se ha hecho hasta ahora). ¿Qué habría que recortar? ¿Y por qué?

Soluciones. Las estrictas medidas de gasto público son competencia de las diferentes Administraciones estatales, y más concretamente de sus gobiernos. Las diferentes Administraciones públicas deberían redirigir las prioridades, si es que las debe tener. Para eso basta con hacer un seguimiento de los diferentes Boletines Oficiales (que tienen página web), tener claras cuáles son las prioridades (empezando por respetar la seguridad jurídica y los contratos vigentes), ver lo que se sale de ahí y difundirlo a los cuatro vientos.

– La lentitud de la justicia. ¿Qué necesitamos para que la justicia funcione más rápido? ¿Más medios? ¿Más jueces? ¿Alterar y simplificar los procedimientos?

Soluciones: Respecto de los medios, se supone que nos referimos a más ordenadores y una mejor relación transferencia de datos, ya sea entre juzgados, sea entre Administraciones Públicas y juzgados. Para ello, deben modificarse unos cuantos reglamentos (responsabilidad del Ministerio del ramo). Si necesitamos más jueces, basta con que se aumente el número de plazas para ser juez, algo que depende del Ministerio de Justicia. Otra posibilidad sería facilitar las opciones mediante las que la iniciativa privada, de modo que el arbitraje privado pudiera absorber parte de las demandas interpuestas en la pública (lo no relativo a delitos y faltas, por ejemplo). Son problemas de dinero (Administración del Estado) y de nueva legislación (que depende de políticos). Estar en España o en el extranjero no tiene mucha influencia.

– La Educación. Resulta que la educación universal, gratuita y de calidad española está a la cola de la OCDE según los informes PISA. ¿Cómo lo hacemos? ¿Gastamos más dinero, cuando no lo hay? ¿Mejoramos al profesorado con dinero que no tenemos? ¿Utilizamos nuevas tecnologías? ¿Empleamos nuevos métodos de enseñanza? ¿Enseñamos la lengua que más ciudadanos tienen como nativa, que es el alemán? ¿Cambiamos la norma para que quienes suspendan dos asignaturas repitan curso? ¿Existe alguna forma de mejorar la formación de los universitarios? ¿Sería deseable aumentar el tiempo de prácticas en las empresas? ¿Cómo se puede acabar con la endogamia en la Universidad?

Soluciones: Resulta cuanto menos curioso que en un país donde una de las carreras más masificadas sea la de Magisterio se obtengan unos resultados tan bajos. Para que luego digan que el sistema de oposiciones en España pone a los mejores candidatos para sus puestos. Polonia, un país que puede tener el tercio del salario mínimo de España y cuyos profesores pueden cobrar la mitad que en España, nos barre en los informes PISA. ¿Por qué? Y de Finlandia mejor no hablamos. Aquí tienen la relación entre inversión y resultados.

Pero, más allá de la elección del profesorado, existen otros factores decisivos en la enseñanza, tales como los métodos y metodologías de enseñanza y de estudio. Y esto se puede investigar, aprender y aplicar tanto en España como fuera de España, de modo que la emigración no tiene porqué ser perjudicial, sino más bien positiva.

Por otro lado, nuestra formación en inglés es lamentable. Recientemente se ha criticado al Ministro de Educación, José Ignacio Wert, por subir los criterios de exigencia de idiomas para obtener una beca Erasmus (hasta un nivel B2). Lo que deberíamos preguntarnos es: ¿Por qué del instituto no se sale con un nivel B2 de inglés oficial? Porque con nuestro nivel “medio-alto” de idiomas, nivel que en la vida real no pasa de estar entre un nivel A2 y un B1, no nos da ni para pipas. Bueno, pues para fortalecer nuestra competencia idiomática, nos guste o no, hay que emigrar y tirarse al menos tres años aprendiendo el idioma.

Respecto de las repeticiones, tal vez deberíamos cuestionar los motivos por los que un estudiante debe repetir curso. Y, lo siento mucho, pero las razones que se dan actualmente para que no se repita son muy malas. En cualquier caso, las consecuencias de mantener a alumnos repetidores recibiendo unas clases que no quieren y de permitir pasar cursos a quien no lo merece, las padecen tanto los alumnos como los profesores. Puede que los alumnos no sean conscientes de lo que pierden, pero pregunten a los profesores. Este problema se resuelve a través de la ley y preguntando a los profesores, la emigración tampoco influye.

Y, finalmente, la Universidad. Yo he sido toda mi vida un estudiante mediocre, pero sí sé algo de organizaciones. Y sé que las organizaciones que toman decisiones en base al chanchullo y al amiguismo obtienen peores resultados que aquellas que funcionan en base a la meritocracia.

La Universidad española se rige en la inmensa mayoría de casos por el amiguismo. En muchos casos quien ocupa los puestos no es el mejor, sino el señalado con un expediente académico aceptable. Y va a seguir así. La única opción que tiene el talento español, sus becarios y profesores, es marcharse a lugares donde sí se rijan por esos criterios. Es decir, la emigración es necesaria.

– La Sanidad. ¿Cuánto nos cuesta? ¿Cómo podemos mejorar la salud de las personas? ¿Aumentando el número de médicos? ¿Mejorando su formación? ¿Creando nuevas técnicas de diagnóstico y cirugía? ¿Mejores medicamentos, y más baratos? ¿Cómo podemos investigar más?

Soluciones: Todo lo relativo a médicos, hospitales, sanidad y medicinas es cuestión de precios. Hay pocos médicos, y por tanto son más caros sus servicios (o emigran para ganar más) porque hay un montón de barreras de entrada (empezando por el acceso a su estudio, siguiendo por el MIR y acabando por las dificultades de ejercer de médicos extranjeros). Y también tiene una gran influencia la posibilidad de investigar para realizar los hallazgos necesarios que permitan encontrar productos mejores y más baratos. En realidad, la sanidad no es un derecho. La sanidad es un precio.

Ejercer la medicina e investigar son dos cosas que se hacen más y mejor en cualquier lugar a en España. Facilitar la entrada de nuevos médicos es algo que puede hacerse desde la ley, por muy reticente que sea el gremio.

– Los partidos políticos. ¿No nos gustan los partidos políticos? ¿Se quiere cambiar al partido político desde dentro? ¿O crear su propio partido? ¿Una reforma electoral?

Soluciones: Esto es muy sencillo: Si no le gusta un partido político, no lo vote. Y ya no tiene la excusa de “tirar el voto”. A día de hoy, tiene alternativas en la socialdemocracia de izquierda y derechas para echar a patadas a los partidos mayoritarios: Si no le gustan el PP y el PSOE, vote a UPyD o a VOX. Y si quiere una alternativa a Izquierda Unida, vote a Equo. Si sigue votando lo que hay, es por que quiere. Lo único que necesita es un voto. Y, si emigra, por correo.

Y si quiere participar de los partidos mayoritarios actualmente, puede intentar cambiar su partido político desde dentro, como está intentando la gente de “Socialismo es libertad”. Por cierto, que en esta iniciativa está participando el señor Roger Senserrich, actualmente residente en Estados Unidos. Basta con tener ideas y estar en contacto con gente interesada en cambiar las cosas.

Sobre la reforma electoral, más de lo mismo: cambie las leyes. Ah, no, que eso lo hacen sus señorías los políticos…

– La patronal y los sindicatos. ¿Creemos que la patronal y los sindicatos son instituciones corruptas, incompetentes, desfasadas y/o que no defienden el papel del empresario y los “derechos de los trabajadores”? ¿Habría que cambiar el papel que tienen estos agentes sociales en la creación de la legislación laboral?

Soluciones: Las soluciones pasan por eliminar las subvenciones a la patronal y a los sindicatos (ni su existencia ni sus servicios lo justifican), cambiar a los miembros de la patronal y sindicatos existentes, cambiarles existente desde dentro o formar unos nuevos “interlocutores sociales”. Para las dos últimas no resulta un problema estar en España o en el extranjero, basta con aportar ideas. Para las subvenciones, hay que cambiar la ley.

Mucho más importante resulta que la patronal y los sindicatos dejen de meter sus zarpas en prácticamente todo lo referido a la legislación laboral. La idea de que sean patronal y sindicatos los que hagan la legislación laboral ha fracasado miserablemente porque estas organizaciones no representan ni llegan a entender a los ciudadanos a los que afirman representar. Renunciar a sus “servicios legislativos” depende única y exclusivamente del legislador.

– Creación de empresas y empleo. España necesita urgentemente más empresas. Son ellas las que crean empleo.

Soluciones:

Para que haya más empresas debe haber inversiones, es decir, grandes cantidades de ahorro, que pueden proceder de españoles o de fuera. Asimismo, necesita gente con experiencia capaz de mantenerlas. Y en España, lamentablemente, resulta muy difícil. Huelga decir que eliminar las plausibles excusas que puedan poner las diferentes Administraciones Públicas a la creación de nuevas empresas y a su expansión depende únicamente de los responsables últimos de la Administración: los legisladores. En España estamos en la posición 142 (de 189) a la hora de facilidades para montar negocios (y hay gente como Benito Arrunada que afina todavía más en los problemas). Primero, hay que detectar los problemas . Luego, rezar para que los políticos apliquen las soluciones oportunas.

Pero no es sólo una cuestión legal: También es muy importante la formación y la experiencia de quienes quieran montar una empresa. Y, en España, las posibilidades de obtener experiencia en aquello para lo que se ha formado, así como la formación en idiomas, son muy reducidas. Irse de España abre más posibilidades.

– El Gobierno. Este es el meollo de la cuestión. ¿De qué Gobierno estamos hablando? ¿Del Gobierno de Andalucía, que tras 32 años han logrado conseguir la mayor tasa de paro de Europa? ¿Del PP de Valencia, que puede haber creado la mayor trama de corrupción de España? ¿Del Gobierno de Rajoy, por no ser lo suficientemente agresivo a la hora de adoptar medidas que corrijan la crisis? ¿No le gusta lo que hay? ¿Quiere cambiarlo?

Soluciones: Por mucho que digan, sólo hay una solución. Votar. Echar a unos incompetentes para que llegue otro partido. Y si no le gusta cómo funciona ese partido, se vota a otro. Y si tampoco funciona, a un tercero. Todo en función de los resultados como gestores. Existen alternativas a los partidos políticos gobernantes, incluso dentro de la misma corriente ideológica. Pero para eso, debe olvidarse de su sectarismo idiota y votar. ¿Se puede votar en el extranjero? Por supuesto. Va usted al consulado o embajada correspondiente y allí se lo arreglan todo.

Esta es mi pequeña lista de problemas que tiene España a día de hoy. Mucho, ¿verdad? No pretendo dar la solución exacta a los problemas, algo que nadie realmente sabe. Pero creo que una vez estudiados, en muchos casos emigrar es la mejor solución, y en casi ningún caso una traba para lograr los cambios necesarios. Sobre todo, porque los cambios dependen de la voluntad del que manda. ¿Merece la pena sacrificar el futuro de los jóvenes por esta visión romántica?

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