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Goya, Disparates-14

La guerra de las etiquetas. “Tú no eres liberal”

escrito por Luis I. Gómez 19 enero, 2014

Me dicen que España es un país en el que la democracia se ha consolidado y la vida política normalizado, proporcionando a los españoles paz, prosperidad y una mayor calidad en todos los aspectos de su convivencia.

Goya, Caprichos-24

En la España de hoy, decir que eres conservador es poco menos que un suicidio social.

Evidentemente eso no es aplicable en su caso, si  lo que defiende son posiciones políticas conservadoras, convirtiéndose automáticamente en un fascista peligroso, neofranquista involucionista y antidemócrata de pro. Decenios de educación escolar y mediática en el apartheid político han convertido a la mitad de los españoles en los verdaderos depositarios de los valores democráticos y la otra mitad en conservadores clandestinos y subversivos. No me extraña entonces que en  los últimos años –es cuestión de supervivencia- hayan surgido los centristas de derechas,  los “populares”, los centristas a secas, los democristianos, los “liberales”, ….

En la España de hoy, decir que eres conservador es poco menos que un suicidio social. Nadie quiere ir de vinos con un facha, un homófobo, un machista, un meapilas, un neofranquista. Nadie quiere compartir mesa de despacho cn alguien así. Terrible. El conservador calla, esconde su verdaderos principios en público, miente muchas veces para no ser objeto de burla y, en algunos casos, despiadada exposición pública. Amparados en los silencios y las mentiras hemos generado un ambiente artificial de convivencia, hilado tan precariamente en nuestras contradicciones y fobias que puede reventar en cualquier momento. Sólo desde esta precariedad y artificialidad de nuestras “convicciones democráticas” son comprensibles los 15M, la normalización de la corrupción en la vida política, el prebendismo y los manifestantes en Burgos.

No sólo nos autoengañamos. No hemos entendido nada. No hemos entendido lo que es vivir en libertad. No hemos entendido lo que significa responsabilidad.  No hemos entendido que no se trata de imponer a los demás los valores en los que yo creo, se trata de que cada uno pueda vivir feliz –y defender, promocionar, publicitar-  sus propios valores y creeencias sin entrar en conflicto con las de los demás.

El resultado es que hemos condenado al 50% de nuestros paisanos a buscar etiquetas aceptables para su sistema de valores. Etiquetas que no lo asocien inmediatamente con esa noción de conservadurismo que, como decía antes, llevamos decenios asociando a todo lo que despreciamos, no porque sea cierto: nos lo han enseñado así. ¿No me creen? Responda (no en voz alta, no es necesario) a la siguiente cuestión:

¿Usted iría por ahí pregonando que la familia tradicionales el núcleo de nuestra sociedad y el estado debe hacer todo lo posible por defenderla y fomentarla? ¿Y qué le llaman entonces? Exacto, usted es un “facha”.

Ningún (muy pocos) conservador sale a la calle pregonando lo que realmente cree, o diciendo, si le preguntan, que es conservador. Dirá que es popular, centrista, tradicional (ojo, no tradicionalista) … “liberal”. Hemos pervertido los términos en un acto de defensa propia. Justificable, tal vez, pero en ningún caso aceptable como regla. Y ahí empieza la guerra de las etiquetas.

Por eso no voy a entrar en ella. Más de un lector estará ahora decepcionado. No importa.

Mas allá de las definiciones seráficas, alegres o cripto-alegres de liberalismo estamos las personas. Usted y yo. Condenados a convivir, a comerciar, a intercambiar. Existen decenas de teorías políticas que pretenden definir los mejores parámetros posibles para facilitar esa convivencia. Nunca nos pondremos de acuerdo, excepto si nos someten al efecto permanente de alguna droga. Ello es así porque, a pesar de las elucubraciones de los ingenieros sociales de todos los colores, somos individuos. Todos diferentes. Y ahí es dónde yo busco y encuentro (para mí) el famoso algodón de la prueba: quien está convencido de que su ideario político es el mejor y ha de imponerse, por la fuerza si fuese necesario, a todos los demás, quien piensa asi, repito, NO es liberal, ni ama la libertad más allá de la suya propia. Y no se trata de mi libertad, se trata de la de todos.

Nada que vaya más allá de la defensa de la vida, la propiedad de las personas y los contratos entre personas  debe ser  objeto de la acción  de un aparato estatal (común). El estado somos nosotros. Los soberanos somos nostros, cada uno de nosotros. Las sociedades no piensan, no sienten, no hablan, no votan, no producen, no consumen. Usted es el que piensa, siente, habla, vota, produce y consume.

Si usted es socialdemócrata no tiene mayores problemas. Está del lado de los “buenos”. Disfrute mientras dure. Si usted es conservador, pierda el miedo: las suyas son ideas tan legítimas como las del socialdemócrata.

Pero por favor, si cree que debe imponer su socialdemocracia o su conservadurismo o su liberalismo a todos los demás, recapacite sobre si la etiqueta que mejor le define es realmente la de liberal.