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Créanme: viajar la vida siempre merece la pena

escrito por Luis I. Gómez 26 noviembre, 2013

La estación de Maguncia me recibió con un abrazo frío y poca luz. Noviembre no es un buen mes para comenzar una nueva vida lejos de casa, me decían. Pero mi decisión estaba tomada, no podía volverme atrás. No era la primera vez que tomaba una decisión a sabiendas de que mi madre creía tener una mejor alternativa.

Roland esperaba en el andén, el viaje a Giessen duraría dos horas en su maltrecho citroen rosa. En la maleta iba todo: desde los certificados de estudios hasta los de vacunación. 27 años de vida resumidos en cuatro diplomas y un poco de ropa. Mi hatillo no era grande, pero estaba lleno de ilusión y ganas de aprender.

Los primeros dos años en Alemania fueron fugaces: saltando desde la Universidad de Maguncia al laboratorio de una empresa alimentaria cerca de Frankfurt, aprendiendo y enseñando. Un buen día, tomando unas cervezas, decidí que estaba cansado de hacer como que entendía lo que hablaban aquellos germanos y germanas de buena planta. Sí, se dirigían a mí en inglés, muy educados, pero entre ellos hablaban alemán, muy complicado. Yo había aprendido unas palabrejas del idioma de Goethe gracias a mis estudios en la Facultad de Teología de Santiago, pero aquellos rudimentos no servían ni para pedir una sopa en el bar de la facultad. Has de aprender este idioma, me dije. Como sea.

Cuando un año más tarde mis contratos con la Universidad y la empresa alimentaria tocaron a su fin, estaba preparado: tenía experiencia profesional y hablaba un alemán aceptable. Los libros de primaria que mis condescendientes amigos me habían dado al principio de mi viaje germano habían sido substituidos por aquellos autores  que siempre había querido leer (cuántas veces me lo dijo mi padre!) en la lengua en la que habían creado sus obras: Schiller, Goethe, Böll, Kant, Rilke, Nietzsche …   Todo listo para dar el siguiente paso. Pues no.

Tras un año de turista, comedor y bebedor llegó el hambre. Las manzanas que mi casera almacenaba en su sótano fueron, no pocos días, la solución a mis carencias. Friegaplatos, empacador de caramelos, músico callejero, “profesor” de español … lo que pillaba. Y salió bien. Llegó el siguiente contrato con un laboratorio franco-alemán, y me pusieron a trabajar en cosas muy raras. Pero muy interesantes. Hasta que se les acabó la paciencia y el dinero. Fué entonces cuando decidí, junto con mi familia y un buen amigo, fundar una empresa, comprar el fruto de mi trabajo y seguir la línea de investigación de los últimos años. Nace Indago GmbH.

Nos han llamado de todo en internet. Estafadores, mafiosos, charlatanes …. es lo que tiene investigar desde una empresa puramente privada … y tener que comer al mismo tiempo: has de vender lo que produces. Y claro, siempre ha de surgir alguien que cree saber mejor que tú qué es lo que estás haciendo. Y si eres un “liberal capitalista”, peor todavía.

Ya no importa:

Científicos de la Universidad de Leipzig, en Alemania, han desarrollado una nueva técnica que permite detectar a través de un análisis de sangre la presencia de pólipos precancerígenos en el colon, lo que favorecerá la detección precoz del cáncer colorrectal…

… El desarrollo de este nuevo procedimiento, bautizado como ‘Polyp Specific Polymer analysis’, ha sido liderado por el bioquímico español Luis I. Gómez y, según un estudio publicado en la revista ‘Journal of Translational Medicine’, demuestra una eficacia en la detección de pólipos de más del 72 por ciento.

Más aquí, o aquí, o acullá.

Pero lo más importante es esto:publicacion_psp

¿Y ahora? Contrastar datos, validar resultados, automatizar método, valorar errores y críticas… más trabajo. El viaje no ha terminado, ni mucho menos.

Gracias a todos los que os habeis interesado por mi trabajo más allá de este blog. Os aseguro que no vamos a parar.