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Seguimos igual con Irán

escrito por Manuel Fernández Ordoñez 18 noviembre, 2013

Hassan RouhaniA pesar de las expectativas depositadas en las negociaciones llevadas a cabo hace unos días en Ginebra sobre el affair del programa nuclear de Irán, las conclusiones son evidentes: esas negociaciones han fallado. Una vez más, y ya pasa de diez años, Irán ha desperdiciado otra oportunidad para despejar las dudas sobre las intenciones reales de su programa nuclear clandestino y tranquilizar a la comunidad internacional acerca de los puntos de fricción concernientes a las dimensiones militares de dicho programa.

Hace varios días, filtraciones procedentes de las negociaciones parecían vislumbrar un posible acuerdo y se apreciaba, ciertamente, un cambio multilateral en el ambiente. La esperanza, sin embargo, no llegó apenas al pasado sábado por la tarde. Tras múltiples reuniones las negociaciones terminaron como han terminado todos estos años, emplazándose a una nueva ronda de conversaciones cíclicas sin final aparente.

Y es que el origen de las divergencias es de fondo. Las diferencias de concepto entre los que consideran el programa nuclear iraní un derecho y otros una violación de la legalidad internacional son cada vez más palpables y no hacen más que poner de manifiesto la falta de voluntad de la república islámica por alcanzar acuerdo alguno. De hecho, son muchos los análisis y las interpretaciones cuya tesis establece que, tras esta fingida predisposición iraní a encontrar un consenso en las negociaciones, simplemente se encuentra una estrategia que persigue un doble motivo. Por un lado, conseguir una relajación en las sanciones internacionales que están asfixiando la economía persa. Por otro, ganar tiempo para seguir desarrollando su programa nuclear clandestino.

Desde el régimen iraní se argumenta, de manera continua e inmutable, que tienen el derecho a enriquecer uranio en virtud del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP). Si bienes cierto que el TNP establece una serie de derechos para los países firmantes del mismo, como Irán, establece también unas obligaciones que esos países deben cumplir de manera tajante. En virtud de esas obligaciones, Irán debería haber declarado todas sus instalaciones nucleares al Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), cosa que no hizo. Este hecho constituye de por sí una violación flagrante del TNP, aunque hubo más. Entre otras, Irán admitió que compró tecnología nuclear en el mercado negro a la red de A.Q.Khan, que también habría vendido la misma tecnología a Corea del Norte y a la Libia de Gadafi.

Por cosas como éstas y, ante las constantes negativas de Irán a colaborar con los inspectores internacionales, el OIEA trasladó el caso al Consejo de Seguridad de la ONU en el año 2006. La resolución 1696, con fecha 31 de julio de ese mismo exigía, literalmente: “que el Irán suspenda todas las actividades relacionadas con el enriquecimiento y reprocesamiento, incluidas las de investigación y desarrollo, lo que será verificado por el OIEA“. Ante el caso omiso de Irán, cinco meses después comenzaron las primeras sanciones. Han pasado siete años desde entonces y la República de Irán sigue sin cumplir con los mandatos de la ONU.

Tras el fracaso de las reuniones de la semana pasada, Rouhaní declaró que el enriquecimiento de uranio es “un derecho al que Irán no va a renunciar“. Estas declaraciones ponen claramente de manifiesto la percepción distorsionada de la realidad que el gobierno persa transmite a la opinión pública. Lo cierto es que Irán no tiene derecho a enriquecer uranio. Ese derecho le corresponde a los países firmantes del TNP que cumplen las condiciones impuestas en el mismo y están sujetos a la estrecha vigilancia del OIEA. Ese derecho se lo ha negado Irán a sí mismo de forma voluntaria y unilateral al violar sistemáticamente el TNP. Ese derecho, en definitiva, le fue retirado a Irán por el Consejo de Seguridad de la ONU en el año 2006.

Por eso, cuando escuchen al régimen del ayatolá Jameneí decir que tienen derecho a desarrollar un programa nuclear pacífico, no duden que miente. Es rotundamente falso, hace más de siete años que perdieron ese derecho. Y por eso estamos tan lejos de llegar a una solución del problema. La renovada predisposición a negociar de Irán es el síntoma inequívoco de que las sanciones impuestas por la ONU, los Estados Unidos y la Unión Europea están funcionando. Relajar esas sanciones sería un grave error estratégico si antes Irán no muestras signos inequívocos e irrefutables de cooperación. Irán tiene que cumplir sus compromisos internacionales, aclarar muchas cuestiones pendientes y dejar que el OIEA haga su trabajo. El P5+1 no debería morder el anzuelo ni dejarse llevar por la euforia aparente.