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Fisking al “Manifiesto Socialismo es Libertad”… desde una óptica socialdemócrata

escrito por Burrhus el elefante neocon 7 noviembre, 2013

miguel sebastian y ZPA pesar de la distancia, intento seguir todas las iniciativas informales que surgen de España para hacer del país un lugar mejor. Dado el fracaso de los agentes políticos, sociales, económicos y culturales, cualquier iniciativa que pretenda mejorar la vida de los ciudadanos, en este caso a través de un partido político, me parece bien. Aunque este partido sea el PSOE. Y aunque uno de los autores sea Miguel Sebastián.

Este intento se trata de un Manifiesto titulado “Socialismo es libertad”. Para empezar, diré que este texto me parece infinitamente más fumable que aquel tocho de Democracia Real Ya, que ya fiskeamos en su momento enterito. En brevedad, en concreción y en sensatez. Eso de por sí ya es de agradecer.

El documento se centra en algunos de los problemas que tiene el PSOE, en su forma de analizar los problemas, en cómo ha perdido lo que se conoce como el centro político, y propone algunas medidas liberales que podrían resultar de gran ayuda para mejorar la situación económica del país intentando salvaguardar el Estado del Bienestar (o, al menos, su carácter esencial de garante de la igualdad de oportunidades).

Este Manifiesto no de una colección de análisis de los problemas de España, lo cual limita mucho los contenidos. No obstante, la línea trazada no me parece la más correcta. La única socialdemocracia con alguna posibilidad de permanecer en el tiempo es la nórdica, tirando más al modelo danés, de socialdemocracia fuerte y mercado libre (aquí MILL le hizo una valoración más que interesante). Más bien creo que se trata de tratar de adoptar un necesario giro liberal al PSOE que se adapte a algunos de los problemas más importantes de España. Lamentablemente, me temo que no será suficiente para atajar los principales de España.

Una cosa más. Sí, soy liberal. Y sí, creo que, intelectualmente, la única postura coherente como liberal es el anarcocapitalismo. Luego, si nos ponemos pragmáticos, el minarquismo parece la postura más sensata. Y finalmente te la tienes que envainar cuando ves el mundo en el que estás, y al que sólo puedes aspirar cambiar con reformas liberales moderadas y paulatinas (a costa de que a uno le llamen un montón de tonterías). Lo que no soy es sectario. Es decir, a mí alguien me llega y su argumento está bien razonado (no digo correcto, me conformo con bien razonado), aunque beneficie al Estado, soy capaz de hacer un análisis honesto (mejor o peor, pero honesto) sobre la viabilidad de lo propuesto y sus consecuencias. Sin sectarismos ideológicos. Sé que en este país de camiseta azul o roja (y si no eres rojo/facha) soy un rara avis al borde de la extinción. No me importa. Tampoco me importa que otros no actúen como yo intento hacerlo. Estos son mis principios, y no tengo otros. Ni me interesan.

Resumiendo: Bromas aparte, respeto a la gente que se mueve, que trabaja, que se interesa por lo que ocurre y se esfuerza en proponer algo mejor que lo que hay, aunque no lo comparta.

Bueno, al lío.

Quienes contraponen liberalismo y socialismo, o no conocen al primero o no saben los verdaderos objetivos del segundo (Pablo Iglesias)

Pablo Iglesias era marxista (curiosamente, como el de ahora). Y sin formación académica (sin comentarios). Cuidado con las referencias.

Somos militantes y simpatizantes del PSOE y vemos con preocupación el viraje ideológico en nuestro Partido. 

Si fuese militante o simpatizante del PSOE me parece mucho más preocupante la línea habitual de su partido en Andalucía, último reducto de su poder. Sus dos resultados más conocidos son lograr la mayor tasa de paro de la civilización occidental y corromper los mecanismos de funcionamiento de las instituciones y de ayudas sociales, al punto de llegar a corromper a la propia sociedad. Y en Andalucía no se ha producido viraje ideológico alguno.

El PSOE está apoyando políticas más intervencionistas por parte del Estado mientras se mira con recelo la sola mención a las reformas profundas y estructurales que España necesita acometer desde hace ya años.

De hecho, ni siquiera está haciendo esto. El PSOE está simplemente votando en contra de lo que diga el PP en Madrid, aunque en Andalucía haya hecho lo mismo. A día de hoy, el Partido Socialista Obrero Español es un circo de tres pistas sin un programa político con una amenaza de escisión en Cataluña.

El análisis oficial que se ha hecho de la gran derrota en las últimas elecciones generales ha llevado a pensar a nuestros dirigentes, y a amplios sectores de la militancia, que recuperar ciertas raíces «de izquierda» en lo económico es lo que el PSOE necesita para ser una alternativa de Gobierno, una especie de «vuelta a las esencias».

Me atrevo a decir que tampoco se ha hecho ese análisis. El análisis oficial ha sido que Zapatero se ha comido la crisis con patatas fritas y se ha cargado el Partido, al punto de que ahora mismo “lo que tenemos que hacer es estar unidos, porque unidos somos más fuertes”. Es decir, la lectura del mensaje que ellos hacen es correcta, pero fallan en el objetivo que tiene la cúpula socialista actual: sobrevivir. ¿Por qué? Porque todo mensaje “centrista”, o lo ha consumido Zapatero con sus políticas o lo está haciendo el PP, que es con quien no se quieren identificar. No se sorprendan de que la mujer mediática del momento sea Beatriz Talegón.

Creemos que esa conclusión es errónea. Si por algo se caracterizan las dos veces que el PSOE ha ganado la confianza de los españoles fue por presenta un programa electoral incluyente con la que se sentían cómodos muchos millones de españoles, desde el centro progresista a la izquierda más clásica. El PSOE como opción de gobierno no debe limitarse a las ideas de un sector social sino buscar y proponer políticas apoyadas por una mayoría progresista que las comparta.

Esto me parece un error, en términos de población objetivo. El PSOE no tiene que convencer a la mayoría progresista. La mayoría progresista tiene alternativas en UPyD o en Izquierda Unida, partidos con los que puede aliarse el día de mañana si se diera el caso. Si realmente quiere hacer algo el PSOE es convencer a la gente de centro que puede votar al PP o al PSOE en función de la sensatez de sus propuestas. Con ese programa se convence al votante progresista medio y al centrista.

Hemos querido recuperar el lema del XXVII Congreso del PSOE, el primero celebrado en España desde la vuelta del exilio, como homenaje a nuestra historia. Una historia del socialismo en democracia que si por algo se puede caracterizar es porque nuestro partido ha estado más años en responsabilidades de Gobierno que en la oposición. Las victorias electorales de 1982 y 2004 tienen mucho en común. En ambas citas electorales el PSOE se presentó con un programa aperturista, propugnando amplios programas reformistas dirigidos a ampliar las libertades de los españoles.

Pues esto ya no sirve. Una cosa es lo que ha propuesto el PSOE en su programa electoral y otra los resultados. Ganar unas elecciones puede tener mucho mérito, pero no se trata de eso. Se trata de que tu programa tenga resultados positivos en la sociedad, o no. El programa electoral del PSOE en el ámbito educativo ha tenido unos resultados nefastos. El programa de ZP, que le sirvió para ser presidente, leído, contenía innumerables contradicciones, al punto de que sólo ganó por lo ocurrido tras el 11 de marzo y los días posteriores. Es decir: tener un programa de centro está tirao, pero tener un programa de centro, coherente y sensato es otra cosa.

Nuestros Secretarios Generales Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero han defendido siempre la libertad y el progreso económico como indispensables para avanzar en la lucha contra las desigualdades.

Me atrevo a decir que lo han planteado al revés: Era la creación del Estado del Bienestar lo indispensable para luchar contra las desigualdades. El Estado del Bienestar únicamente puede sobrevivir si tiene una economía a la que poder “parasitar”. En el momento en el que la economía falla, el Estado del Bienestar tiene, necesariamente, que recortar sus gastos. Y esto es lo que no se ha hecho. ¿Qué se ha hecho? Mantener las funciones del Estado a base de deudas. Con Zapatero, que al principio de su mandato incluso llegó a reducir la deuda pública, acabó doblándola en comparación con lo que le dejó Aznar. ¿Recortes reales? Ninguno.

Así, me gustaría preguntar a los responsables de este manifiesto: De estar en la situación de Zapatero, ¿qué habrían hecho ustedes? ¿Habrían ajustado automáticamente el gasto público a los ingresos, recortando lo necesario del gasto público y evitando el credit crunch y el crowding out que han devastado España? ¿Habrían hecho lo que está haciendo Rajoy, que es ajustar un poquito más pero sin tocar ninguno de los derechos? ¿O habrían hecho lo mismo que Zapatero? Estas preguntas son relevantes, suponen la diferencia real entre lo que había antes y sigue existiendo, o conseguir un partido político mejor.

Tomemos ejemplo de ello y pensemos en un futuro próximo donde la participación del PSOE nuevamente en labores de Gobierno ha de llegar, y deberá producirse haciendo hincapié en nuestras señas de identidad: igualdad, justicia social y libertad.

Libertad e igualdad son contradictorias. Otra cosa es que se quiera vender esto.

La libertad individual que propugnamos va de la mano con la justicia social y la igualdad que en el PSOE siempre han estado presentes en su ADN; unos principios que deben ser interpretados de forma acorde con los tiempos.

La libertad individual no va de la mano con la justicia social y la igualdad. En ningún caso. La libertad individual va de la mano con la Justicia (como institución imparcial) y con la igualdad ante la ley. Punto. La verdad es importante. Otra cosa es que se quiera vender un mensaje del tipo: Sólo a través de una mayor libertad individual pueden lograrse mejores resultados en términos de igualdad y justicia social, incluso entendiéndolo en el sentido intervencionista que los defensores del Manifiesto proponen.

Es por ello que reconocemos que el Estado tiene un papel fundamental en la organización de la sociedad pero su tamaño, estructura y labor debe ser redefinida y actualizada para garantizar tanto un mejor crecimiento económico del país como su viabilidad como generador de riqueza, garante de las libertades de todos y la justicia social. Debemos redefinir el papel del Estado en nuestra economía, reforzándolo en aquellos aspectos en los que cumple con su papel, como cuando protege a los ciudadanos contra el infortunio. Esto incluye al crimen, el desempleo y la salud, pero también algo que marca la vida de un ciudadano: nacer en una familia sin recursos.

Estoy de acuerdo en que el tamaño, estructura y labores del Estado deben ser redefinidos. Me basta con el argumento presupuestario y de deuda pública. Un matiz importante es que el Estado no crea riqueza. Asienta las bases jurídicas para que se pueda crear riqueza dejando que sus actores hagan y deshagan libremente. Este matiz es fundamental si se quiere crear un Estado del Bienestar mínimamente sensato o el bebé reaganiano que devora todo por un agujero y no tiene ningún sentido de la responsabilidad por el otro. Luego, aunque todo sea economía, podemos discutir acerca de los infortunios del ser humano y de cómo atenderlos de forma eficiente.

La igualdad de oportunidades debe ser el pilar en el que basar nuestras políticas y por desgracia, hoy por hoy, es un espejismo. Lo incluimos en todos los discursos y actuamos en su nombre, pero la realidad es tozuda y los hijos de los pobres siguen siendo pobres. El ascensor social está roto y no hemos sabido articular una solución.

Error. El ascensor social no existe. Existe lo que una persona sea capaz de aportar a una empresa y cuánto pueda crecer mediante su esfuerzo. Pero voy más allá. El problema de España ahora mismo no es la igualdad de oportunidades. Ni el “mínimo de oportunidades”. De hecho, la igualdad de oportunidad es siquiera un problema más. Es, al igual que el paro, un resultado horrendo, pero no un problema. Problema es lo que causa el paro y la desigualdad de oportunidades, que pasan por un conjunto de leyes, instituciones públicas, costumbres españolas y deudas públicas y privadas. Todas ellas a corregir urgentemente si no queremos tirar a la basura 15 años y acabar como una República postcomunista europea.

Un pilar básico de la igualdad de oportunidades es una educación pública de calidad, con una importancia decisiva en la formación del niño cuanto más pequeño es. Invertir más y mejor en educación pública debe ser un objetivo básico del PSOE. La experiencia exitosa de otros países debería servirnos de guía: un Estado flexible, centrado en proteger a los que lo necesitan.

Volvemos a lo de antes. No podemos aspirar a una educación pública de calidad, siquiera a una educación de calidad, con un Estado al borde de la quiebra y una sociedad tapando sus deudas privadas como pueda. A día de hoy, con una deuda pública real que ronda el 120% del PIB, este estado protector de los más débiles es inasumible. Primero hay que arreglar la economía, tanto lo público como lo privado, que supone llevar a cabo muchas medidas neoliberales que atentan contra derechos por los que se ha luchado tantos años y otras paridas varias. ¿Estarían dispuestos a asumirlas?

En los últimos años hemos situado a «los mercados» como un enemigo a batir, lo cual es un error. Una economía de libre mercado es la mejor garantía para el progreso económico. Sin una regulación adecuada, sobre todo en el caso de los llamados mercados financieros, dicho crecimiento será efímero, propiciando la aparición de burbujas que acaban estallando y llevándonos a crisis como la actual.

El problema no son los mercados financieros. El problema es la economía real. Si quieren que las burbujas, que siempre existirán, sean menores, controlen la inflación e intenten no poner desgravaciones fiscales. Es decir, lo que no puede ser es que la gente invierta su dinero para desgravar impuestos y no por la rentabilidad de la inversión.

Debemos tener como objetivo la creación sostenible de riqueza que permita dotarnos de los recursos necesarios para sufragar los gastos de un Estado justo, social, eficaz, equitativo y sostenible, pues los derechos no deben depender de si naciste en crisis o en bonanza.

Perdón por ser pesado. Crear un Estado del bienestar mínimamente sensato puede ser razonable. Pero lo primero son las cuentas públicas, ajustar los ingresos a los gastos y dejar a la gente en paz. ¿Tiene cabida un sistema educativo capaz de integrar a los más desfavorecidos, sea cual sea su edad? Pues lo que digan los números en la mano (concretamente hoy dicen “tenemos un déficit del 10%”).

España necesita acometer una ambiciosa agenda de reformas en nuestro tejido económico y social. Éstas, que requieren de la participación de todos los agentes sociales, no pueden dilatarse más en el tiempo. Debemos unirnos al tren de la modernidad antes de que sea demasiado tarde. Con el esfuerzo de todos estamos seguros de lograrlo.

¡Dios! No sé si se puede ser más cursi porque… bueno, mejor no me pongo a pensar en ello, que luego me pongo sardónico. Si quieren dedicarse a la política y parecer gente seria, por favor, no escriban más cosas así. Gracias. Por cierto: Lo de que participen todos los agentes sociales es algo que ya se hace a día de hoy. Los resultados los podemos ver. Conste que me parece bien que se consulte a los agentes sociales, pero sólo se debería prestar atención a aquellas cuestiones que resuelvan o planteen problemas reales, no para justificar o mantener sus privilegios legales.

En la sociedad globalizada del siglo XXI la competitividad de España es fundamental tanto para atraer inversiones como para beneficio de nuestro comercio exterior. Es por ello que urgen grandes reformas estructurales. Son necesarios avances profundos en educación, mercado laboral, sistema tributario, financiación de nuestro Estado autonómico, racionalización y redimensionamiento de las administraciones locales etc. 

Añado: Del mercado energético, de las relaciones empresa y Estado, del sistema judicial, facilitaciones de procedimientos burocráticos, ajuste entre los servicios públicos sanitarios y educativos y las demandas reales…

Este conjunto de reformas debe ser abanderado por un PSOE renacido, que abandone la política de sólo oposición a las casi siempre regresivas medidas de los Gobiernos del PP por un cambio de perspectiva: nosotros solucionaremos mejor los problemas de España y de sus ciudadanos.

Reto a los autores de este manifiesto a que me den tres diferencias significativas e intelectualmente mayores de 14 años (no, ser “de derechas” no pasa de argumento de niño de 8 años con dislexia, dislalia y discalculia; hablo de diferencias de verdad, no del color de la camiseta o si quien te pega es zurdo o diestro) entre las políticas del Partido Popular y el PSOE.

Y luego: ¿Por qué tiene que salir del PSOE? ¿Creen que esto lo puede aplicar el PSOE andaluz? ¿Por qué no puede salir de una sociedad que está hasta las narices de la casta de golfos que nos gobierna? ¿Por qué no puede salir del PP? ¿O de UPyD? ¿O del partido que os atreváis a formar? ¿Qué más da el partido del que salga, si de lo que se trata es de que esas ideas sensatas se conviertan en leyes? Ah, sí, que estamos hablando de gente del PSOE. Bueno, ¿y qué quieren? ¿Qué gane el PSOE? ¿O que sus ideas triunfen? ¿El PSOE es el instrumento, o el fin en sí mismo?

Debemos tener presente una visión de lo que queremos ser como país en los próximos cincuenta años.

Dejémoslo en los próximos 10 años. O quince. Más tarde o más temprano España comenzará una recuperación económica y, con suerte, podremos llegar en este tiempo a acercarnos a una tasa de paro del 10%, cifra que la mayoría de países consideran “generación perdida”. Cincuenta años es demasiado tiempo para analizar, dada la coyuntura económica actual.

No debemos resignarnos a tener una economía anquilosada que acabe retrayendo nuestra calidad de vida a la de los países en desarrollo ni acabar cediendo ante un capitalismo no regulado que se ceba con los más débiles.

Esto del “capitalismo no regulado” es una chorrada del tamaño del millón de páginas de los diferentes organismos estatales que se publican anualmente en España,  que precisamente lo que hacen es regular el capitalismo en su sentido más amplio.

Por todo ello creemos que el PSOE debe defender de cara a las próximas citas electorales una serie de propuestas concretas (más desarrolladas en un documento anexo que se puede consultar en http://www.socialismoeslibertad.es/propuestas.pdf) que redunden en una definitiva modernización de España.

Y que a continuación pasamos a fiskear/diseccionar/analizar.

1. Una amplia reforma laboral que nos ayude a tener una economía más productiva y que, para acabar con la sangrante dualidad actual, establezca un contrato único de trabajo con indemnización creciente.

Mal empezamos. Ciertamente, si hubiésemos puesto a un primate cualquiera borracho a jugar al Tetris, el mono ordenaría mejor las piezas que como nuestros políticos, patronal y sindicatos han ordenado nuestra legislación laboral. En ese sentido, lo que proponen estos socialistas es “mejor”. El problema es que no entienden cómo funciona una empresa.

La primera obligación que tiene una empresa es la de sobrevivir. Y sobrevive ganando dinero. Si una empresa pierde dinero, puede hacer muchas cosas (renegociar deudas, alquileres, proveedores, reducir sueldos, EREs temporales, etc.), pero a día de hoy la herramienta más frecuente es el despido. Esto, en una empresa donde la velocidad de adaptación de una empresa a los cambios resulta decisiva en su supervivencia. No es que el pez grande se coma al chico, es que el pez rápido se come la comida del lento.

Lo importante es que las empresas españolas tengan margen de maniobra suficiente para adaptarse a las circunstancias. Eso implica que el despido sea gratuito, ya sea cuando existan pérdidas, ya sea cuando se prevean. Sin importar el número de trabajadores. Incluso aunque tengan beneficios. Y, ¿por qué no? Despedir a trabajadores, aunque sea para ganar todavía más dinero. La parte de “hacer más eficiente la empresa” es parte de la empresa, de la sociedad, del mercado. La parte de asegurarse de capacitar a las personas despedidas para entrar en nuevos negocios o crearlos es la parte del Estado del Bienestar. Del modelo formativo alemán, hablemos de Universidad o de Formación Profesional, se sale con dos años de experiencia reales en empresa.

¿Ustedes quieren un Estado del Bienestar moderno, que respete las libertades individuales pero que garantice la igualdad, o cuanto menos un mínimo de oportunidades? Ésta es la mejor forma: Mercado libre y despido libre con fuerte sistema de formación y acceso para los trabajadores, al margen de cualquier otra circunstancia. Asímismo, eliminar cualquier otro incentivo por el cual deba un empresario contratar a un trabajador. Tampoco tiene sentido mantener salarios mínimos. Si tuviese que haberlos, es mejor que se establezca de forma regional y sectorial. 

Lo que no puede ser es que el mercado, las empresas, se vean forzadas a reducir su nivel de exigencia real por unos derechos decimonónicos y contraproducentes para los intereses de los propios trabajadores. Es la gente la que debe adaptarse al nivel de exigencia real, no al revés.

[Sí, ya sé que esto con dos sindicatos como los capitaneados por Méndez y Toxo (y con una población como la española) es imposible. Pero la solución correcta, racional y desde el punto de vista técnico, para resolver el problema de libre mercado y garantías, es ésta. Acepto encantado sugerencias y réplicas.]

2. Una reordenación fiscal que simplifique la imposición directa de particulares y empresas con mínimos exentos más altos, menores tipos impositivos y una reducción sustancial de las desgravaciones fiscales. Todo ello complementado con una reducción de la fiscalidad del ahorro (motor del crecimiento económico) y una mejorada lucha contra el fraude fiscal y la economía sumergida.

Actualmente la economía sumergida está actuando a cientos de miles de familias a capear el temporal de la crisis. Un respeto, pues, a quien hace más por los pobres que el Gobierno. Es positivo. Con todo, la mejor forma de asegurarse de que no hay economía sumergida es:

– Quitar o simplificar todas las trabas que existen al pequeño comercio, y mantener los controles justos para empresas químicas, que trabajen con residuos radioactivos y similares.

– Implantar un sistema tributario sensato, con impuestos ajustados al nivel de gasto real. Sí, amigos: lo que determina los impuestos no es la voluntad del político de subirlos o bajarlos, sino el gasto real.

Las desgravaciones, me las cargaba todas. Sólo alimenta burbujas. Prefiero unos tipos más bajos (ajustados a un gasto público más bajo).

3. Reforma de la financiación autonómica y local mediante el cual, sin merma de la solidaridad del sistema, Comunidades Autónomas y Administraciones Locales sean responsables de recaudar por ellas mismas la mayoría de su gasto público. Ello unido a una clarificación competencial para evitar duplicidades entre Administraciones.

Voy a la mayor: Enumeren el listado de competencias que debe tener el Estado (sea la Administración que sea). Con esa lista, ustedes reparten claramente las funciones de cada uno. Quien se pasa de listo e invade competencias ajenas, al Tribunal Constitucional. Y lo que diga el TC va a misa.

El reparto competencial, tal y como se establece en los artículos 148 y 149 de la Constitución, es lo que lleva a estas duplicidades. Es decir, hay que leer muy bien estos artículos y/o revisarlos. Y, por supuesto, hay que respetar lo que diga el Tribunal Constitucional. Lo que no puede ser es el pitorreo administrativo catalán y andaluz, que cuando una Sentencia les niega la razón se enrocan en el victimismo nacionalista o social de turno.

Una última cosa en referencia a la solidaridad: Es infame que, a día de hoy, con la crisis económica y los escándalos de corrupción, madrileños o catalanes destinen un solo euro a ese pitorreo administrativo que es Andalucía. Y sí, soy andaluz. Urge establecer mecanismos claros de control los que se supervisen tanto las inversiones realizados como los resultados obtenidos y su relación con la solución de los problemas de las Comunidades más pobres.

4. En la búsqueda de un mayor crecimiento económico necesitamos abrir y liberalizar mercados, simplificar los trámites para constituir una empresa y otras reformas paralelas para aumentar el nivel de productividad, competitividad y apertura económica, con atención especial al I+D+i.

El I+D+i. Otra cosa que queda muy bonita sobre el papel pero que no dice absolutamente nada. No necesitamos I+D+i (un momento, que me explique, por favor). Necesitamos una oferta real que se adapte a la demanda real. Con el tiempo, y en base a esa oferta real adaptada a la demanda real, las empresas compiten y hacen I+D+i. Pero lo primero es tener empresas que sepan qué quieren los clientes. Apostar por el I+D+i lo único que desarrolla son burbujas, y ya tenemos bastante con la burbuja de las energías renovables (y no me dirán que las inversiones en I+D+i no han sido fuertes).

Luego, sí, abrir, liberalizar, simplificar… en la medida que nos deje la Unión Europea.

5. Reforma integral de la Administración para dotarla de mayor transparencia en todos sus procesos, en especial en los de selección de personal y para dotarla de una menor dependencia del poder político.

La subordinación del poder administrativo al poder político no depende del dedazo de un político. Depende de las Leyes y Reales Decretos. La Seguridad Social no funciona mal por el dedazo de turno, funciona mal porque legalmente es un modelo de reparto abocado a la quiebra con esta pirámide poblacional.

Luego, sí, se pueden hacer más transparentes los procesos por los cuales una empresa se adjudica… no sé, la construcción del AVE de Teruel a Soria pasando por Huelva, o el suministro de material de oficina a Radio Televisión Española.

6. Mayor inversión pública en políticas de igualdad de oportunidades en especial en educación en los niveles básicos y en políticas de ayuda a la dependencia y lucha contra la pobreza y la exclusión social.

Dado que el objetivo de este fisking no es ofrecer alternativas liberales, sino socialdemócratas en el marco que los ponentes han establecido, este tipo de ayudas no me parecen malas del todo siempre y cuando queden supeditadas a no generar déficit público. El mecanismo que realmente genera igualdad de oportunidades, ayuda a las personas dependientes, los pobres y los excluidos sociales es el libre mercado. Ponerle trabas con más deuda pública no les ayuda, sino todo lo contrario. No obstante, hacen falta más detalles para poder reflexionar al respecto.

Con todo, me gustaría hacer unas preguntas:

¿La Seguridad Social seguirá siendo de reparto, y por tanto condenada a la quiebra con nuestra pirámide de población?

¿Se admite que la gestión de hospitales y centros educativos puedan ser privados, pero que su uso quede garantizado a través de sistemas de cheques?

Y más en genérico: ¿El titular de los servicios públicos debe ser el Estado, o puede ser privado y que sea el Estado quien garantice el uso de todos, sin importar el nivel social o económico?

Bien. Pues ya está. Estas son las críticas (seguramente se me olvidará alguna) que haría como socialdemócrata. El sistema de ayudas, basado en los ingresos reales de un Estado con funciones claramente acotadas, asistencial para quienes no puedan y que fomente la formación y la integración en la empresa para quienes puedan.

Ahora que he terminado, ya puedo centrarme tranquilo en el artículo de Luis Gómez acerca de trece sencillas ideas liberales. A fin de cuentas, para garantizar un mínimo de oportunidades y ayudar a quien lo necesita resulta mucho más interesante buscar fórmulas de colaboración voluntaria que amenazar con la cárcel si no se obedece.