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El dentista y la crisis.

escrito por Arturo Taibo 4 octubre, 2013

La causa de los éxitos o de los fracasos económicos de los países son siempre culturales. Al final lo que cuenta es cómo piensa la gente que debe funcionar la economía. Aunque la realidad siempre se acaba imponiendo y lo que (algunas) personas piensan que debe  ser no puede ser y finalmente no es.

Hace unos días leí este artículo . El autor se supone que es una persona inteligente y con una elevada formación, pero sus razonamientos económicos oscilan entre lo absurdo y el cinismo más descarnado.

 

DENTISTA Y CRISIS

El sr. González se muestra preocupado…

“… por el empeoramiento del ejercicio de la Odontología, provocado principalmente por el exceso de dentistas.”

 

¿Qué tiene que ver el empeoramiento del ejercicio de la Odontología con el exceso de dentistas?
¿Existe realmente un exceso de dentistas?

El dianostico del odontólogo es este:

“En la última década, la población de dentistas en España ha aumentado un 59%. Fijémonos en nuestro caso más cercano, ¿saben cuántos dentistas ejercientes tiene actualmente esta región? Alrededor de 650, es decir un dentista por cada 1.540 habitantes aproximadamente, una cifra que desde luego no se adecúa a la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que aconseja la existencia de un profesional por cada 3.500 ciudadanos.”

Yo siempre pensé que las recomendaciones de la OMS eran de mínimos, es decir que, por ejemplo, la OMS recomienda que al menos, haya un dentista por 3.500 habitantes pero no que ese fuese el número máximo recomendable.

Continúa el presidente del Colegio Oficial de Odontólogos y Estomatólogos de Asturias:

“Los datos reflejan un claro desequilibrio entre la demanda y semejante oferta, y la conclusión es una realidad ya más que palpable: un detrimento en la calidad del servicio, inducido en su mayor parte por una salvaje y desmedida competencia, junto con las actuales formas organizativas del sector, y un rápido y dramático aumento del desempleo y de la precariedad laboral para los nuevos dentistas.”

 

¿Qué datos? ¿Son demasiados 650 dentistas para 1.050.000 personas?

Pero el sr. González hace un asombroso razonamiento: el servicio odontológico empeora debido a “una salvaje y desmedida competencia”.

Imagínense cualquier sector ¿De verdad puede alguien pensar que en un sector donde exista “una salvaje y desmedida competencia” los que venden un servicio van a empeorarlo?

Imagínense a los directivos de Mercadona, como están librando “una salvaje y desmedida competencia” con Carrefour, se reunen y deciden que lo mejor es bajar la calidad del servicio a los clientes: dejar que las tiendan se ensucien, dar alimentos en mal estado, no reponer la mercancía, formar colas en las cajas… y así se harán con un mayor hueco en el mercado.

Desde luego esa idea no se le ocurre ni al que asó la manteca.

Y sin embargo nuestro dentistas la repite una y otra vez:

“Esta situación repercute directamente sobre la calidad de las prestaciones y puede conllevar, a través de la mala praxis, consecuencias nefastas para la salud de los asturianos, haciendo peligrar la excelente calidad asistencial odontológica que actualmente se presta.”

“A nivel nacional el dato también es desorbitado. Ya hay más del doble de los dentistas necesarios.

Pero ¿Realmente hay tantos dentistas? ¿Pueden sobrevivir todos ejerciendo su profesión?

Voy a echar unas cuentas.

Sueldo del dentista… 40.000 €/año
SS dentista…..            10.000 €/año
Coste local + electricidad + agua + teléfono + internet 10.000 €/año
Sueldo enfermera….   15.000 €/año
SS enfermera….             5.000 €/año
Aparatos odontología..  1.500 €/año

Total… 76.500 €/año.

Y si dividimos 76.500 € entre 1.500 pacientes nos da… 55 € por paciente y año.
Si cada dentista cobrase 25 € por revisión y realizase dos revisiones al año a cada paciente, ya sacaría 50 € por paciente, es decir ya casi cubriría gastos.

Pero un dentista también hace empastes, endodoncias, coronas, ortodoncias, coloca implantes y dentaduras postizas…

Si realizase un empaste o una corona por cada cinco pacientes y año y a un coste medio de 75 € ya se sacaría otros 15 € de media por paciente.

Es decir hay trabajo de sobra… si lo que se pretende es cobrar 40.000 euros al año. La cosa cambia si lo que se pretende es cobrar 80.000 € al año, puede que ese sea el verdadero problema del “nuevo modelo”, por lo menos para los odontólogos ya establecidos.

Parece  que los dentistas tienen un concepto de lo que  “debe de ser su salario”  y si ganan menos parece que ya no están obligados a realizar una buena praxis. No debe sorprendernos la idea porque hace poco salió publicada la carta de un presunto funcionario que decía que como cobraba menos  iba a trabajar menos.

Yo entiendo que a nadie le gusta que en el barrio se abra otro negocio ofreciendo los mismos servicios que el tuyo, pero tratar de impedirlo por la fuerza sólo puede hacerse desde la más brutal de las codicias.

Y haciendo incapié en el “exceso de dentistas”, 1 dentista por cada 1.500 habitantes y con una jornada media de 1.500 horas anuales da para dedicar 1 hora a cada paciente por año. Tampoco es mucho.

Aplicando los números del sr. González (1 dentista por cada 3.400 habitantes) cada dentista solo podría dedicar 25 minutos al año por persona. Supongo que será un nuevo método para cuidar al paciente: dedicarle el menor tiempo posible.

Pero el sr. González y su Consejo General de Dentistas tiene su solución:

“Desde el Consejo General de Dentistas, y concretamente desde este Colegio, insistimos en la necesidad de que se instaure un númerus clausus para limitar el número de alumnos que cada año se matriculan, además de limitar el incremento de facultades a nivel nacional, lo que está generando un dispendio de recursos y gastos.”

Imagínense que la asociación de empresarios de estaciones de servicio de gasolina propusiese limitar el número de gasolineras para “mejorar el servicio”.

Y sin embargo la actitud de querer limitar el número de competidores en un negocio es algo normal. Unos como los dentistas, los farmacéuticos o los taxistas lo defienden más descaradamente, en otros sectores se llega a acuerdos bajo manga para fijar precios, cantidades, formatos y otras características de los productos. A cualquier empresario le encantaría limitar la competencia y la oferta… para fijar los precios y ganar más dinero.

Pero incluso entre los consumidores tiene mucha popularidad la teoría de los “precios depredadores”. Es decir que si una empresa baja los precios lo hace para expulsar a la competencia fijando esos precios por debajo del coste… para luego una vez conseguido el monopolio subir los precios.

La idea no es solo popular entre el público sino que también les encanta a los burócratas de la UE. Aunque luego en la práctica nunca se haya demostrado que una vez bajados los precios  vuelvan a subir. Como se dice en el artículo:

  “… las investigaciones empíricas han revelado que a lo largo de toda la Historia y en época tan lejana como la de la causa judicial contra la Standard Oil a comienzos del siglo XX la mayoría de los casos de supuesta “política de precios depredadora” han sido, en realidad, casos de eficiencia superior.

El caso de Ryanair es paradigmático, en vez de ver comentarios favorables a la empresa por hacer que los viajes en avión sean asequibles a la gente de bajos ingresos, hay una auténtica campaña contra ella, llegando a acusarla de poner en peligro la seguridad de los aviones.

También es cierto que Ryanair y otras compañías low cost están barriendo del mercado a las tradicionales compañías de bandera: las elecciones de la gente demuestran que Ryanair está satisfaciendo las demandas de la gente. Pero cuando uno lee los comentarios de presuntos empleados de IBERIA en los foros parece que el único problema es que los empleados de Ryanair o Vueling cobran “poco”.

La teoría de los precios depredadores también tiene fans fuera de España, por ejemplo la ministra de Cultura francesa.

 

Volviendo al tema de los dentistas, el cinismo y/o la ignorancia que exhibe el sr. González es notable:

“Además cabe señalar que el nuestro es uno de los países con menor demanda de servicios odontológicos. La población cada vez acude menos a hacerse sus chequeos o exploraciones, probablemente debido a la inexistencia de financiación pública de las prestaciones sanitarias odontológicas. Según datos de la última Encuesta Nacional de Salud, sólo un 37% de la población acude al dentista con una periodicidad inferior al año. Es evidente que el número de dentistas aumenta mucho más rápido que las necesidades de tratamiento de la población, a la vez que el número medio de visitas por dentista se reduce drásticamente.”

Nuevamente el mito que lo que paga el Estado lo pagan los extraterrestres. Si el Estado financia la asistencia odontológica integral a la población ¿Qué impuesto se creará y/o subirá para financiar al Estado? ¿Como puede una persona inteligente pensar que el Estado puede financiar algo sin que afecte a los ingresos de la gente?

Sin embargo la idea del sr González tiene sentido si es para favorecer su codicia y la de sus compañeros:

1.- Los dentistas controlan el número de personas que pueden acceder a la profesión.

2.- Una vez controlada la oferta ya pueden controlar los precios.

3.- Pero ¿qué ocurre si la gente no quiere o no puede pagar los precios de los dentistas? Pues nada, interviene el Estado obligando a la gente, mediante impuestos, a pagar a los dentistas los precios y salarios que ellos quieren. Y todo por el bien de la gente, faltaría más.

Y en efecto el dentista del artículo concluye:

“Estamos viviendo y sufriendo un nuevo modelo de la práctica profesional que no está teniendo en cuenta el valor principal y fin último de esta profesión, la salud del paciente, y por ello merece la pena que se sienten las bases de una nueva regulación.

Que haya “demasiados” dentistas perjudica la salud del paciente y eso requiere más leyes para remediarlo. Sin comentarios.

 

Los beneficios del libre mercado.

El sistema de libre mercado está orientado a satisfacer las necesidades de la gente, porque esa es la única manera de ganar dinero sin tener que coaccionar a la gente.

Las necesidades de la gente no se satisfacen fabricando dinero, ni con regulaciones que impidan aumentar la oferta. Las necesidades de la gente se satisfacen produciendo bienes y servicios… y bajando los precios para que sean asequibles al mayor número de personas posibles.

El sistema capitalista es incompatible con la defensa de los intereses particulares mediante la coacción. Capitalismo no es cronycapitalism, es lo contrario.

En España todavía está arraigada la idea de que los salarios y los precios deben de ser “justos” y estar “regulados”. Pero debajo de esa idea lo que hay es una egoísta defensa de los intereses particulares.

En España la gente está obsesionada con “la demanda” cuando el problema siempre es la oferta. Por ejemplo si queremos satisfacer las necesidades sanitarias de la gente lo que hay que hacer es permitir que la gente estudie medicina, enfermería, farmacia, que se construyan hospitales, centros de salud… y que la competencia abarate los precios para hacerlos asequibles a la gente. Pero en España la idea es que no haya mucha oferta para mantener los salarios de los empleados sanitarios altos y la “calidad del servicio”… y luego exigir al Estado “recursos”, es decir dinero, para que la gente “no tenga que pagar” por la sanidad.

La manera de que una sociedad prospere es hacer que las cosas sean asequibles para el mayor número de personas posible. La defensa de los intereses particulares solo puede hacerse a costa de perjudicar a los que no están bajo el amparo de las leyes.

No se pueden defender los intereses particulares de un grupo sin tener que perjudicar al resto. La idea de que se puede defender los intereses particulares de todos los grupos a la vez no es más que una falacia.

Los dentistas defienden su negocio limitando el acceso a la profesión para mantener sus salarios altos. Los albañiles defienden su negocio limitando el acceso a su profesión par mantener sus salarios altos. Las dependientas de los supermercados defienden su negocio… Vaya, ahora todos tienen “salarios altos” pero, como la oferta se ha limitado, los salarios altos traerán precios altos y luego ¿qué? ¿subimos los salarios otra vez para que no se pierda el poder adquisitivo?

La salida de la crisis pasa por abrir el mercado, por ofrecer más bienes y servicios, por abaratar precios, en definitiva por competir y no por pedir que el Estado proteja “lo mio”.