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La pregunta de Amy Farrah Fowler o el enigma del socialismo vulcaniano

escrito por Miguel A.Velarde 19 agosto, 2013

Antes de empezar supongo que debo disculparme por adelantado. Sé que escribo en un blog serio, por lo que tratar aquí ciertos temas desde una óptica más frívola quizás no sea lo más apropiado. Sin embargo, el ambiente estival me invita a la relajación, y también es cierto que un amplio sector de la sociedad ni siquiera se plantearía esos mismos asuntos si no fuesen abordados de esta manera. Quiero decir que llega a más gente un comentario soltado fuera de contexto en Gran Hermano, que elaborado en las Meditaciones de Marco Aurelio.

Además, una de las grandes victorias del socialismo (en sus múltiples variantes, desde la social-democracia hasta el comunismo, pasando por todos sus familiares mejor o peor avenidos) es darse cuenta de esto mismo. Así, durante generaciones, ya sea a través del cine, la televisión o la literatura, se han ido introduciendo conceptos e ideas en la población hasta conseguir que una parte de ésta los asimile como lo bueno y deseable.

En cuanto a mí, buena parte de mi educación, como la de muchos de mi generación, se nutre de series de televisión, comics, películas de serie B y dibujos animados. He tenido oportunidades de sobra de sufrir esos lugares comunes, esas enseñanzas políticamente correctas de las que hablaba. En buena medida han hecho de mi lo que soy, de modo que no me condenen demasiado si ahora dejo salir un poco este aspecto friky de mi personalidad. Pero entremos en el tema:

1.- Amy and SheldonEn una de las comedias más originales que están emitiendo (y por desgracia repitiendo hasta el aburrimiento) actualmente, una de sus personajes, Amy Farrah Fowler, pregunta al Dr. Cooper, para consternación de éste:

“¿Sugieres que nuestra vida se base en la ciencia ficción barata?”

Aunque la pregunta está hecha con ánimo jocoso, lo que es cierto es que la ciencia ficción es un reflejo de la sociedad en la que se escribe (o se produce). Obviamente, lo que se ofrece en sus argumentos dista de ser una prueba de situación alguna, pero sí lo es de la forma de pensar de unos productores y del público al que va dirigido. Se trata de una manera bastante curiosa de estudiar los valores y las tendencias de la época a la que pertenece.

Pongamos, por ejemplo, la serie concreta a la que se referían, que no es otra sino Star Trek (la abuela del frikismo, si damos por sentado que la madre es Star Wars). En ella se tocan varios aspectos curiosos que, deforma seria, se han tratado y debatido en este blog, y que pueden arrojar cierta luz sobre el concepto que de ellos tiene una gran parte de la sociedad. Pero para no extendernos demasiado vamos a fijarnos en un par de ellos en concreto.

¿Es el Sr. Spock comunista?

 2.- Spock and KirkSituémonos un poco: En la Nebulosa Mutara, el señor Spock ha conseguido reparar el núcleo del motor de curvatura de la nave Enterprise, salvándola en el último momento. Pero para ello ha recibido una dosis letal de radiación. El capitán Kirk, del otro lado del cristal de seguridad, le pregunta a su moribundo amigo la razón de su sacrificio y él responde que:

 “El bienestar de la mayoría supera al de la minoría, o al de uno solo”.

Y a una gran parte de los espectadores, en ese momento, se le caen dos lagrimones socialistas. Porque la idea parece obvia y simple. De hecho, en apariencia, el oficial vulcaniano acaba de resumir en una frase la idea de democracia. El bien de la mayoría debe prevalecer.

Pero a poco que nos paremos a pensar en ello, el fallo es evidente. Porque ese no es exactamente el concepto de democracia, a menos que nos refiramos a las “populares” o las “avanzadas”, éstas últimas tan de moda entre aficionados a la ornitología espiritista.

El sistema mayoritario en una democracia (vamos a centrarnos en las democracias parlamentarias tal y como surgieron en el siglo XIX y sobreviven a duras penas) es, o debiera ser, tan sólo un criterio objetivo de elección del gobierno (para garantizar su cambio pacífico) y de toma de decisiones en los parlamentos. Sin embargo, ese es sólo un aspecto de la Democracia, no su definición. Para que ésta exista, deben además respetarse unas garantías que impidan que las mayorías puedan abusar de las minorías (básicamente la separación de poderes, el sometimiento del poder a sus normas y el respeto de los derechos humanos y de los principios generales del Derecho, tales como la seguridad jurídica, o la igualdad de partes), puesto que tan opresora puede ser la tiranía de la mayoría como la de un individuo.

En ese caso, al contrario de lo que parece, la citada frase, lejos de enunciar un principio democrático, podría hacernos creer que el tipo es un comunista de orejas puntiagudas, partidario de la dictadura del proletariado estelar. Bueno, no conozco la ideología del guionista, ni del director, ni de los productores, pero algo se puede deducir de los sucesos de la propia película.

3.- red-shirtY es que Spock no ordena a nadie que se arriesgue, sino que lo hace él. Si tan importantes son los intereses de la mayoría, éstos se servirían mejor sacrificando a un tipo con pocas luces, algún torpe, con menos utilidad que el propio segundo oficial, que es un genio imprescindible para la nave. Por cierto, un argumento recurrentemente usado en esas democracias “populares” en las que se invoca siempre ese bienestar mayoritario.

El quid de la cuestión es que la frase es totalmente válida como principio moral, no como norma política. El señor Spock ha ponderado libremente sus opciones y ha decidido llevar a cabo un acto loable y altruista, en el que él sale perjudicado para poder beneficiar a un número mayor de individuos.

La clave en esta situación es, precisamente, el hecho de que esa decisión ha sido tomada libremente, sin ninguna coacción por parte de terceros. De haberse producido ésta, si la tripulación se hubiera organizado para votar en ese sentido o el capitán hubiese hecho valer su autoridad, o de cualquier ora forma se hubiese ordenado al vulcaniano salvar la nave a costa de su vida, ya no estaríamos hablando de una acción digna de elogio, sino de una imposición ilegítima, de la institucionalización del interés de la comunidad por encima del de un individuo. En ese caso estaríamos hablando de socialismo.

Lo que efectuado libre y voluntariamente es un acto virtuoso, cuando se impone se convierte en tiranía.

Claro que siempre existe y existirá la tentación de convertir la virtud en obligación. Algunas consignas en ese sentido se escuchan por ahí. Habrá que esperar que al menos un número suficiente de ciudadanos capte el sentido de la famosa frase de Spock.

Cuando todo nos lo dan hecho, o las falsas utopías:

 No hace mucho que en un artículo de este blog surgió una acalorada discusión sobre la viabilidad del socialismo en una sociedad en la que la tecnología y los cambios sociales hubieran conseguido que todas las necesidades humanas estuvieran cubiertas.

No es mi intención repetir aquí el debate, cuya lectura recomiendo al que no lo haya hecho. Tan solo me dio pie a recordar que tales utopías se han llevado al papel y a la pantalla en bastantes ocasiones, con distintas perspectivas.

Centrémonos de nuevo en la saga de la que acabamos de hablar, pero una generación posterior. Una nueva tripulación surca el espacio a bordo de una nueva nave estelar. No es lo único que ha cambiado. La sociedad que describe también lo ha hecho, como reflejo de la de la nueva época en la que se emite la serie. Del optimismo explorador y desvergonzado de finales de los 60 se pasa al pensamiento acomplejado y new age, buenista e hipócrita de finales de los 80.

Aunque posiblemente, uno de los motivos del cambio provenga de uno de 4.- replicadorlos cachivaches más surrealistas y delirantes de la ciencia ficción: el replicador de alimentos. Para el que no sepa de qué hablo, me explico: en las naves estelares y las viviendas se dispone de un aparato que crea “de la nada” todo lo que se desee. Incluso los hay en lugares públicos.

Estamos pues, en una sociedad en la que todo el mundo tiene su vida solucionada. A nadie le falta de nada. Y así describen a la Federación como un paraíso sin crímenes, sin enfermedades, sin pobreza, sin problemas, donde sus felices y satisfechos habitantes ya no usan el dinero. Trabajan por realización personal, si quieren trabajar.

Sin embargo, no hay más que leer entre líneas de esta utopía new age para darse cuenta de que no es cierta. De hecho, en las últimas temporadas y en otras series paralelas, las cosas se vuelven más interesantes cuando empiezan a explotar esos “defectillos” del sistema. “Es fácil ser un santo en el paraíso”, le espeta un oficial de un puesto fronterizo, harto de hipocresías, cuando un representante del gobierno establecido, el protagonista, por cierto, le exige obediencia y sensatez (y abandonar a la esclavitud y la muerte a una población entera de sus propios ciudadanos, los cuales, como son muy malvados, se oponen) por el “bien común”.

Al contrario de lo que ocurre en la serie anterior, las autoridades civiles de la Federación ya no aparecen por ninguna parte. Ahora es la Flota Estelar (los militares, vaya) quien toma todas las decisiones. Sí, todo muy de buen rollito, paz y amor, pero te sueltan un bombazo como saques los pies del tiesto.

Es de suponer que la base del bienestar de los habitantes de la Federación es el replicador. Pero siendo un poco lógicos (sí, ya sé que estamos hablando de fantasía, pero incluso ésta debe tener cierta coherencia interna, y la serie, aunque tarde, acaba teniéndola) algo así debe de necesitar ingentes cantidades de energía y consumir igualmente muchas materias primas.

5.- battleY así tenemos grandes imperios en perpetuo conflicto, combatiendo por esos recursos y convirtiendo a sus ejércitos en la casta dominante en sus sociedades, y a los individuos actuando continuamente para lograr una de esas cosas que no pueden tener con el replicador: el prestigio. Da igual que estemos ante brutotes buenos salvajes como los klingon, taimados como los romulanos (una lástima que de enemigos honorables los transformaran en fascistas de opereta), o melosos y cargantes moralistas, políticamente correctos, como la Federación. Al final tenemos una férrea dictadura militar en todas partes. Una casta superior en la que para entrar hay que ir recomendado y superar duras pruebas de selección.

Sí, ya sé que dije que la gente trabaja para realizarse, pero si quieres hacerlo en la Flota Estelar, es decir, si quieres ser de la casta dominante, el estamento respetado y admirado, te las vas a ver canutas.

Claro que esto no demuestra nada. No significa que de existir un cachivache así, el mundo sería como lo describen en la serie, donde as cosas suceden así porque de esta forma lo han decidido los guionistas. Pero no es a eso a lo que voy. Lo que me interesa señalar de todo este asunto es que aunque obviamente lo sea, la serie no pretende ser una distopía como en otras obras (Firefly, Starship Troopers…), sino que nos lo intentan hacer pasar como utopía.

Lo que debería llamar la atención es que para los productores y guionistas, así como para una parte importante de los espectadores, el mundo descrito en Star Trek, La Nueva Generación es un lugar idílico, donde la gente no tiene que preocuparse en absoluto de la política, ni realmente de nada, porque es feliz y tiene la tripa llena. Donde unos tipos bienintencionados y moralmente elevados (y armados hasta los dientes) proporcionan protección y seguridad. Y claro, la forma de hacerlo la deciden ellos.

Hay que decir en su favor que hacia las últimas temporadas de la serie, empiezan a sacar conclusiones de todo este tinglado, y la cosa se pone interesante. Porque claro, hay ciudadanos que tienen ideas propias sobre lo que quieren hacer con sus vidas, y esas ideas en ocasiones chocan con las de esos tipos tan sabios y buenos. En ese momento, y siempre por su bien, pasan de ser unos admirables guardianes a unos represores tiránicos, pero sin perder la sonrisa ni su pedestal de moralidad intachable.

Y es aquí cuando la misma serie pasa a no entender la frase del señor Spock a la que aludía antes.6.- sheldon and spock

En fin, espero que me disculpen por mi ataque de excentricidad veraniega, y déjenme recomendarles que, en caso de que no lo hayan hecho, den un repaso a las historias de fantasía y ciencia ficción clásicas. En ocasiones contienen más de lo que aparentan.

Larga vida y prosperidad.