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En busca de nuevos pastos, líbreme de estos pastores y sus perros

escrito por Luis I. Gómez 10 julio, 2013

Cuando era niño aún quedaban ovejas en mi pueblo. El pastor y sus perros las movían de pastizal en pastizal buscando la hierba más alta, más fresca, menos azotada por el sol. Mi padre siempre me decía entonces aquello de que “para ser feliz, en ocasiones hay que moverse, como las ovejas”, sobre todo cuando yo protestaba ante una tarea que se me antojaba farragosa, incluso innecesaria. Disfrazar de farragoso lo que no nos gusta o nos cuesta trabajo es una actitud infantil que abandonamos con el tiempo. Las ovejas no. No lo hacen porque les da igual. Qué cosa mejor que ir de un sitio a otro para encontrar el mejopr pasto? Acaso existe una alternativa para las ovejas? Ver la televisión? Jugar en el ordenador? Tumbarse a la bartola en una ladera pintoresca a disfrutar del paisaje? Qué demonios… beeeeeeee… es eso del paisaje?

Además, están los perros. Esos amables “brazos armados” del pastor que nos guían de momento feliz en momento feliz gracias a la música encantadora de sus ladridos amenazantes o, llegado el caso, a  mímica disuasoria de enseñar unos caninos afilados que, las ovejas no lo dudan, pueden hacer mucho … beeeeee… daño. Benditas ovejas en su simplicidad.

Me dicen en twitter que el sistema que tenemos es un sistema democrático al que le bastarían  un par de reformas para ser el paraíso terrenal. Qué casualidad! Lo mismo que pudiese haber dicho el pastor a sus ovejas para motivarlas a cambiar de pradera: mirad! la hierba allí sí que es fresca! Y zas, los perros a ladrar y las ovejas al trote hacia su nuevo paraíso rumiante. Hierba nueva con mismos pastores y mismos perros. El sistema no ha cambiado.

Me dicen en twitter que se debe cambiar al pastor, que hay uno en el pueblo de al lado que es buenísimo y no pierde ovejas.

Me dicen en twitter que también habría que cambiar a los perros, que los de mucho pelo son mejores que los de poco pelo, y ladran diferente.

Pero a nadie se la pasa por la cabeza que tal vez, y digo sólo tal vez, sea necesario dejar de comportarse como ovejas, olvidar los perros y los pastores. Abominar de ellos incluso.

rebano_humano_ovejasEl sitema político español tiene de democrático lo que las laderas de mi pueblo de tropicales: los dos son sistemas. Las laderas de mi pueblo son un eco – sistema, el sistema político español es un mangui – sistema.  La cosa es fácil: el rebaño bien educadito en que su felicidad reside en tener salud, dinero y amor.

– La salud es cara, pero la pagamos todos, beeeeeeeeeee

– El dinero escaso, pero lo repartimos o lo imprimimos o se lo pedimos prestado a los nietos, beeeeeeee

– El amor es un lujo, pero la justicia social se necarga de que nadie se suicide por error, beeeeeeeee

Y para que nadie, repito, nadie se quede fuera del paraíso, son necesarios los pastores y sus perros:

– Siempre habrá cabrones carneros que pretendan ir a otro sistema de salud creyendo que es mejor. Egoístaaaaaaasssss

– Siempre habrá cabrones carneros que pretendan guardar/gastar para/en sus hijos y amigos lo que ganan. Egoístaaaasssss

– Siempre habrá cabrones carneros que quieran decidir por su cuenta cómo y a quién ayudar. Egoistaaaaaaaaaasssss

Y esto estimados lectores es intolerable, ….. si ustedes son ovejas.

Si ustedes no son ovejas se darán cuenta de que no encontraremos nuevos pastos cambiando pastores y perros. Se darán cuenta de que da igual rebelarse hoy contra los perros de pelo largo para reconocer mañana que deberemos hacer lo mismo frente a los perros de pelo corto. Que es indiferente el origen del pastor y el color de su boina, pues no se trata de ser feliz según de qué lado de la boca le caiga la paja que mordisquea el del bastón, sino persiguiendo el deseo individual que nos levanta por las mañanas y que, estoy seguro, es tan diverso e individual como nuestras huellas dactilares.