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Tolerancia, violencia, libertad. Un apunte breve

escrito por Luis I. Gómez 20 junio, 2013

Me entero por José Carlos Rodriguez  que a la indeseable Marine Le Pen quieren llevarla a juicio por comparar a los musulmanes con los nazis:

 

Permítanme unas reflexiones sobre la cuestión de la libertad de expresión, la tolerancia y la violencia.

a. Por un lado tenemos a quienes exigen comprensión hacia los muslmanes „ofendidos“. Lo hacen porque de este modo se aseguran la “protección frente a la ofensa“ de su propia mercancía de fe.  O porque temen que de no hacerse nada ante los contínuos ataques verbales a los musulmanes, éstos puedan ejercer represalias violentas que serían respondidas con más violencia por “Occidente”

b. Por otro lado están quienes rechazan la intervención violenta de la justicia contra este tipo de ofensas (sin que crean necesario protestar cuando la justicia censura otro tipo de actuaciones) y luego, a la hora de la verdad, se rasgan las vestiduras reclamando una pronta intervención militar allí donde sus creencias lo estiman oportuno.

No pocos libertarios, y muchos autonominados liberales son incapaces de sustraerse de tales  razonamientos (yo en su día podría perfectamente haberme colocado en el grupo segundo), olvidando de forma imperdonable que las dos posturas descritas se encuentran alejadísimas de conceptos como Libertad, Humanidad y Tolerancia.

1. Antes de nada, dejar claro que no existe ninguna justificación para masacrar, matar, intervenir, privar de libertad a nadie por los delitos que probablemente hayan cometido otros. Demonizar/atacar a “los muslmanes” es colectivismo injustificable desde cualquier moral que me sea conocida.

2. Que la señora Le Pen compare a los musulmanes con los nazis alemanes no es un „crimen“. Es absolutamente irrelevante si esta buena señora dice esto, se dedica hacer películas porno, o proclama su intención de prohibir a los homosexuales darse besos en el metro de París. Tiene perfecto derecho a proclamar su visión particular del mundo. La „ofensa“ no es una categoría jurídica con sentido.  Y no lo es porque no existe norma para ello: cuando yo me siento ofendido (no importan los motivos) se trata de algo estrictamente personal: mi problema. Y no puedo hacer a nadie responsable legal de que me siento ofendido.

3. La censura preventiva, para evitar acciones violentas de los „ofendidos“ es injusta y supone la rendición ante los violentos entre ellos: estaríamos  poniendo en sus manos el poder de matar para generar censura.  . Por la misma razón, la persecución de este tipo de “declaraciones” también carece de todo sentido. La violencia sólo es justificable en la propia defensa de la libertad.

4. Esto último no justifica intervenciones militares de estado. Cada uno debe luchar por su propia libertad. No se puede obligar a nadie a ser libre mediante la violencia sobre otros.

Considero las palabras de Le Pen absolutamente absurdas e injustificadas, amén de colectivistas y por tanto inmorales. Pero en ningún caso son perseguibles, punibles o censurables.

Con la cantidad de tonterías ofensivas que decimos todos todos los días, ¿se imaginan la de jueces que íbamos a necesitar?