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Los rinocerontes y la ley de la oferta y la demanda.

escrito por Arturo Taibo 1 marzo, 2013

RINOCERONTES

 

 

 

 

 

 

 

Los legisladores y los políticos en general suelen creer que las leyes están por encima de los deseos de la gente y de la condición humana. Pero por mucho que se empeñen en prohibir cosas o en obligar a la gente a hacer otras, los efectos indeseados de las leyes no se pueden eliminar.

Hace más de 35 años que se prohibió el tráfico de cuernos de rinoceronte con el objetivo de evitar su extinción. Sin embargo la prohibición del comercio de cuerno de rinoceronte parece que está teniendo unos efectos contrarios a los deseados.

La “medicina” tradicional china usa el polvo de cuerno de rinoceronte para alguno de sus medicamentos y la ley de la oferta y la demanda ha hecho el resto:

“El comercio de cuernos de rinoceronte es ilegal desde 1975, pero ante la reducción de la oferta, la prohibición ha hecho subir los precios y fomentó el desarrollo de una industria de la caza furtiva que usa tecnologías sofisticadas, como la persecución con helicópteros, dijeron los expertos.”

Las buenas intenciones de los legisladores no han impedido en esta, como en otras muchas ocasiones, que los resultados de la ley sean contrarios a los deseados. Pero parece que la imprescindible prudencia con que se deberían considerar los pros y los contras de cualquier ley sigue sin ter tomada. El proceso siempre es el mismo: se populariza un “problema social”, a continuación aparecen los políticos prestos a solucionar el problema y se saca una ley con el propósito de solucionar el problema sin tener en cuenta todas las consecuencias de la ley. El objetivo en realidad es hacer ver a la gente que los políticos y la política son imprescindibles para solucionar sus problemas.

¿Que la ley provoca un problema mayor del que pretendía solucionar? ¡¡No hay problema!! Los políticos sacarán otra ley… y encima se pondrán medallas.

Los rinocerontes casi se han extinguido para que ahora algunos ecologistas se den cuenta del error. Esperemos que los políticos deroguen la prohibición antes de que no haya rinocerontes que “proteger”.