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Somos los mejores

escrito por Germanico 28 enero, 2013

Generalmente cuando hacemos juicios de valor explícitos sobre los demás, implícitamente los estamos haciendo sobre nosotros mismos. Si calificamos a alguien de imbécil se da por supuesto que nosotros somos inteligentes, e igualmente, si decimos de alguien que es buena persona queremos decir que nosotros, reconozcámonos o no como buenos explícitamente a nosotros mismos, somos sabios conocedores de lo que es correcto e incorrecto, lo que nos convierte al menos en buenos en potencia, en buenos en esencia, que si han obrado mal ha sido por las circunstancias.

evolutionVersan en general nuestras evaluaciones sobre la inteligencia, la moral y sobre la capacidad sexual. Desde un punto de vista evolucionista tiene esto todo el sentido del mundo: más inteligente implica una mayor habilidad cognitiva para resolver problemas, y la vida está llena de ellos, siendo los mismos indicadores de que algo marcha mal de cara a la supervivencia. La moral está relacionado con lo que es bueno y malo, y el bien y el mal están vinculados a lo que contribuye a mantener los lazos del grupo o a destruirlos. Como animal que ha evolucionado y prosperado en grupos no hay que tomar el fruto de ningún árbol del conocimiento para darse cuenta de las implicaciones de esto. En cuanto a la capacidad sexual es natural que nos obsesione, siendo algo tan relacionado con la descendencia. Aquí, eso sí, debe distinguirse claramente entre sexos. De las mujeres se evaluarán pechos, traseros, juventud, pelo y, desde luego, muchos aspectos del cuerpo y del comportamiento que sugieran salud o enfermedad, en resumen su potencial para la fertilidad. Esto está muy estudiado ya en la psicología evolucionista. De los hombres en cambio el sexo no es el mayor de los problemas, a pesar de el afán comparador del tamaño de los penes que tantos tienen. Un hombre también debe tener aspecto de buen fertilizador, pero no es tan fácil de apreciar por su aspecto externo. Sí, en cambio, se pueden valorar con bastante fiabilidad por su aspecto la fuerza que tiene para luchar por su pareja y por su descendencia. Así que los hombres altos y anchos de espaldas y brazos gozan de cierta reputación. Aunque lo que más garantiza la seguridad y más tangible resulta son los recursos. Todos sabemos que hay camioneros con un aspecto externo que da “la talla” evolutiva, pero que no tienen una apreciable puntuación en la valoración de las féminas ni una ventaja particularmente destacable en la selección sexual. Y sin embargo un contrahecho millonario puede ser valorado como un gran partido para una mujer fértil y casadera. Curiosamente dónde confluyen las valoraciones de sexo y moral es dónde se encuentran algunas de las más interesantes implicaciones sobre nuestra naturaleza.  Pero en fin, de todo esto han hablado ya muchos psicólogos evolucionistas con mayor detalle y matices que yo, y tampoco es el asunto de esta reflexión.

La cuestión es la que señalaba al principio. Hagan todos una reflexión profunda, conózcanse a sí mismos. No se precisa ningún OM! ni tampoco ninguna fórmula matemática, sólo requiere reflexionar (reflejar) un poco sobre nosotros: ¿Por qué estamos permanentemente evaluando a los demás? Sí, sí, amigos, no se escaqueen ni nieguen lo que saben que es cierto. Algunos con práctica y conocimiento consiguen eludir muchas de sus evaluaciones o encubrirlas con un (es)tupido velo. Se supone que uno es MEJOR si no hace demasiadas valoraciones…ejem….explícitas sobre los demás. Se le llama discreción, discreción en un sentido amplio que va más allá de guardar un secreto. Pero esa discreción es un mensaje de fiabilidad para los demás, permanentes evaluadores de nuestro aspecto y también de nuestro comportamiento. Si ven que no somos BOCAZAS nos valorarán como discretos y confiables. En fin, jugamos a elevarnos por encima de la media en cuanto a fiabilidad, respecto a los valores, lealtad, etc. Jugamos, en definitiva, un juego que consiste en valorar interiormente y ser bien valorados exteriormente. Y digo yo: ¡Qué listos somos! ¿eh