Ilusionismo Deluxe

Soy un pueblerino, pero no crean que me dejo impresionar fácilmente. Los pueblerinos de ahora no somos como los de antes. Ni siquiera creo que los pueblerinos de antes fueran como los pueblerinos de antes. Pero la magia, oh, la magia, es algo de larga tradición. Y un hombre de ciencia miraba en el pasado a los magos con cierto desdén, pues representaban, junto con los sacerdotes, y en ocasiones fundidos en una sóla figura con estos, la casta de dominadores del engaño, que usaban el brazo de hierro del ejército para tener al pueblo domeñado. Los caballeros se hicieron con el poder nominal con facilidad, pero siempre se guardaron de no ofender a los sacerdotes y a los hechiceros. En algún momento impreciso los sacerdotes declararon toda magia como superstición y engaño del diablo, siendo solamente los milagros de nuestro divino señor los que desafiaban las leyes de la naturaleza, unas leyes que, por otro lado, no eran bien conocidas, siéndolo ahora no mucho más. Bien, el caso es que llego la modernidad con las ciudades, el mercantilismo, la ciencia con su mecanicismo y todas esas cosas y también la magia. Quizás el orden cronológico o el juego de fuerzas sociológicas descritos no sean muy buenos, y nos hagan pensar en la Tierra Media de Tolkien, ahora tan de moda con los Hobbits, da igual. Lo que antes parecían milagros, cosas sobrenaturales y magia, esteeeee…..¡¡¡¡siguen pareciéndonoslo ahora!!!

Si, es cierto, ahora sabemos que son trucos, muy buenos trucos, trucos que juegan con nuestra ilusiones perceptivas igual que la Tontería Nacional de la que ayer hablaba juega con nuestras ilusiones cognitivas, nuestra pésima capacidad estadística innata (que Kahneman & Tversky desvelaron). El caso es que hay ilusionistas de gran talla, y si no ganaran dinero dando su espectáculo muy probablemente podrían dedicarse a robarnos las carteras, averiguar nuestros PINs de las tarjetas y sisarnos toda la pasta. Pero, ay, les gusta ilusionar a la gente. Ahora, para que la ilusión sea doble, la combinan con el humor. Se ríen de ti, o contigo, y sacan no ya de una chistera una paloma, sino cualquier cosa de cualquier sitio. O eso parece. Las apariencias engañan, reza el refrán. Nunca más cierto que en un espectáculo de magia o, más propiamente dicho, de ilusionismo. Yo ayer, pueblerino, asistí a uno en mi vecina Villalba, en la que actuaron algunos magníficos ilusionistas. El espectáculo era benéfico, lo ofrecían para recaudar fondos para la Fundación Pita López. Dicha fundación proporciona ayuda a personas que han sufrido daño cerebral y no disponen de medios para costearse los caros tratamientos neurológicos, que, por otra parte, no cubre la seguridad social.

Me gustó ver el espectáculo, y hasta formé parte de él, en mis 5 minutos de gloria Warholiana, cuando uno de los magos, Javier Martínez, decidió sacarnos a mi y a un amigo al escenario para utilizarnos de pardillos-ayudantes en uno de sus trucos.

Pero lo que más me gustó fue descubrir a qué iban destinados los fondos, y el vínculo mágico entre ilusionismo y el cerebro, que ya Susana Martínez Conde ha empezado a estudiar, y que en este caso tiene la magia del establecerse, de forma milagrosa, con las enfermedades de ese generador de ilusiones que tanto desilusionan.

En fin, todo muy divertido y entrañable. Deseo lo mejor para este tipo de iniciativas.

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Germanico

No hay aprendizaje sin error, ni tampoco acierto sin duda. En éste, nuestro mundo, hemos dado por sentadas demasiadas cosas. Y así nos va. Las ideologías y los eslóganes fáciles, los prejuicios y jucios sumarios, los procesos kafkianos al presunto disidente de las fes de moda, los ostracismos a quién sostenga un “pero” de duda razonable a cualquier aseveración generalmente aprobada (que no indudablemente probada), convierten el mundo en el que vivimos en un santuario para la pereza cognitiva y en un infierno para todos, pero especialmente para los que tratan de comprender cabalmente que es lo que realmente está sucediendo -nos está sucediendo.

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