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En defensa de Juan Luis Cebrián

escrito por Burrhus el elefante neocon 2 noviembre, 2012
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Nota previa: No tengo el menor interés en mofarme de la situación por la que está atravesando una plantilla que puede ver cómo casi 150 de sus compañeros tienen que buscarse otro empleo en una nación con un 25% de paro, con un severo riesgo de quiebra institucional y sin esperanza. Ni de hacer saña. Palabra de emigrante en paro.

Lo que está ocurriendo en el diario El País roza lo demencial. Básicamente, PRISA lleva bastantes años atravesando una situación económica realmente delicada, que ha incluido la entrada de un fondo de inversión como Liberty Acquisition Holding, y cuya última noticia ha sido el anuncio de unas pérdidas de 5,3 millones hasta septiembre.

Antes de eso, hemos tenido el anuncio de un ERE que afecta a casi 150 personas, una filtración de la lista anterior a la notificación a los propios interesados (hecha, además, por correo electrónico), excusas de mal pagador, correcciones con retazos de autocensura, cartas que nunca debieron publicarse, cartas de despedida con aroma a diatriba, cuchillos que vuelan de un lado para otro, reproches sin sentido, peticiones de sensatez, huelgas, lo que estaré dejándome por el camino y, aunque no se quiera reconocer, una pérdida de calidad que dura ya más de una década y una pérdida del valor de las acción de PRISA que ronda el 90%.

Internamente, la situación no puede ser peor. Por un lado, tenemos una plantilla que sigue una línea editorial basada en una ideología (la socialdemocracia y el intervencionismo económico) que la realidad contable se esfuerza en rechazar una y otra vez. Por otro lado tenemos a una empresa como Liberty que, cuando decidió entrar en el capital de PRISA, no lo hizo para ser guays o para salvar el piriodihmo de kalidah. Lo hizo para ganar dinero. Y PRISA no está ganando el dinero que ellos esperan, de modo que han decidido adoptar medidas que afectan al personal. Luego ha pasado lo que ha pasado.

Carezco de conocimientos sobre cómo está montado el sector de la prensa de papel, más allá de lo obvio: que se factura muchísimo menos por publicidad, que cada vez más la gente se está pasando a dispositivos móviles que hacen del periódico algo prescindible y que no hay medio de comunicación que esté escapándose de los EREs. Pero sí creo tener conocimientos suficientes de contabilidad para saber que, cuando tienes pérdidas de forma regular y el negocio es cada vez más decreciente, debes adoptar medidas severas.

¿Qué está haciendo Juan Luis Cebrián, en conjunto con los departamentos de contabilidad y recursos humanos? Lo único que puede hacer: poner a un montón de gente en la calle y buscar fórmulas para que la empresa sea lo más eficiente posible. Seguramente habrá sopesado diferentes posibilidades, tales como reducir el sueldo a todo el mundo en un porcentaje para intentar que no se pierda personal, u otras ideas. No tengo información alguna y no pretendo meterme en casa ajena. Pero es como normalmente se actúa en estos casos. Ya les digo que si alguno de ellos tiene alguna idea para aumentar los ingresos, les escucharán encantados.

Tristemente, dudo mucho que la plantilla entienda que la realidad contable no es una socialdemocracia a la que venderle humo, sino que, o te ajustas al presupuesto y a los objetivos, o cierras. Y si cierras, toda la plantilla acaba despedida, y no el 30%. Lo digo por una carta, ya (censurada) retirada, a Juan Luis Cebrián, por parte de los redactores de uno de los blogs de El País, en la que se rajaba a lo grande de él. No soy precisamente un admirador del personaje, pero creo muy interesante analizar los argumentos expuestos. Dicen mucho, no ya de las contradicciones entre la línea editorial y la realidad empresarial, sino del modo de pensar de nuestra generación prima. Algunas joyas son:

Salimos muy baratos porque tenemos muchas ganas de trabajar, aunque sea gratis. Como suponemos que ignora, desde Prisa solo nos llegan asépticos mails con el eslogan “inteligencia de mercado” debajo del logo de la empresa y con los visitantes que tiene este blog. Decenas de miles el último mes. Usted se aprovecha del capital simbólico que generan nuestras ideas y la imagen que da que El País, aunque sea en un blog, reconozca determinadas cosas. También se ha llegado a situar estratégicamente numerosos tipos de propaganda bajo nuestros nombres y caras y en la parte superior del blog, aunque nunca hayamos recibido retribución económica por ello.

Ya quisieramos tener en Desde El Exilio la posibilidad de difundir nuestras ideas en un medio de comunicación de la potencia de El País (o de cualquier otro de gran difusión). En este momento nos encontramos en la posición número 5 en el ranking de blogs más votados para el Premio a Mejor Blog Periodístico de Bitácoras.com, pero ni tenemos la difusión ni la repercusión que creemos que nuestro trabajo, gratuito, merece. No es para menos: Todo blog tiene un precio… de mantenimiento. Y, por lo caro que es, parece perfectamente comprensible que El País quiera un retorno por su inversión. Porque, puestos, me temo que “Tú ibas de azul” no es rentable ni en El País ni publicado de forma independiente. Por otro lado, no sé si es igual de “estructural” el trabajo del corresponsal en Washington o de Fernando Garea que, con el debido respeto, un blog cultural regional.

“Desde aquí, a pesar de desconocer si llegará a leer esto, le proponemos algunas ideas muy rentables para llevar a cabo esa “profunda transformación” que quiere hacer en su periódico y poder así, suponemos, seguir cobrando sus (esto sí) 13’6 millones de euros anuales.”

[…] puede llenar las universidades con ofertas para prácticas ¡gratis! en el periódico (está comprobado: lo gratis tira mucho en España).

Las Universidades ya están llenas de ofertas para prácticas gratis en un montón de empresas. Técnicamente, El País está en desventaja competitiva.

[…] le proponemos que lance becas por doquier (sí, son precarias, pero oiga ¿y la experiencia?, ¿y lo que enriquecen?)

Un salario lo marcan muchos factores. Uno de ellos es la productividad (que en el caso de la gente sin experiencia, es baja). Otro de ellos es lo que pueda ofrecerte la competencia (teniendo en cuenta que PRISA es la empresa del sector más importante, dudamos que pueda mejorar lo que ofrecen).  Por desgracia, un joven tiene muy poco que ofrecer al principio.

“De esta forma, su plantilla de jóvenes precarios con perfil digital sería la materia prima de la noticia, a la vez que procesadora de ella. ¡Podrían incluso hacerse entre ellos mismos las entrevistas! ¿Y qué tal un Gran Hermano en las redacciones? Sería algo así como lo que fue convertir CNN+ en GH 24h, pero con el plus de que sus miembros, además, trabajarían. No haría falta ni tirar de agencia: El País crearía y procesaría sus propios contenidos, ¡comoTelecinco! ¿Qué le parece?”

No se preocupen. Ya no queda de lo que no nos hayamos enterado los de fuera.

“En realidad, todas sabemos que lo de la plantilla cara y vieja es una forma (bastante burda, eso sí) de excusar un recorte con un sentido puramente económico, y que no está en su cabeza eso de hacer una transformación del proyecto del periódico.”

¡¡Qué horror!! ¡¡Juan Luis Cebrián quiere tener beneficios!! Yo no tengo ni idea de si El País necesita un recorte económico o una transformación, pero lo que nadie quiere son pérdidas. Y, a día de hoy, se tienen. Recortar personal en semejante coyuntura es una medida razonable.

Vamos, que tras sus pasos ciegos de capitalista de casino con Digital+, radios en Miami y teles latinoamericanas, El País le molesta y se lo quiere quitar de encima cuanto antes. ¡Total, usted ya tiene asegurado su retiro dorado! De lo contrario, hubiera escuchado a la plantilla, en lugar de lanzar con repugnante indiferencia ese comentario de que “quien aprueba o reprueba a su presidente y ejecutivos es la asamblea de accionistas, no la de los trabajadores”, que es algo así como decir “me importa una soberana mierda lo que digáis porque yo cobro de Liberty”. Y eso está feo, Juan Luis, está muy feo.

Conviene recordar que si Liberty hubiese sabido que ante quien tenía que responder Juan Luis Cebrián no es ante ellos sino ante la asamblea de trabajadores, se habrían planteado severamente invertir su dinero en PRISA. Y sin esa inversión, los ajustes habrían sido mucho mayores.

Donde hay patrón, no manda marinero. Juan Luis Cebrián también es un empleado. Y si a sus jefes no les gustan los resultados de su trabajo, le ponen en la calle. No es que no le importe lo que diga la asamblea de trabajadores, es que tiene que decidir de acuerdo con los criterios que le ponen quien le mantiene en su cargo. Como ocurre en cualquier otra empresa. Si a los trabajadores no les gusta la gestión de Cebrián (y seguramente tienen razones para que no les guste), tienen la posibilidad de montar ellos su propio medio de comunicación de acuerdo con los criterios que les parezcan mejores.

Por último, le recordamos que con su sueldo puede pagar 400 sueldos de plantilla según convenio vigente. Que ya lo sabe, pero no está de más. Como mientras exista libertad de mercado la libertad de opinión no molesta porque es totalmente vendible, pues aprovechamos. Algo bueno nos tendríamos que llevar.

Más allá de que la idea de que la libertad de mercado sea un sarcasmo si ponemos encima de la mesa la legislación vigente, la responsabilidad del señor Cebrián desde el punto de vista laboral es enorme. Y eso debe ser debidamente retribuido. Y si quienes le mantienen en el puesto no les gustan los resultados de su trabajo, le ponen en la calle. Y pasamos de más de 13 millones de euros a 0.000.000,00 euros, impuestos incluidos.

Bien es cierto que El País es uno de los mayores oponentes a los que nos enfrentamos los liberales en términos de difusión de ideas (en términos de ideas, hace décadas que perdieron la batalla). Tampoco me cabe la menor duda de que, si la situación se diese en el otro “bando” (siempre es triste ver la caída de un diario…), ellos se alegrarían de ver la caída de uno de sus competidores (la porción del pastel es mayor). Ni por el señor Cebrián. O la familia Polanco.

Lo hago porque si hay algo perdido en este país es el respeto a quien pone el dinero y a quien se le paga por tomar decisiones. Una sociedad anónima no es una cooperativa. Y, desde luego, no es el coto privado de ningún sindicato o asamblea de trabajadores, por importante que sea escucharles (que lo es). Una sociedad anónima actúa de acuerdo los criterios establecidos por su Junta de Accionistas. Para eso se juegan su dinero. Nos irá a todos mejor si entendemos esto.

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