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Cuentas de la vieja sobre la continuidad de Garoña

escrito por Manuel Fernández Ordoñez 17 septiembre, 2012

Tras la comparecencia del Ministro de Industria el pasado viernes, todavía no está nada claro qué sucederá con la central nuclear de Santa María de Garoña. Si bien es cierto que el señor Soria no concretó demasiado las medidas tributarias con respecto a la energía nuclear, sí que podemos adelantar que la cosa no pinta bien para la central burgalesa… ni para los intereses de España.

Hagamos unas cuentas de la vieja sin conocer todavía el alcance ni la cuantía de los nuevos impuestos sacados de la manga por el último Consejo de Ministros, a ver si somos capaces de arrojar algo de luz sobre el asunto. Según multitud de artículos publicados en prensa en los últimos días, la central de Garoña habría tenido un beneficio neto de 11 millones de euros en el ejercicio 2011, habiendo producido 3,75 millones de MWh de electricidad.

Si tomamos los datos oficiales de OMIE, el precio medio del mercado eléctrico mayorista durante 2011 fue de 49,78 €/MWh. Por tanto, Garoña tuvo unos costes medios de producción de 46,85 €/MWh. Primer aviso a navegantes: Garoña (y por tanto, toda la energía nuclear) produce electricidad en torno a, o por debajo de, el precio del pool. Es decir, si la energía nuclear vende electricidad a menos de 50 €/MWh mientras que la solar fotovoltaica la vende a más de 450 €/MWh, ¿cuál creen ustedes que es la culpable del déficit de tarifa?

Por los datos que tenemos hasta ahora, el precio del pool eléctrico para este año 2012 no va a diferir mucho del precio del año pasado. Supongamos que el precio es el mismo y los costes de producción de Garoña son los mismos. Hay un hecho claro, si los impuestos son mayores de 2,93 €/MWh (precio del pool – costes de producción) la central de Garoña entra en pérdidas y deja de ser viable económicamente.

El Ministro Soria ha dicho que el impuesto a todas las tecnologías será un 6% sobre el precio bruto de venta. En el caso de Garoña sería el 6% de 186 millones de euros (49,78 €/MWh x 3,75 millones de MWh). Ese importe serían 11,2 millones de euros o, lo que es lo mismo, 2,98 €/MWh. Por tanto, únicamente con este impuesto del 6%, la central de Garoña ya entra en pérdidas.

Pero es que todavía falta el impuesto por la generación de residuos (que no sabemos cuánto será) y la ecotasa de la Junta de Castilla y León, que tampoco sabemos cuánto será. En algunos medios de comunicación se publicaba que el montante total de impuestos podía superar los 10 €/MWh, lo cual supondría para Garoña unos 40 millones de euros al año. Si en 2011 la ganancia neta fue de 11 millones, como los impuestos sean de 40 ya está bastante claro lo que va a suceder. A este importe habría que sumar los 120 millones de euros de inversión que Garoña tendría que hacer en seguridad para cumplir con los requerimientos del Consejo de Seguridad Nuclear. La conclusión es que el coste de seguir operando hasta 2019 estaría en torno a los 400 millones de euros con los nuevos impuestos. Y todavía hay a quien le extraña que Nuclenor no pidiera la renovación de explotación de Garoña ante la incertidumbre en el sector. Pero si es que hace ya dos días que salió el Ministro a pasearse delante de las cámaras y todavía no sabemos qué importe tendrán los nuevos impuestos.

Parece mentira que, en el año 2012, sigamos discutiendo lo que lleva resuelto tantos decenios. Citemos a Hazlitt, que escribió lo siguiente en 1946:

Tan esencial es para la salud de una economía dinámica dejar morir las industrias agonizantes, como permitir la expansión de las industrias florecientes. Aquéllas retienen trabajo y capital que deberían ser trasladados a industrias más prósperas. Únicamente el vilipendiado mecanismo de los precios es capaz de resolver el problema enormemente complicado de decidir con precisión, entre los miles de mercancías y servicios diferentes, qué cantidad y en qué proporción deben producirse. Es más, aplicando tal sistema se resuelven incomparablemente mejor de lo que podría haberlo hecho cualquier grupo de funcionarios.

Porque así como cada consumidor, mediante este sistema, articula su propia demanda y emite un voto espontáneo o una docena de votos cada día, los burócratas, en lugar de fabricar los objetos deseados por los consumidores, resolverían el problema pretendiendo decidir qué objetos serían más convenientes para aquéllos. No obstante, aunque los burócratas no entienden el mecanismo casi automático del mercado, se muestran siempre preocupados por él. Constantemente están tratando de mejorarlo o corregirlo, de ordinario en interés de algún grupo influyente o descontentadizo.

Como ven, en los últimos 70 años no hemos aprendido nada. Así está el país, le suben los impuestos a empresas que generan empleo y riqueza sin subvenciones para pagar las subvenciones a las que venden la electricidad 9 veces más cara. El problema es que de tanto subir impuestos conseguirán que las empresas rentables cierren. Llegará un momento en el que únicamente quedarán las subvencionadas y, por definición, ineficientes. Será entonces cuando la hecatombe eléctrica haga aparición. Vayan comprando palomitas… y un hornillo de gas, porque la vitrocerámica no creo que se la puedan permitir.