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Crítica al libro “Lo que España necesita” de Vicenç Navarro, Juan Torres López y Alberto Garzón Espinosa. (II)

escrito por Arturo Taibo 23 julio, 2012

Sigo con la crítica al libro “Lo que España necesita”, esta vez con el capítulos 3 y 4.

 

Aquí puede ver la primera parte.

 

 

CAPITULO 3: TODOS LEIRE PAJIN.

Los autores ven muy mal que alguien que haya trabajado en una empresa de un sector relacionado con un ministerio tenga luego un cargo importante en ese ministerio e incluso sea ministro del ramo. Tampoco les parece bien que gente que haya trabajado en un ministerio luego trabaje para un empresa relacionada con él.

En principio parece que la idea es buena: las antiguas o las nuevas relaciones con empresas privadas pueden llevar al político de turno a favorecer a las empresas en su trato con el Estado.

Pero el poner como ministros o altos cargos a personas que no hayan tenido nada que ver con los sectores a los que afectan esos ministerios puede llevar a abracadabrantes situaciones como la de la ex ministra de Sanidad y Consumo Leire Pajín, que por no saber no sabía decir correctamente diabetes.

Hay una forma segura de evitar los posibles tratos de favor del Estado con empresas privadas y es que el Estado no se meta en la economía. Pero dado que los autores son partidarios del intervencionismo esa solución no la ven factible.

Ahora si el Estado se va a meter en la economía y no queremos que sean ministros o altos cargos personas contaminadas por su anterior trabajo ¿De dónde sacamos a los candidatos? ¿Y cómo impedimos que después de dejar su cargo los políticos se pasen a la empresa privada? La verdad es que a un liberal que se opone a la intervención del Estado esos dilemas no se le presentan.

Evidentemente a un intervencionista sí se le plantean y las soluciones que ofrecen los autores son propias de intervencionistas: más regulaciones y normativas. Normal. Pero por mucha normativa que se ponga va a resultar muy difícil impedir que cuando el Estado se meta en la economía ninguna empresa privada se vea perjudicada o beneficiada.

Dicho lo anterior y cuando el Estado deba comprar bienes o servicios a empresas privadas se deberían establecer las medidas de transparencia y control para que esas compras se realicen en igualdad de condiciones y con criterios exclusivamente técnicos.

En este capítulo sus autores se dedican a desarrollar su particular “teoría de la conspiración”: Goldman Sachs maneja el mundo, sin comentarios.

 

 

 

CAPITULO 4 : LA LIBERTAD ES AGRESIVA

 

En este capítulo los autores cargan contra la tímida reforma laboral elaborada por el gobierno de Rajoy a principios de este año. Es más, después de más de 30 años de un modelo que, exceptuando durante unos pocos meses, y eso en la cumbre de la burbuja inmobiliaria, nunca ha estado por debajo del 10 % de desempleo y la mayoría del tiempo ha estado por encima del 15 % (A los españoles eso ha llegado a parecernos normal pero en cualquier país serio del mundo un nivel de paro próximo al 10 % se considera una catástrofe) y que ahora nos ha llevado a casi el 25 % de paro los autores no tienen el menor empacho en decir que:

 

“Los datos históricos nos permiten saber que la estrategia general que persigue esta reforma y las medidas más relevantes que contiene, que no son nuevas, nunca han permitido alcanzar los objetivos que dice el gobierno: más empleo más empleo de calidad y mejores condiciones de la economía en general. Por tanto, no hay razones para esperar que ahora puedan lograrlo.”

 

¿A qué datos históricos se refieren? España es uno de los países con un mercado laboral más intervenido y rígido del mundo y es también uno de los que más parados tiene. En concreto en el año 2011 el indice de libertad en el mercado laboral español era de 53 sobre 100. Veamos otros países:

 

USA …………….  95,7

Australia ………. 92,2

Dinamarca……… 92,1

Nueva Zelanda .. 89,2

Suiza ……………   87,8

Canadá ……….    81,7

Irlanda ………….. 77,5

 

Como se ve no existe correlación positiva entre libertad en el mercado laboral  y  malas condiciones laborales  y desempleo  (más bien todo lo contrario) en contra de los “datos históricos que permiten saber” a nuestros sabios economistas que la libertad en el mercado laboral va a traer catastróficas consecuencias.

Los trabajadores yankis, australianos, daneses o suizos son de los mejor pagados del mundo a pesar de que los mercados laborales en los que se mueven están mucho más liberalizados que el nuestro. El paro en esos países también es menor.

Pero en cualquier caso el desempleo no es sólo consecuencia de un mercado laboral rígido existen muchos otros condicionantes. En economía no se pueden establecer causas y consecuencias únicas independientes. Toda consecuencia es normalmente producto de muchas causas.

Pretender que imponiendo al empresario más cargas económicas y legales a la hora de contratar se va a conseguir generar más empleos contradice toda lógica. Por definición todo empresario intenta que todos sus costes sean variables, es decir que pueda deshacerse de ellos o incrementarlos (según la demanda de sus productos) de la forma más rápida y menos engorrosa y costosa posible. Desde el momento que el despido se convierte en algo caro y sujeto a decisiones judiciales el empresario va a intentar retrasar todo lo posible la contratación de nuevos empleados, incluso aunque la demanda de los bienes que produce sea elevada.

Y eso sin contar con las empresas que por no poder despedir a parte de sus plantillas han cerrado enviando a todos sus trabajadores al paro.

Pero nuestros economistas progresistas siguen, preguntándose:

 

“¿Llevarán razón los neoliberales y el gobierno y será verdad que con el despido más barato las empresas contratarán más empleo indefinido que temporal?”

 

Para empezar las medidas del gobierno nos parecen bastante cortas a los liberales. Pero cuando una economía ha estado tanto tiempo manipulada por la intromisión del Estado y sufre una crisis tan fuerte como la que padece la economía española las empresas, los empresarios y los trabajadores tardan en reajustarse para llegar al pleno empleo. Desde luego lo que habría que preguntarse es por qué con el anterior sistema se ha llegado a los actuales índices de paro. De eso nada nos dicen los autores del libro.

Además por muy barato que sea el despido siempre es más caro que el contrato temporal que no conlleva coste alguno.

Luego nos salen con que “La evidencia empírica nos dice con bastante claridad lo que suele suceder cuando se reduce el coste del despido… “ y nos vuelven a amenazar con todos los males: paro, empleo precario…

Es curioso como estos economistas nos hablan siempre de “datos históricos” que demuestran sus teorías o de “evidencias empíricas” que les dicen lo que van a suceder, nunca nos dicen de qué datos históricos o de qué evidencias empíricas hablan y tampoco nos dicen cuál es la causa lógica de la relación causa-efecto entre esos datos y evidencias y los hechos que dicen pueden predecir.

Pero entre medias nuestros amigos hacen toda una serie de juicios de valor y de presunciones que no son nada, nada, científicas.

 

Dicen que:

 

“con el nuevo diseño de marco laboral (la economía española) no podrá especializarse sino en el suministro de servicios de baja calidad … para ponerse a la altura de las economías más empobrecidas de nuestro entorno.”

 

¿Qué tiene que ver el coste del despido con la clase de empleo y el sector en que se cree? Pues nada. Un empresario se va a ver igual de incentivado o desincentivado por los costes del despido tanto si crea un empleo de camarera como de ingeniera nuclear.

 

Dicen que:

 

“El gobierno no ha hecho la reforma para crear empleo, ni para disminuir la temporalidad, ni para mejorar la formación, ni para facilitar la conciliación… sino para proteger a los empresarios cuando sabe que la economía no se va a recuperar…”

 

¿Pruebas? ¿Razonamientos? Nada oiga, que esto es Economía de alto nivel y aquí con  que lo digamos nosotros ya vale.

Luego continúan con que, eso sí, a su juicio, la reforma laboral de Rajoy…

 

“se basa en el principio más reaccionario e injusto que puede tener una norma: tratar igual a los desiguales”

 

Es evidente que los trabajadores no son empresarios y viceversa pero ¿Es por ello necesario que la ley favorezca a unos y perjudique a otros? Existe el mito de que los empresarios se aprovechan de los trabajadores y que si no hay leyes que protejan a los trabajadores estos serán explotados por los empresarios. Pero esa premisa se basa siempre en la presunción de que el empresario va a tener muchos trabajadores entre los que elegir un candidato. Pero eso no es mas que… una presunción.

Lo que persigue todo empresario es ganar dinero, cuanto más y más rápido mejor. El empresario, por otro lado, va a intentar contratar a la menor mano de obra posible. Pero mientras que exista demanda de sus bienes y obtenga beneficios y el empresario necesite trabajadores los va a contratar. Ningún empresario por mucho que “odie a los trabajadores” va a prescindir de ellos mientras que pueda ganar dinero. Y si no lo hace un empresario otro contratará a los trabajadores.

Y eso nos lleva a que, exceptuando al desempleo friccional, el campo de juego va a estar equilibrado: el mercado va a tender al pleno empleo.

Puede que en unas ocasiones el empresario tenga donde elegir pero puede que en otras no. Lo curioso del caso es que si un trabajador se va a otra empresa que le paga más o le da mejores condiciones de trabajo o si negocia al alza su sueldo con una empresa debido a que es consciente de que la empresa necesita urgentemente de trabajadores con su cualificación en ese caso no hay “desigualdad” (y la ley no tiene que castigar al empleado).

La desigualdad sólo aparece en caso de que sea la empresa la que ante el elevado número de candidatos pueda imponer sus condiciones, evidentemente salarios bajos y/o peores condiciones laborales. Y claro, esa desigualdad sí que hay que castigarla.

Pero la consecuencia de impedir esa “desigualdad” es que el mercado laboral nunca va a poder equilibrarse. En efecto si ante la existencia de muchos trabajadores buscando empleo las empresas no pueden bajar los salarios entonces nunca podrán contratar a todos los trabajadores. Tampoco podrán obtener los beneficios para invertir y crear nuevos empleos y tampoco podrán bajar los precios de sus productos.

Si imponemos a un mercado, en este caso el laboral, un precio de un bien por encima del que tendría en condiciones de libertad entonces lo que se producirá irremediablemente es un exceso de ese bien por parte de la oferta y en cambio faltará la demanda de ese bien. En el mercado laboral si el coste de la mano de obra es superior al que habría en condiciones de libertad, lo que va a pasar es que el desempleo será crónico.

Nuestros amigos economistas autores de este libro no han hecho las anteriores reflexiones, bueno ni esas ni ninguna. No, no es correcto, sí hacen una reflexión: que sin altos salarios, y los altos salarios no se producen por la elevada productividad sino por la coacción a las empresas mediante leyes, convenios colectivos y sindicatos, no hay demanda y que si no hay demanda no hay elevados salarios.

Repitamoslo: sin salarios altos no hay demanda y sin demanda no hay salarios altos.

¡¡Genial!! No importa la productividad, los beneficios de las empresas, el ahorro… lo único que importa es la demanda y no la demanda producto de decisiones voluntarias sino la demanda fruto de unos elevados salarios obtenidos gracias la coacción.

Y ¿Qué pasa si una empresa ante un descenso en la demanda no puede pagar los salarios que marca la ley y tiene que cerrar? Pues que entonces los salarios no son ni bajos ni muy bajos son cero.

Y ¿Qué pasa si una empresa tiene una demanda elevada? Pues que puede que el empresario se lo piense antes de contratar a trabajadores de los cuales no se va a poder deshacer en caso de que la demanda vuelva bajar y en vez de contratar a más trabajadores decida subir los precios (obtiene mayores beneficios y no se arriesga a incurrir en mayores gastos fijos, que recuerden es lo último que quiere cualquier empresario).

Pero es que estos tres economistas nos meten de lleno en el universo keynesiano donde no importan los costes, los cambios de demanda y oferta, la productividad, la inflación, aquí sólo importa la demanda y la demanda agregada. Y da igual que esa demanda se genere con gasto público que dando préstamos a todo el mundo, la cuestión es generar demanda. Y una de las formas (según ellos) de crear demanda es imponiendo sueldos elevados que serán gastados (ya se sabe que los trabajadores no ahorran). Si luego las empresas obtienen menos beneficios eso es irrelevante.

Y sigue el libro con nuevos “análisis empíricos que demuestran…” pero no nos dicen en qué consisten esos análisis empíricos, vaya pena. Y ¿Qué demuestran sus análisis empíricos? Pues lo normal: que es la demanda y la abundancia de crédito lo que determina el nivel de empleo y no los salarios. Incluso dicen que bajando los salarios aumenta al paro.

Pero cuando uno flipa, y perdonen la expresión, es cuando dicen que su teoría queda demostrada por el hecho de que:

 

“España fue el país que más puestos de trabajo creó en la anterior etapa de expansión económica”.

 

Sí, lo han entendido bien: para demostrar su teoría es necesaria una burbuja de carácter histórico. ¿Y qué pasa cuando la burbuja explota?

Aunque antes de todo esto hacen una curiosa reflexión el nuevo marco laboral es:

 

“una puerta abierta a la arbitrariedad, tratando de imponer por la fuerza una docilidad que es todo lo contrario de lo que necesita una empresa para ser cooperadora y eficiente”

 

Es decir que presuponen que el empresario va a imponer a sus trabajadores una “docilidad” que va a hacer a su empresa menos eficiente. ¿Por qué? ¿Acaso todos los empresarios van a gestionar su empresa de tal manera que el maltrato a sus trabajadores haga su negocio menos eficiente y por tanto de menos beneficios?

Nuevamente los economistas de este libro piensan que los empresarios son tontos. Pero no algunos, porque en ese caso los que tratasen a sus trabajadores de tal manera que hiciesen su empresa más eficiente se acabarían imponiendo, sino que TODOS los empresarios son tontos. Supongo que tendrán algún estudio que apoye esa teoría.

Y ya para terminar la panacea: crear cinco millones más de funcionarios para acabar con el paro. No dice nada de de dónde iba a salir el dinero para pagar a esos funcionarios, bah, detalles sin importancia (no, perdón luego nos lo dicen, pero casi que es peor y mejor se hubiesen callado).

 

Y finalmente las conclusiones:

España necesita más gasto público, más crédito para las empresas y más funcionarios. Otra burbuja vamos.

Y de dónde sacamos el dinero. Pues aumentando la presión fiscal. Pero como eso de subir los impuestos como que no gusta a la gente pues entonces se acude al culpable fácil: “el enorme fraude fiscal” es decir que el coste del mayor gasto público lo pague “el otro”, “el rico”, “el que se lo merece”.

Los autores piensan que el acabar con el presunto fraude fiscal no va a tener consecuencias indeseadas. Pero nadie acepta que le confisquen parte de su riqueza sin tomar alguna medida. De hecho el origen del fraude fiscal es la reacción de las personas contra la confiscación de su riqueza.

¿Qué pasará si parte de la riqueza que generan los defraudadores fiscales deja de ser producida? Al fin y al cabo se puede obligar a la gente a pagar impuestos pero no a producir riqueza.

¿Que pasará si los defraudadores deciden no invertir más al obtener menos beneficios?

¿Qué pasa con el pequeño fraude que permite a mucha gente sobrevivir aunque sus ingresos declarados sean muy bajos o incluso nulos? ¿Se ha calculado el importe de este tipo de fraude?

¿Qué pasará si los “ricos” deciden ante los nuevos impuestos que tienen que pagar subir los precios de los bienes que producen y repercutirlos en la clase media o en los pobres?

Por otro lado ¿Se ha analizado la demanda que satisface a los que generan el dinero negro, la demanda que generaría los nuevos funcionarios y la oferta de bienes que ofrecerían los nuevos funcionarios?

Además incluso aceptando los números de los autores, que cifran el fraude fiscal en España en 75.000 M€, ni siquiera acabando con todo el fraude fiscal se conseguiría acabar con el déficit público, mucho menos generar ingresos fiscales para pagar a millones de funcionarios.

Los autores parecen pensar que sólo con aumentar la participación del Estado en la economía y la presión fiscal se va a generar más riqueza, pero no lo demuestran.

 

 

Y llegamos a las conclusiones:

Según los autores hay que aumentar el gasto público y privado. Luego nos dirán de dónde saldrá el dinero para financiar esos gastos

Dicen que la falta de creación de empleo tiene que ver con la “discriminación de las mujeres”. Pero las mujeres no sufren discriminación alguna en la legislación española. ¿No contratan los empresarios a las mujeres porque quieren “discriminarlas” o porque no obtienen beneficios de emplearlas? ¿Son tan estúpidos y/o malvados los empresarios que prefieren perder dinero a contratar mujeres?

Es curiosa la fijación que tienen los autores con la maldad intrínseca de los empresarios. Según ellos los empresarios prefieren maltratar o discriminar a sus trabajadores aunque eso les lleva a perder o dejar de ganar dinero. ¡¡Y yo, inocente de mi, que pensaba que los empresarios se dedicaban, por encima de todo, a ganar dinero!!

¡¡Bueno, ahora ya sabemos de dónde van a sacar el dinero para crear todos esos puestos de trabajo!! Del dinero que obtengan de acabar con el fraude fiscal!! Pretenden subir la presión fiscal del 35 % al 44 %. Claro que se olvidan decir que los países que tienen esas recaudaciones fiscales tienen una renta mucho mayor. Para que lo visualicen es como si se pretendiese aplicar el mismo porcentaje de impuesto a alguien que ganase 30.000 € al año que a alguien que ganase 40.000 €. ¿Se habrán dado cuenta estos chicos que la renta per cápita de España no es la misma que la de Francia, Alemania o UK?

Pero dejando de lado ese detalle, el problema de tratar de financiar empleo público o privado con dinero procedente de impuestos es que el dinero que antes gastaban los contribuyentes, en lo que sea, ahora no lo podrán gastar (se lo ha quitado el Estado) y la gente que trabajaba en producir los bienes que consumían (con el dinero que se llevaría el Estado) se quedará en el paro. Como ven no es una buena solución.

Los economistas del libro siguen sin querer ver los efectos secundarios e indeseados de sus medidas, son tan simplistas que no valoran más que el primer efecto que es el que les interesa. Pero el que desprecien los demás efectos no impedirá que inexorablemente se produzcan.