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DEFLACIÓN O QUIEBRA.

escrito por Arturo Taibo 21 julio, 2012


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DEFLACIÓN O QUIEBRA.
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(ATENCIÓN: puede que los primeros puntos de este artículo le parezca que no tienen nada que ver con la crisis, pero por favor siga leyendo. GRACIAS.)
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1.- En un principio todos eramos pobres.

Vayámonos unos 250 años atrás a mediados o finales del siglo XVIII. En aquella época todos eramos pobres. El fantasma del hambre y las epidemias estaba presente en las vidas de todas las personas.

La mayoría de la gente vivía en el campo. Trabajaban de agricultores. Los medios de transporte de la época hacían que la mayoría de la gente viviera y muriera en un entorno de menos de 50 Km de dónde había nacido. La mayoría de la gente era analfabeta. La esperanza de vida de menos de 30 años. El 70 % de los niños morían antes de llegar a los 10 años. No había médicos, ni profesores (para la inmensa mayoría de la población).

Países que hoy son potencias mundiales eran meras colonias de países occidentales o vivían en la edad media (USA, Canadá, Japón, Australia…).

En esa época todos los países estaban igualados en extrema pobreza (aunque ya los había menos pobres).
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2.- La mayor explosión de riqueza de la historia. España se queda atrás.

Como en todo cambio histórico la batalla de las ideas tuvo un papel fundamental. La libertad, la limitación del poder de los grupos de interés, la idea de enriquecerse con el trabajo. Las batallas de las ideas no se ganan (ni se pierden) totalmente nunca. Pero sí se produjo durante todo el siglo XIX una preponderancia de las ideas anteriormente dichas.

Varias fueron las causas de la explosión de riqueza del siglo XIX: aumento del comercio, acumulación de capital en personas no pertenecientes a la nobleza (burguesía), avances científicos y tecnológicos. La suma acumulada de esos tres factores consiguió que el hambre desapareciera, que el analfabetismo desapareciera, que la población se cuadruplicase y la esperanza de vida se doblase, que se construyesen cientos de hospitales, carreteras, lineas de ferrocarril, las ciudades multiplicaron su población con gente venida del campo. La gente podía conseguir cosas que hasta entonces eran consideradas artículos de lujo… como unos zapatos.

Todo eso sucedió en Europa Occidental, USA y Canadá durante el siglo XIX. Pero no en todas partes tuvo la misma intensidad. Desgraciadamente en España nos quedamos atrás.

La dificultad en las comunicaciones en nuestro país que impedía un auténtico mercado único, la falta de emprendedores que creasen una clase burguesa suficientemente amplia, las guerras civiles que asolaron España durante ese siglo… y las permanentes dificultades financieras del gobierno. Todos esos factores nos situaron en el furgón de cola de la riqueza de las naciones ya al principio de la Revolución Industrial
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3.- La Guerra Civil, la gran tragedia del siglo XX.

España tuvo su oportunidad de oro en el siglo pasado durante la IGM. Mientras el resto de Europa estaba enfrascada en la guerra nosotros permanecimos en una cómoda neutralidad desde la que abastecíamos a ambos bandos.

El dinero entraba en España como nunca antes desde la época de la conquista de América. Pero desaprovechamos la oportunidad. Nuestra “burguesía” era demasiado conservadora para emprender nada que conllevase riesgo o novedad. La mentalidad española de envidia, conservadurismo económico y del otro, y una cultura de la mentira, el engaño y la trampa impidieron que ese dinero se convirtiera en la base de un desarrollo económico que nos acercase al nivel de vida de otros países de Europa, América, Asia u Oceanía.

Si a eso añadimos los inicios de nacionalismos extremistas y la izquierda más intolerante y totalitaria de Europa Occidental las cosas no pintaban bien.

Y efectivamente la mezcla de un país que no acababa de entrar en el desarrollo económico y movimientos políticos extremistas, en un entorno de regímenes totalitarios de los años 30 en Europa, acabó en una guerra civil.

La Guerra Civil destruyó España, y aunque la IIGM destruyó Europa, en la posguerra volvimos a quedarnos atrás. Puede que mucha culpa la tuviera el aislacionismo y la autarquía pero la verdad es que a España le seguía faltando cultura empresarial.

La autarquía duró hasta 1959, cuando ya no teníamos divisas para comprar petróleo, y luego con la apertura económica España vivió un boom económico y un cambio social sin precedentes. Emigración del campo a la ciudad y de España a Alemania, Francia, Bélgica, Suiza… Boom de la construcción. Nacimiento de la que sería a partir de entonces nuestra principal industria y fuente de divisas: el turismo. Existían sin embargo muchas grandes empresas sobredimensionadas y burocratizadas y por supuesto actuando en régimen de monopolio u oligopolio (telefonía, electricidad, banca, acero, minería, tabacos, televisión, transportes). Y no teníamos ni una multinacional.

Después de la muerte de Franco, y con la crisis de los 70 encima, España vuelve a la democracia. Seguíamos retrasados de los países desarrollados, nunca en 200 años nos habíamos siquiera acercado a los niveles de vida de Alemania, Francia o UK. No hablemos ya de USA. Lo mejor que podía decirse de España es que ahora existía una clase media que estabilizaba el país.

La crisis de los 70 demostró que España era muy vulnerable a cualquier crisis mundial. Los precios del petróleo, la competencia en el sector de los astilleros de Japón y Corea, la menor contribución de las remesas de los emigrantes en Europa y por supuesto la falta de multinacionales pusieron en graves aprietos a nuestra economía llegando a un 28 % de inflación en 1978.

Nunca me cansaré de repetir que la falta de multinacionales es uno de los mayores problemas de España. Las multinacionales son auténticas maquinarias de generar riqueza. Contratan a los mejores trabajadores, utilizan las técnicas más avanzadas, innovan, investigan, desarrollan, detectan tendencias, crean sinergias, patentan inventos, crean clústers… y sobre todo tienen una productividad muy alta.

España también adolecía de un minifundismo empresarial: teníamos un elevadísimo número de microempresas y nos faltaban empresas medianas.
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4.- La gran mentira.

Podemos fijar el inicio de la democracia en 1977 (primeras elecciones), 1978 (Constitución), 1979 (primeras elecciones después de la Constitución) o 1982 (primer gobierno de izquierda al después de la Guerra Civil). Voy a fijar arbitrariamente el inicio de la Democracia a principios de la década de los 80 del siglo XX.

En esos años España tenía una serie de grandes empresas estatales y privadas absolutamente sobredimensionadas, ineficaces y de baja tecnología. Estas empresas habían crecido a la sombra de la protección del Estado y de la expansión monetaria que había habido en el mundo en los años 60 y primeros 70 del siglo XX (expansión que provocó que la elevada demanda no pudiese ser satisfecha en los países de origen y se trasladase a España en forma de demanda de productos de baja tecnología).

La reconversión de estas empresas supuso un coste de 9.000 M€ actuales, aunque España era un país mucho más pobre entonces y esa cantidad era relativamente más alta (probablemente unos 2 % del PIB de nuestros días) y la prejubilación de 90.000 trabajadores, mientras que otros muchos de empresas auxiliares se iban al paro.

Si hacemos un resumen tenemos que España a principios de los años 80 del siglo pasado (hace más o menos 30 años) era un país:

a) Sin multinacionales.

b) Sin (apenas) tecnología, patentes, I + D.

c) Con un sector industrial sobredimensionado e ineficiente que necesitó un adelgazamiento con un elevado coste para las arcas públicas.

d) Con una bajísima tasa de actividad. (en 1980 en España solamente trabajaban 12 millones de personas, las mismas que en 1965)

e) La consecuencia de todo lo anterior era que España era un país mucho más pobre (un 35 % menos) que la media de Francia, Alemania, Italia y UK.

f) Y en definitiva lo único que separaba a España del Tercer Mundo era nuestro sector turístico. Puede doler pero esa es la conclusión. Y es vital que tengamos en cuenta este dato para saber exactamente de dónde veníamos.

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(Ojo no estoy despreciando el sector turístico, es más pienso que tiene que ser en el futuro uno de los pilares de nuestra economía, incluso más que ahora, pero quiero hacer notar que debemos cuidar mucho nuestra imagen, nuestro trato y cualquier cosa que haga satisfactoria la estancia en nuestro país a cualquier extranjero. Si perdemos la enorme ventaja comparativa que tenemos en este sector estamos acabados)
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Empezamos entonces a vivir la gran ilusión, la gran mentira. Después de la mal llamada reconversión industrial entramos en la CEE (1986), la mano de obra barata española atrajo inversión europea, el Estado empezó a gastar a manos llenas, la presión fiscal, el déficit y la deuda pública se dispararon, llegaron fondos de la CEE para realizar infraestructuras, nos metimos en grandes eventos (Olimpiadas, Expo),….. Todo lo anterior sumado a la recién estrenada libertad (sobre todo sexual y en el consumo de drogas blandas y de las otras) y al gasto en toda clase de espectáculos en todos y cada uno de las ciudades y pueblos de España (la movida, la actuación de estrellas internacionales) creó una sensación de que España había alcanzado la modernidad, el desarrollo, el progreso… en definitiva EUROPA.

Pero eso no era más que una mentira. Eso sí una mentira que permitió a un abogaducho atractivo como Felipe González y a su troupe de incompetentes arribistas manejar el país totalmente durante 14 años.

Y al final ¿Qué quedó? Pues España, es cierto, mejoró su nivel de vida pero aún seguía a la misma distancia de los países de nuestro entorno que en 1980.
En 1995 trabajaban en España 12,5 millones de personas. En 1995 sólo trabajaban en España medio millón de personas más que en 1980… ¡¡y que en 1965!!. Y en realidad en el sector privado trabajaban medio millón menos, mientras que había un millón de funcionarios más. La deuda pública pasó del 12,5 % al 68 % (1975 – 1996).

En 1996 seguíamos sin multinacionales, con las mismas grandes empresas públicas todavía sobredimensionadas… los mismos problemas que hacía 15 o 20 años atrás. Si en 1980 sólo el sector del turismo nos separaba del Tercer Mundo en 1996 sólo el sector turístico y el del ensamblaje (producción sería un término muy exagerado) de automóviles nos separaba del Tercer Mundo, con una diferencia: estábamos mucho más endeudados y el gasto público estaba disparado. Y además no cumplíamos con ninguno de los criterios de Maastrich con lo cual estábamos literalmente fuera del proyecto del euro.

De hecho sólo cuatro devaluaciones consecutivas de la peseta en los años 1992 y 1993 consiguieron que no quebrásemos en esa época.

Es importantísimo comprender que España ya a mediados de los años 90 era un país al borde de la quiebra. Un país que (casi) quebró por querer ponerse a los niveles europeos sin tener la población activa, ni la productividad, ni la tecnología, ni las multinacionales que nuestros socios europeos (Francia, Alemania, Italia, UK, Holanda, Bélgica, Dinamarca). Un país que (casi) quebró por culpa de una serie de incompetentes, ineptos, inexpertos y sectarios personajes que llegaron y se mantuvieron en el poder vendiendo mentiras. También es cierto que una gran mayoría de los españoles las compraron (las mentiras).
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6.- Liquidación de activos y burbuja.

Para salir de la inminente quiebra el equipo Rato-Montoro hizo lo único que se podía hacer: vender el patrimonio industrial del Estado. Con eso se mató dos pájaros de un tiro: el Estado hizo caja y se deshizo de una serie de empresas sobredimensionadas, burocratizadas e ineficientes. Además algunas incluso daban pérdidas.

Algunos llaman a esto vender las joyas de la abuela, pero estas “joyas” no tenían ningún sentido que siguieran en manos del Estado, incluso no era posible de acuerdo con la normativa de la UE. No tenían sentido porque el sector privado podía hacer su mismo trabajo mucho mejor y porque alteraban la competencia e incluso algunas daban pérdidas. Además con su venta se podía amortizar deuda o por lo menos disminuir el déficit y pagar menos intereses.

Con aquellas ventas se obtuvieron entre 1997 y 2000 casi 30.000 M€ de la época. Con ese dinero y con la congelación del sueldo de los funcionarios se consiguió disminuir el déficit, bajar los tipos de interés, entrar en el euro y atraer inversión extranjera. Se crearon 3,6 millones de puestos de trabajo en seis años (1996 – 2001) y eso permitió aumentar el gasto público disminuyendo a la vez el déficit público.

Ahora sí que nos estábamos acercando a Europa, no es que nuestra productividad mejorase (es más empeoró ligeramente) pero el aumentar la población empleada en un 30 % supuso un salto enorme en el PIB. Además algunas empresas del Estado que se vendieron se convirtieron en multinacionales (Telefónica, Repsol) otras fueron compradas por multinacionales (Aceralia, Inespal), otras empresas privadas se convirtieron en multinacionales (Santander, BBVA) y empezó el fenómeno ZARA.

Pero aún seguíamos teniendo lastres que nos impedían alcanzar a los países europeos o incluso superarlos (hay que tener en cuenta que la renta per cápita de USA es un 35 % superior que la media de Francia, Italia, Alemania y UK). Teníamos muchos sectores en los que faltaba competencia (construcción / liberalización del suelo, transportes, energía, comercio), y por supuesto liberalizar de una vez el mercado de trabajo. Nos faltaban multinacionales pero también empresas medianas de buen nivel tecnológico, nuestro sistema educativo era un desastre, también problemas en el funcionamiento de la justicia…. y aún teníamos una tasa de desempleo por encima del 10 % algo inaceptable en cualquier país que aspirase a estar entre los más ricos.

En 2001 estalló la burbuja de las compañías tecnológicas y tuvieron lugar los atentados terroristas islamistas del 11-S. Los Bancos Centrales del mundo empezaron una manipulación de los tipos de interés bajándolos mucho más de lo que establecería el mercado y situándolos por debajo de la inflación: es decir con tipos de interés negativos. Todo para conseguir demanda al precio que fuera, literalmente.

Empezaba la burbuja, otra burbuja más. En el año 2003 era claro, clarísimo, cristalino que había que parar aquello. Y era fácil. Bastaba con disminuir el gasto público para generar superávit, darle un toque a los bancos y sobre todo a las Cajas para que fuesen más cuidadosos en la concesión de créditos, liberalizar los sectores que cité más arriba, especialmente el suelo y el mercado de trabajo.

Pero nada se hizo. Primero el PP con mayoría absoluta aplazó las reformas. No entenderé jamás la actitud de Aznar que tuvo mayoría absoluta para hacer lo que ahora va diciendo que hay que hacer. Aznar fue un cobarde y un traidor a las ideas que dice defender.

Y luego como suele ser costumbre en nuestra Historia un acontecimiento trágico hace que todo cambie y de pronto nos encontramos en el poder a otro abogaducho con buena planta pero con mucho menos cerebro que el anterior abogado. Y se rodea de una recua de imbéciles peor aún que la del abogaducho anterior. Pero es lo que nos merecemos, ¿Acaso no los elegimos en unas elecciones libres?

Este imbécil se encontró con la situación perfecta para un demagogo desquiciado como él. Había dinero para todo el mundo para comprar lo que fuera. Y una de las cosas que más quería comprar la gente eran propiedades inmobiliarias. Como el mercado inmobiliario estaba totalmente intervenido y además los ayuntamientos y las CCAA lo utilizaban para financiarse y además las propiedades inmobiliarias no pueden importarse, con lo que la competencia estaba limitada, la burbuja era inevitable. Bueno hubiese sido fácil evitarla con las medidas que cité más arriba.

Pero es evidente, claro, cristalino que desde el poder el imbécil dio orden al Banco de España de no mover un dedo, es más el Banco de España tuvo que mirar para otro lado ante las prácticas digamos que poco ortodoxas de las Cajas. También el PP es responsable de estos desmanes en sus comunidades autónomas y Cajas correspondientes.

Hay una gran mentira que dice que el problema es de deuda privada y no pública. Olvidan estos fuleros que del billón de euros en que se endeudaron empresas y particulares 400.000 M€ fueron a parar al Estado en forma de impuestos.

Sin esa riada de dinero y esos 400.000 M€ que ingresó el Estado gracias a la burbuja, el Estado hubiera estado en quiebra en 2007. Pero en 2007 estábamos en la cumbre de la burbuja con 20 millones de personas trabajando (2,5 millones inmigrantes), superávit en las cuentas públicas, una deuda pública del 35 %… pero con un déficit por cuenta corriente de ¡¡100.000 M€!!

En aquel momento, 2008/2009, hubiera sido necesario un tratamiento de choque con la aprobación de todas las reformas que se venían aplazando desde tiempos de Aznar, y antes, y con…. una fuerte devaluación de nuestra moneda como las que hizo González en los años 90, 15 años atrás.

Pero ni las reformas se hicieron ni podíamos devaluar nuestra moneda. Encima el Estado que ya gastaba como un marinero borracho… siguió gastando. Toda capital de provincia o pueblo importante tenía que tener su AVE, todas las provincias tenían que tener un aeropuerto internacional, superpuertos, centros de congresos, metros,… lo que fuera. Y por supuesto la gran “apuesta industrial” de Zapatero, aquello en lo que íbamos a ser líderes mundiales: las energías renovables. Una broma que nos va a costar en los próximos 25 años unos 200.000 M€.

La burbuja estalló a finales del 2007. Los bancos y Cajas habían prestado todo el dinero que se podía a toda las empresas y la gente que se podía … y a millones a los que no se podía. Como el crédito no aumentaba y los impagados sí la demanda se contrajo. Como además no aumentamos lo suficiente las exportaciones no se pudo compensar el descenso de demanda producido por la contracción del crédito y las empresas empezaron a cerrar. El crack se inició en el sector de la construcción pero rápidamente se extendió a todos los sectores.

Sin base imponible sobre la que recaudar (trabajadores en el paro, empresas en quiebra) y con más gastos (prestaciones por desempleo y más funcionarios, 300.000 más desde el 2007 hasta hoy) el Estado estaba abocado a un déficit insostenible: 350.000 M€ en cuatro años (44.000 M€ en 2008, 117.000 M€ en 2009, 98.000 M€ en 2010 y 91.000 M€ en 2011).

Y finalmente los bancos e inversores que nos prestaban dinero empezaron a preguntarse sí seríamos capaces de pagar los intereses que ya superaban los 30.000 M€ anuales. Con menos gente dispuesta a prestarnos dinero los intereses subieron hasta el 7 %. Estamos al borde de la quiebra. Y esa es la historia.
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7.- Resumen.

España siempre ha estado por detrás de los países europeos en desarrollo económico y renta y a enorme distancia de USA. Las razones son:

a) Falta de mentalidad emprendedora. Aspiración de tener un futuro “asegurado”: ser funcionario o rentista. Aversión al riesgo empresarial. Rechazo social a la figura del empresario.

b) Guerras internas. Separatismos. Extremismos políticos. Aislacionismo.

c) Falta de capital, de investigación, de patentes, de multinacionales.

d) Baja población activa. Elevado paro. Incorporación tardía de la mujer al trabajo.

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Durante los últimos 30 años los diversos gobiernos, pero especialmente los de González y el de Zapatero han intentado igualarnos en renta con el resto de países de Europa pero sin cambiar la mentalidad de los españoles, sin liberalizar mercados, sin poner a la empresa privada como motor del crecimiento.

Lo que se ha hecho (durante más de 30 años) es vivir a base de deuda pública y privada y vendiendo los activos del Estado.

Además se emprendieron toda una serie de inversiones disparatadas, la más emblemática la de las energías renovables.

Por mucho que se hagan campañas echando la culpa a los banqueros, lo cierto es que los culpables de todo fueron los políticos que (mal) gastaron el dinero y que desde los ayuntamientos, las Cajas y el Banco de España alentaron la burbuja. Políticos que usaron el gasto público para conseguir victorias electorales y políticos que no hicieron las reformas que sabían que había que hacer. Pero a los políticos los elige la gente y la gente lleva votando a los mismos desde hace 35 años.
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8.- Deflación o quiebra.

No merece la pena extenderse sobre los culpables de la situación actual porque todos los conocemos de sobra y porque han sido elegidos por la gente.

Dije más arriba que la única salida de la crisis es

“un tratamiento de choque con la aprobación de todas las reformas que se venían aplazando desde tiempos de Aznar, y antes, y con…. una fuerte devaluación de nuestra moneda como las que hizo González en los años 90, 15 años atrás.”(ahora 19 o 20 años antes)

El problema es que han pasado 4 años y la deuda pública a finales de año será de 800.000 M€ (o más) y la prima de riesgo ya llega a los 600 puntos. Así que el mensaje que hay que dar tiene que ser muy fuerte.

La única forma de reequilibrar las cuentas públicas es aumentando el numero de personas que trabajan y aumentando el número de empresas. Tenemos que aumentar la base fiscal. Crear empleo es fácil de decir, la cuestión es cómo. A largo plazo lo ideal es crear empleo a base de productividad, tecnología, y multinacionales.

Pero tenemos que olvidarnos del largo plazo y del medio plazo. Entonces la única forma de salir a corto plazo es devaluando la moneda, así nuestros productos serán más baratos y los extranjeros serán más caros. Exportaremos más, importaremos menos, viajaremos menos al extranjero, vendrán más turistas y aumentaran las compras de productos españoles en España, todo eso se traduce en dos cosas: aumentará el empleo y disminuirá la renta de la gente en la medida en que compren productos importados.

Vaya, pero estamos en el euro y no podemos devaluar. No, no podemos devaluar pero podemos hacer algo equivalente: una devaluación interna, vamos una deflación.

¿Cómo se provoca una deflación? Es fácil, muy fácil.

a) Liberalización total del mercado de trabajo. Despido rápido, fácil y con una mínima indemnización.

b) Liberalización total del resto de los mercados (energía, transportes, comercio…)

c) No subir los impuestos.

d) Recortar el gasto público un 20 % (unos 75.000 M€). Y eso incluiría por supuesto despido de funcionarios y bajada de sueldos y pensiones).

El resto lo va a hacer la gente. Con menos gasto público y el crédito paralizado la demanda se va a desplomar. Dado que las empresas van a poder bajar sus costes laborales van a hacerlo porque la única manera que tendrán de sobrevivir es bajando precios. Los propios consumidores al tener menos poder adquisitivo van a buscar las ofertas, rebajas, descuentos y todo lo que suene a bajada de precio.

Hay un problema, claro. Al permanecer las deudas nominadas en euros todos aquellos que están endeudados lo van a pasar mal, los impagados van a aumentar, los bancos van a tener que asumir más pérdidas y realizar más provisiones, pero es necesario, imprescindible, que el precio de la vivienda se desplome y vuelva a niveles de 1970 cuando se podía comprar un piso con el sueldo de cinco años.

También la deuda pública en relación con el PIB se disparará con una deflación. Una deflación del 20 % supone pasar de una deuda pública del 80 % del PIB al 100 % del PIB. También subirá el monto de los intereses por la deuda pública que pasará al 4 % del PIB.

Pero examinemos la otra opción. Sin crecimiento económico ni creación de empleo, la base fiscal va a ser la misma. Si se intenta reducir el déficit subiendo impuestos se reducirá la demanda interna y habrá más parados y más déficit. Si se reducen los gastos públicos ocurre lo mismo.

La única forma de reducir el déficit sin aumentar el paro es reducir salarios y precios: deflación. La cosa se resume fácilmente: la gente va a tener menos dinero pero los precios van a bajar y la gente comprará (casi) las mismas cosas.

Pero si no hay deflación, si los precios no bajan, entonces, como la gente va a tener igualmente menos dinero y la demanda disminuirá (la gente comprará menos cosas), lo que tendremos será más paro , menos base fiscal y vuelta a empezar con más déficit.

Es también evidente que la gente va a perder poder adquisitivo puesto que los productos importados no van a bajar de precio.

Pero con una mano de obra más barata, en términos comparativos con otros países, atraeremos inversiones extranjeras. Con precios más bajos atraeremos más turistas. Con precios más bajos compraremos menos productos extranjeros y más nacionales. En consecuencia en poco tiempo aumentaremos nuestra base fiscal y los ingresos del Estado sin aumentar impuestos.

Una vez empezado este ciclo es importante dedicar los nuevos ingresos a equilibrar las cuentas públicas y a reducir impuestos.

Y ¿Cuando se acabará la deflación? Si conseguimos entrar en el círculo virtuoso de crecimiento, déficit cero, menos impuestos y más crecimiento, la deflación se acabará en el mismo momento en que se llegue al pleno empleo y el coste de la mano de obra no pueda disminuir.

Los mercados saben perfectamente todo esto y si entramos en el círculo vicioso de más impuestos, menos gastos públicos, menos demanda, más parados, menos base fiscal, menos recaudación, más déficit, más impuestos y añadimos manifestaciones y algaradas callejeras y huelgas, simplemente acabarán con nosotros. Nos declararán quebrados y nos intervendrán.

No nos queda casi tiempo. Bajar los sueldos es algo que indigna a la gente. La gente está acostumbrada a que todo suba: los precios y los sueldos. La deflación es algo que les resulta extraño y que no entienden. Hay que explicárselo. Hay que explicarle a la gente todo en televisión y en prime time y con el tiempo que haga falta. O eso o nos declararán en quiebra y nos intervendrán.

No hay opciones ni tiempo. Deflación o quiebra.