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Cómo solucionar la crisis económica en cinco minutos.

escrito por Arturo Taibo 13 julio, 2012

RAJOY NO TIENE UN PLAN.
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Hace ya un mes escribí “España camino de una guerra civil blanda” y hace mes y medio escribí “Estado de emergencia: la decisión final” y hace tres meses “Cómo evitar la intervención” y hace cuatro meses “La economía española en tiempo de descuento” y “Deflación, bendita deflación” y “ESTADO DE EMERGENCIA” y hace un año “Esa no es la solución” y hace más de año y medio “Cosas para hacer hoy”

El sr. Rajoy y su partido deberían de haber elaborado un plan de actuación detallado antes de celebrarse las elecciones de noviembre del año pasado cuando estaba claro que iban a ganar las elecciones.

El sr Rajoy debería haber salido en televisión al siguiente día de ser nombrado presidente exponiendo la situación real de la economía y las medidas que iba a tomar. Y además tomando esas medidas como muy tarde en los primeros cien días de su mandato.

Incomprensiblemente tanto Rajoy, como sus ministros, como su partido, han actuado siempre a remolque de la situación actuando tarde y con medidas insuficientes que han provocado un continua rectificación.

La falta de reflejos, las medidas insuficientes, la falta de un plan global, los retrasos y las rectificaciones han mandado a los mercados y a la gente un mensaje de improvisación y de estar permanentemente superados por los acontecimientos.

Ya digo que no entiendo la actitud del gobierno, da la sensación de que el entorno de Rajoy, las personas que le transmiten la realidad, le han persuadido de que el simple cambio político iba a obrar maravillas y que con unos cuantos retoques esto sería coser y cantar. Es una idea absurda pero la sensación que dan estos seis meses de gobierno es que Rajoy no entiende la gravedad de a lo que nos enfrentamos.
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EL CIRCULO VICIOSO.

Cuando se intenta reducir el déficit público sea subiendo impuestos o disminuyendo gastos se van a producir efectos depresivos sobre la economía. Los efectos depresivos causados por las medidas antes mencionadas pueden ser contrarrestados por una mayor disposición de crédito al ser necesario menos dinero de los ahorradores para financiar el déficit.

Se ha difundido, Krugman lo hizo la semana pasada en Madrid sin ir más lejos, que no estamos ante un problema de deuda o de déficit público sino ante uno de deuda privada. Es una verdad a medias.

En un país como España, donde la presión fiscal estuvo en los años de la burbuja entorno al 40 %, cuando alguien se endeudaba en 100.000 €, 40.000 iban a parar a manos del Estado via impuestos.

Para poner un ejemplo si alguien compraba una vivienda y para hacerlo pedía una hipoteca de 100.000 € el 40 % de esa cantidad se iba en pagar la seguridad social y el IRPF de los trabajadores que la habían construido (desde al albañil hasta el arquitecto), el Impuesto de Transmisiones Patrimoniales, el IVA, la plusvalía, los impuestos a la construcción, impuestos especiales (sobre el gasoil que usan los camiones, por ejemplo), impuesto de sociedades sobre los beneficios de la empresa que construyó la vivienda.

Cuando la gente dejó de endeudarse todos esos impuestos dejaron de recaudarse y el problema de sobreendeuamiento privado pasó a convertirse en un problema de insuficiencia recaudadora del Estado.

Krugman y sus acólitos no ven o no quieren ver esta relación. Separan el endeudamiento privado de la recaudación de impuestos y por tanto no ven que la burbuja no era solo privada sino también pública puesto que el Estado se estaba financiando con deuda (privada) desde mucho antes de que empezase la crisis.
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OTRA VEZ LA EXPLICACIÓN DE LA CRISIS.
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En efecto en España la crisis no viene de hace unos años (2007) o del inicio de la burbuja inmobiliaria (2001 – 2002) sino de mucho, mucho antes.

En 1975 la deuda pública española era del 12,3 % del PIB, es decir casi inexistente. La presión fiscal tampoco era demasiado elevada un 20,4 %. Durante los siguientes años la deuda pública fue aumentando lentamente hasta un 15 % en 1979 y un 20 % en 1981. La presión fiscal tuvo un recorrido similar: hasta un 24,2 % en 1979 y un 26,6 % en 1981.

Pero a partir de 1982 con el último año de gobierno de la UCD (Calvo Sotelo) y luego a partir de 1983 con el PSOE (Felipe Gonzalez) tanto el endeudamiento como la presión fiscal se dispararon.

El gobierno del PSOE vendió como “conquistas sociales” una serie de medidas (pensiones no contributivas, sanidad y educación universal, viajes del IMSERSO, autonomías … ) que en realidad no fueron más que un aumento de gasto público financiado con subidas de impuestos y déficit público. Evidentemente las “conquistas sociales” se veían inmediatamente y era fácil venderlas a la gente y utilizarlas en beneficio político mientras que la subida de impuestos y el aumento de la deuda pública y sus efectos indeseados pasaban desapercibidos.

Además durante esta época (1986) España se integró en la CEE y fruto de esa integración la inversión extranjera de otros países europeos en España aumentó considerablemente. Los menores salarios y un nuevo mercado eran alicientes para los inversores extranjeros. Y por supuesto también hubo la pequeña burbuja inmobiliaria gracias a las mejores posibilidades de financiación. Al final de la década de los 80 una nueva “conquista social” en forma de inversiones en infraestructuras unas financiadas con fondos de la UE y otras por el propio Estado se sumó a las anteriores. Fue la época de las primeras autovías, del AVE, las Olimpiadas, la Expo…

Pero a pesar de todo esto durante el periodo 1975 – 1992 apenas se creó empleo. En el sector privado se perdieron empleos mientras que en el sector público se ganaron casi un millón de trabajadores.

El periodo de expansión del gasto público, aumento de los impuestos y (cierta) facilidad de crédito duró poco más de una década. Después de 12 años (1981 – 1992) el modelo estaba agotado. Ya era imposible ocultar los efectos indeseados del aumento de gasto público o de lo que los políticos llamaban “conquistas sociales”. Aunque aún hoy hay personas (ya no queda más remedio que llamarlos cretinos) que todavía pretenden una desconexión entre lo que llaman “conquistas sociales” o incluso “derechos sociales” y el coste económico de estas políticas, lo cierto es que a partir de 1993 ya era imposible negar que no era posible pagar todas esas “conquistas” con la economía que teníamos.

Por mucho que se recurra a la retórica lo cierto es que los médicos cobran, los profesores cobran, las pensiones cuestan dinero, las obras públicas cuestan dinero y si no hay dinero para pagar los pretendidos derechos sociales no son más que intentos infructuosos de vivir por encima de las posibilidades.

En 1992 la presión fiscal era del 36,8 % (aumento de casi el 50 % sobre la de 1980, y además hay que tener en cuenta el crecimiento económico de esos años), a pesar de eso la deuda pública paso del 16,8 % del PIB al 46,8 %, un aumento del ¡¡¡180 %!!. El déficit público fue en 1992 del 4,8 %. La economía era incapaz de sufragar los gastos públicos a pesar de la brutal subida de impuestos y la mayoría de las “conquistas sociales” simplemente no se habían pagado y habían pasado a formar parte de la carga de la deuda pública.

Es increíble que hoy, 20 años después, la (inmensa mayoría de la) gente, los analistas de los periódicos, los economistas y de los blogers siga preguntándose ¿qué ha pasado? Pues ha pasado sras. y sres que a base de aumentos de impuestos y de deuda pública no hemos dispuesto de dinero para mejorar la productividad. Si a eso añadimos las trabas a la libre competencia, la creación de organismos y empresas públicas innecesarias, y las excesivas reglamentaciones tampoco ha habido muchos incentivos para invertir, innovar y mejorar la productividad.

Sin dinero y sin incentivos no se creó empleo ni se mejoró la productividad como para mantener las “conquistas y derechos sociales”. Fin de la historia.

Y sin embargo el espejismo del “estado del bienestar” duró hasta 2007… 15 años más. ¿Cómo fue posible?
Vamos a dividir estos 15 años en tres periodos.
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1993 – 1996 .- La primera crisis. Durante estos años se produjo una fuerte crisis. El desempleo superó los 4,5 millones de parados (aunque ni en los mejores momentos, en el año 1992, el número de parados bajó de los 3 millones); el déficit público estuvo, como media, por encima del 6 % y la deuda pública llegó al ¡¡68,1 %!!. España se dirigía a la quiebra de una manera inexorable.
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1997 – 2001.- El “milagro” Rato. El nuevo gobierno del PP se encontró con un Estado al borde de la quiebra y para evitarla siguió una doble estrategia: por un lado consolidación fiscal con control de gastos y congelación del sueldo de los funcionarios, por otro una política de venta de activos del Estado que, si bien ya habían empezado los socialistas, tuvo en esta época una crucial importancia. Se privatizaron toda una serie de empresas públicas (Telefónica, Endesa, Ensidesa, Tabacalera, banca pública…) y con el dinero obtenido se redujo el déficit. La reducción del déficit produjo un aumento de la cantidad de dinero disponible para el sector privado y una reducción considerable de los intereses.

Con la reducción de intereses aumentó la inversión privada y sobre todo el gasto privado. El desempleo se redujo pero el sistema económico español todavía era incapaz de financiar el Estado del bienestar: se necesitaba aumentar el número de trabajadores y su productividad y para eso se necesitaba un dinero que se gastaba en Estado. Pasados los efectos de las privatizaciones se corría el peligro de volver a un déficit crónico y finalmente a la quiebra.

Pudieron hacerse entonces las cosas bien pero, como en tantas otras ocasiones en nuestra Historia, los intereses cortoplacistas de los políticos, la defensa de los privilegios de los grupos de presión ya fuesen de empresarios, de banqueros o de sindicatos, la falta de iniciativa empresarial y la absoluta carencia de teóricos económicos (economistas) impidieron que España entrase en una fase de crecimiento consistente.
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2002 – 2007.- La burbuja. El 1 de enero del 2002 entró en circulación el euro, los tipos de interés mangoneados por el BCE bajaron a niveles absurdos, por debajo de la inflación. Y empezó la burbuja. Hipotecas y créditos a bajo interés, concedidos a gente sin demasiados recursos y con tasaciones altísimas calentaron el mercado inmobiliario. Los ayuntamientos pusieron la guinda restringiendo la disponibilidad de terrenos para construir y usando las recalificaciones como forma de financiación. Los pisos, adosados, chalets… empezaron a subir su precio a una tasa por encima del 10 %. Eso no pasó desapercibido para los inversores privados que convirtieron a la vivienda en un producto de inversión aumentando la demanda en el mercado inmobiliario.

En 2004 los precios eran ya absurdamente altos pero el lema “los pisos nunca bajan de precio” era el dogma y el grito de guerra de todos los participantes en el mercado inmobiliario. Los bancos y las cajas bajaron tanto los requisitos para conceder un crédito o una hipoteca que había que ser indigente para recibir una negativa. Ni el gobierno del PP, ni el del PSOE, ni el Banco de España, ni las Cajas de Ahorrro, ni los bancos hicieron nada ni tomaron ninguna precaución. Sólo se puede entender lo ocurrido por la falta absoluta de economistas con una mínima influencia en España. Los economistas que no tenían ni idea estaban en los puestos de responsabilidad y los que sabían algo o se callaban o los echaban.

Los políticos, especialmente Zapatero, estaban encantados con la burbuja: la recaudación del Estado aumentaba espectacularmente, lo que les permitía seguir con su política de “conquistas sociales”: aumento de las pensiones contributivas, ley de dependencia, más gasto en sanidad y educación, nuevas infraestructuras de todo tipo: AVEs para todo el mundo, aeropuertos en todas las comunidades autónomas, Universidades por doquier, aumento de funcionarios y de organismos públicos, subvenciones a destajo.

Sin embargo cualquiera con unos mínimos conocimientos de economía y un par de estadísticas podía ver que todo se financiaba a base del dinero procedente del extranjero, del aumento de nuestra deuda externa, del aumento de la deuda privada tanto de familias como de empresas. Esos niveles de endeudamiento eran tan insostenibles en el tiempo como lo eran las subidas en el precio de la vivienda.

Todavía hay imbéciles que dicen que la crisis no se pudo prever, que no hubo señales de alarma, que la culpa la tuvieron las subprimes de USA,…
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ASÍ SE SOLUCIONA LA CRISIS.
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Todo parece fallar. Todas las medidas para reducir el déficit parecen llevar a una mayor recesión y si por el contrario no se reduce el déficit nadie quiere prestarnos dinero. ¿Qué hacer?

La crisis no se solucionará mientras no equilibremos nuestro sector exterior o incluso no nos convirtamos en un país con superávit en nuestra balanza por cuenta corriente. Y para llegar a eso tenemos que hacer tres cosas: exportar más, importar menos, y conseguir más turistas que gasten más.

¿Cómo se consigue eso?

A corto plazo, y desgraciadamente, después de perder tres décadas, casi lo único que importa ya es el corto plazo, lo que hay que hacer con urgencia absoluta, con desesperación, en horas…. es:
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1.) Bajar los ingresos del Estado (impuestos) un 15 % y los bajar los gastos (pensiones, sueldos funcionarios,… ) del Estado un 20 %.
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2.) Liberalizarlo todo: educación y sanidad (mediante cheques), horarios comerciales, taxis, suelo, farmacias, estancos, agencias de viajes, energía, comunicaciónes, profesiones liberales… y por supuesto el mercado de trabajo: contrato único indefinido con 10 días de indemnización por año trabajado y un máximo de 6 meses de indemnización sin tener que explicar nada a nadie, eliminación de la negociación colectiva (no de la de empresa).
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3.) Que cada palo aguante su vela. Eliminar las subvenciones, ayudas, desgravaciones, subsidios (incluido el del paro)
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4.) ¿Para qué sirve esto? Eliminar senado, autonomías, ayuntamientos, “observatorios”, televisiones y radios públicas, “embajadas”, asesores, comisiones de expertos, defensores del pueblo,…
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5.) Competencia, competencia y competencia. El objetivo prioritario del gobierno debe ser la deflación, hasta que el paro se haya reducido al 5 %. Establecer un estricto control sector por sector para que no se produzcan conductas de colusión de precios.
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Ah, y no me vengan con lo de siempre: que si se aplican esas medidas arde España.

España ya está ardiendo.

Eso sí hay que desplegar todo un sistema de comunicación para que la gente entienda qué es lo que se propone con estas medidas y que esa es la única salida de la crisis.