Toda decisión no es otra cosa que una declaración de preferencias destinada a guiar nuestra acción. El proceso que desemboca en la decisión se fundamenta en el valor que otorgamos a cada una de las alternativas concurrentes. De ahí nace el interés en el estudio del concepto “valor” y de su utilización, pues es la herramienta con la que se guía la acción humana.

La primera dimensión que define el valor que otorgamos a cualquier cosa es la comparación. En una situación dicotómica el mecanismo es sencillo, pues observamos las dos alternativas y, por el motivo que sea, mostramos más preferencia por una que por otra. De ser excluyentes optamos por la opción más valorada, de no serlo podemos definir una combinación de las dos que viene a reflejar el precio de una con respecto a la otra.

Estudiar la motivación de la asignación de preferencias no tiene ningún sentido práctico, pues en cada persona es diferente. Dependerá de su experiencia, de la información de que disponga, de sus expectativas, necesidades, capacidades… Incluso en el caso de poder obtener una pauta compartida por un número relevante de individuos –lo cual puede tener ciertas aplicaciones-, es imposible en base a esa norma predecir la conducta de nadie, ni siquiera de los participantes en la muestra. La adscripción de un individuo a una corriente sólo será estable mientras éste estime que le es beneficiosa, pudiendo abandonarla en cualquier momento.

En la medida en que más alternativas entran en juego, por un lado más se enriquece la toma de decisiones. Por otro más complejo se hace el proceso.

Así, cuanta más experiencia va adquiriendo una persona, mejores valoraciones realiza para su propio beneficio. Y una manera de incrementar su conocimiento comparativo es el compartir información con terceros. De esa manera entran en juego alternativas que no ha tenido opción de conocer de primera mano y también corrige cálculos pretéritos.

En cuanto a la complejidad que conlleva gestionar tal volumen de información creciente la solución se haya en que con el tiempo se va estableciendo un bien como referencia comparativa. Es así como surge el concepto de dinero. Es su capacidad de transmitir información y su aceptación general lo que le otorga la función de medio de pago.

Este homogenizador en el mecanismo de valoración, sin embargo, no trastoca en nada la individualidad del proceso. Facilita la comunicación y las transacciones, pero no altera en nada la subjetividad de la toma de decisiones. Al igual que una misma lengua no implica un mismo pensamiento, una moneda común no implica una valoración homogénea. Además, en la toma de decisiones no entra en juego sólo la comparación física y/o pragmática de las alternativas, también tienen un gran peso los elementos morales, éticos, estéticos, oníricos, religiosos, sexuales… Y un largo, o corto, etcétera en función de cada persona.

Cada una de las escalas de valores tiene un proceso social paralelo: incremento de comparaciones, puesta en común con terceros, elaboración de estándares que facilitan la comunicación y la interrelación con el fin último de perfeccionar las decisiones –y por tanto acciones- individuales. Es esta la génesis de la sociedad, pues el individuo sale beneficiado de este intercambio perpetuo. Mientras más social se vuelve una persona más beneficio puede obtener y más puede especializarse en un área, puesto que puede obtener lo que abandona de la especialización de otros. El incremento de riqueza individual y colectivo no proviene sólo del perfeccionamiento del mecanismo de toma de decisiones y con ello la posibilidad de la especialización, también elementos que no son valorados por sus propietarios pasan a tener valor para otros. Con todo ello el comercio en todas sus acepciones crece imparable enriqueciendo a todos los que toman decisiones correctas. Decisiones correctas que, como hemos visto, el mecanismo de intercambio hace accesibles a cada vez más individuos.

Toda intervención determinista en este mercado es contraproducente, pues tergiversa los resultados del intercambio de información haciendo que incrementen las decisiones incorrectas. Y cuando hablamos de mercado no centramos el análisis al aspecto material o dinerario, sino que nos referimos a todo el universo de cruces de escalas de valores individuales –de todo tipo-.

La otra dimensión que define el valor es la percepción del tiempo. El análisis comparativo se perfecciona aún más al contrastar las valoraciones en distintos instantes temporales. De hecho hay elementos que no pueden ser valorados correctamente sin la intervención del factor tiempo: aquellas inversiones que necesitan un período de maduración considerable, costumbres o instituciones cuya utilidad ha de contrastarse con el devenir de los años…

Tanto en cuanto el entorno social no tenga un mínimo de estabilidad la variable temporal no es profusamente utilizada por los individuos. La incapacidad para reducir la incertidumbre sobre posibles evoluciones futuras hace que la persona actúe en términos cortoplacistas.

El proveer esa garantía de estabilidad es la función principal, si no la única, del estado. En primera instancia en la historia éste surge para minimizar los riesgos de ataques externos. Posteriormente, en la medida en que se logre establecer estabilidad mediante un sistema legal y un escenario de paz, la evolución social, los ensayos que se van produciendo y el crecimiento tanto de riqueza como del horizonte temporal de análisis, la cortoplacista ley del más fuerte que dio origen al estado va dando lugar a fórmulas más productivas y respetuosas con el individuo.

Este proceso no es ni automático, ni lineal, ni necesariamente acumulativo. Simplificando podemos indicar que el choque entre posturas cortoplacistas y largoplacistas lo hace recorrer sentidos opuestos en función de la corriente predominante.

Esto explica el que haya países que nunca hayan conseguido salir de la ley del más fuerte y estén estancados en su desarrollo. También explica el por qué entornos democráticos caen en movimientos involucionistas y regímenes autoritarios progresan.

En un entorno democrático donde se pierde la noción de la función del estado y éste queda sin límites se producen dos fenómenos devastadores: En primer lugar el crecimiento del aparato burocrático interfiere en el mercado, y a más intervención, menos efectividad de los mecanismos de intercambio, peor toma de decisiones y disminución de la generación de riqueza y bienestar, llegando a entrar en empobrecimiento y penurias. El segundo efecto es que el horizonte temporal se vuelve enormemente cortoplacista. Al depender todo del capricho en interés de los políticos las decisiones de la mayoría de la población, especialmente de los mismos tecnócratas, se desarrollan en plazos electorales. Desde que un cambio de gobierno puede modificar el marco legal a su antojo no es posible establecer proyectos de largo recorrido que dependan de esa arbitrariedad. Esto, además, es un incentivo inconmensurable para la corrupción, puesto que el favor del poder se convierte en una ingente fuente de riqueza a costa del expolio “legal” del resto de la sociedad (mientras quede algo que quitar a los demás, claro).

Mientras tanto, un sistema autoritario que limite su ejercicio a una serie de campos determinados (como puede ser la política, la detentación del poder y el enriquecimiento de los gobernantes y acólitos) y se despreocupe de lo demás, otorgará a la sociedad un marco estable y un margen de libertad que pueden permitir un desarrollo y enriquecimiento sólidos. Hasta hemos visto cómo esta evolución ha sido la causa de que, cuando ciertos regímenes se han enfrentado al relevo en el poder, la sociedad ha podido eliminar o disminuir la carga autoritaria y arbitraria del estado.

La corrupción de la función del estado nos ha traído esta crisis, que a su vez genera un escenario gravemente cortoplacista. Y la prostitución interesada de los conceptos y de los análisis en tal entorno nos hacen encontrar conclusiones de lo más disparatado: que la democracia es el problema, que falta más regulación, que hay que generas más dinero fiduciario (el cual no tiene absolutamente nada que ver con el mecanismo del dinero real)…

Tenemos una generación que exige del estado una certidumbre imposible en lugar de una estabilidad sólida. Que quieren una tajada de una riqueza, o bien inexistente, o bien que pertenece a otros, en lugar de exigir que cada uno labre su porvenir. Tenemos, en resumen, una generación suicida, una adicta que pide más droga en lugar de un remedio.

Entrar en análisis de por qué falla el sistema sin explicar y tener claros los fundamentos nos llevará siempre a tratar síntomas, no la enfermedad. No tiene sentido arreglar las goteras mientras los cimientos se hunden.

Es ridículo discutir sobre la prima de riesgo y lo que podemos hacer para disminuirla, cuando la respuesta es que el estado no puede tener derecho a endeudarnos. Es absurdo buscar una fórmula para mantener el dinero fiduciario cuando éste no debería existir. Es inútil denunciar la corrupción mientras el modelo de estado hace que el ejercicio del poder se fundamente en la corrupción.

Otra cosa es debatir sobre cómo salir de la situación en que nos encontramos, pero sin tener claro hacia dónde ir y por qué, vamos a dar más vueltas de las necesarias. Creo que con lo aquí expuesto podemos inferir una vía hacia un camino correcto.

Autor: Juano

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20 comentarios

  1. Gracias a ti plazaeme por exprimirme… 🙂

    Con que se permitiera la libre competencia con el sistema estatal este sucumbiría sin ninguna duda.  Se crearía un espacio de libertad mucho más estable que acabaría por imponerse.  En el peor escenario tendríamos una manera de conservar la riqueza y aumentar el poder de decisión del pueblo, pues el control del capital y las decisiones de inversión se diversificaría.  El pero es que el gobierno sin límites no creo que permitiera que le dejaran en evidencia sin utilizar su poder legislador como ya hace…

    En cuanto al miedo al caos que pueden producir los cambios -todo cambio es traumático, aunque sea para bien- admito que es lógico y razonable.  Pero también creo que es, en el fondo, un planteamiento incompleto, pues se compara el bienestar ficticio de la burbuja con la dureza de un ajuste necesario.  Para que la comparación fuera justa habría que tener en cuenta:
    1.-El bienestar de referencia era insostenible, un espejismo.
    2.-El ajuste es inevitable.  Y mejor antes y controlado, que más tarde en un caos absoluto.
    3.-Ya hay algún Krugman soltanto medio en serio, medio en broma, que lo mejor para salir de esta es una guerra.  Así que prefiero un ajuste duro en paz que hacerlo pegando (o recibiendo) tiros.
    4.-La transición se puede hacer de manera ordenada, jodida, pero ordenada.  
    5.-Las instituciones del sistema actual, por muy nefastas que sean, aún conservan funcionalidad y prestigio.  Si seguimos por esta vía podemos entrar en una hiperinflación que borrará del mapa la utilidad de éstas para hacer el ajuste.  Entonces sí habrá caos y desesperación, cuando la barra de pan se ponga en unos cuantos millones.

    Lo que debe y tiene que contar es el análisis a largo plazo.  Si nos frenamos porque en el corto hay que dejar quebrar las empresas improductivas y dejar sin trabajo a todo el aparato burocrático que sobra, lo que hacemos es impedir la creación de empresas productivas y destinar la mano de obra a generar riqueza en lugar de consumirla.  

     

  2. Gracias, Juano.

    Bueno, que lo hemos hecho mal creo que está a la vista (hoy). La cuestión es si los únicos procedimientos válidos para evitarlo son los de Huerta (por resumir), o si quiera si funcionarían sin causar una hecatombe peor, no contemplada en la simplicidad del planteamiento. Pero claro, yo no puedo demostrar que eso sería así. Ya digo, necesito el contrapeso del argumento contrario. Y lo que pido siempre es que se organice tal justa.

    Una cosa – que puede ser una tontería por algún motivo simple que se me escapa. ¿No existe la posibilidad de un planteamiento mixto (o doble)? Por ejemplo, con bancos con coeficiente de caja del tipo de ahora, y bancos Huerta, en competencia.  Y con moneda estatal, más alguna moneda privada basada en oro (o lo que sea), también compitiendo. Y tipos de interés intervenidos para la moneda estatal, y libres para la «buena». ¿Que se puede pensar que pasaría? A bote pronto pienso que en tiempos pre burbuja sería más fuerte la competencia desleal estatal. Pero si la burbuja es inevitable con ese esquema, al llegar, en teoría el sistema Huerta acabaría con el sistema estatal. ¿O no? Y tal vez la mera amenaza cambiara las circunstancias y comportamientos.

  3. Las «camas calientes» no son un paralelismo válido.  Es como el alquiler de un coche.  El propietario cobra por renunciar y ceder temporalmente el uso y disfrute.  Pero en el banco tú no estás renunciando a nada en el depósito, en cualquier momento puedes retirar el dinero, cosa que si alquilas tu cama o tu coche no puedes hacer…
    Otra cosa sería que la persona que te limpie y cuide la casa alquile tu dormitorio mientras normalmente no estás.  ¿Pero qué ocurre el día que llegas a casa antes de tiempo para descansar y la cama está ocupada por un desconocido?  Ahí está el problema… 

    • – ¿Pero qué ocurre el día que llegas a casa antes de tiempo para descansar y la cama está ocupada por un desconocido?

      Que ya pensabas que la estampida bancaria es un fenómeno improbable, pero no imposible. 

  4. Tienes un huerto y empiezas a explotarlo.  La primera producción es para tu propio consumo, la utilidad marginal es alta porque tu subsisencia depende de ello.  Lo trabajas bien y empiezas a tener algo de excedente.  La utilidad marginal decrece y empiezas a comerciar, a cambiar ese plus por otros bienes o servicios que te aportan una utilidad marginal mayor.  Y haces el intercambio procurando maximizar el beneficio que obtienes del intercambio.
    Ya si la producción es exagerada, encuentras una manera de sacar lo que te de la gana, entonces dejas de hacer el cálculo, comercias a cambio de lo que te va apeteciendo sin más…

    Pues el político con el dinero es igual.  Al tener una máquina que imprime billetes de curso legal deja de hacer cálculos de rentabilidad real y dispara a lo que se le antoja más apropiado en cada momento:  subvencionar una película, crear la alianza de las civilizaciones, crear mil puestos de trabajo para abrir y cerrar zanjas…
    La única rentabilidad que no pierde de vista, por su propio interés, es la electoral.  El nexo que podía tener su labor con el interés general se diluye con la intervención en el sistema financiero.  Primero porque el recurso que emplea deja de ser escaso según le convenga y no tiene que sacarle el mejor partido a lo que dispone.  Y en segundo lugar porque al cargarse la calidad de la información que transmite el mercado ya no tiene cómo tomar decisiones apropiadas, se queda en la más absoluta de las tinieblas.

    Los «beneficios» que producen todas estas injerencias sólo aparecen en el corto plazo, pero son burbujas:  empleo, construcción, inversiones…  Pero al ser actos alimentados por decisiones que parten de información manipulada interesadamente, el cálculo de beneficio es falaz.  Así, si la rentabilidad exigida en libertad por un mercado es de 10% y el tipo oficial se pone al 5%, todo lo que rinda por debajo del 10%, aunque pague el crédito que lo pueda financiar, está consumiendo recursos de dos maneras:  impidiendo la asignación a proyectos que sí son rentables y castigando el ahorro (pues le da un rendimiento menor del que debería).
    Y si sumamos el efecto inflacionista el panorama es desolador a largo plazo siempre, pues se puede estar pagando el crédito y tener un beneficio contable cuando el términos reales estás en pérdidas.  El resultado global es un consumo de recursos que impide y castiga la generación de riqueza.

    Si todo esto te parece insuficiente, suma el efecto de la regulación determinista.  Usemos el ejemplo de las auditorías:
    Es una institución que nace del libre mercado en la que la parte interesada (inversor, acreedor, …, alguien externo e independiente) paga a un especialista para que haga un análisis de la empresa objetivo de su interés.  Es un negocio redondo, el interés del cliente y del auditor es que la información sea veraz y útil.
    Llega el estado y prostituye el concepto generalizando el negocio y obligando que la empresa auditada sea la que paga al auditor.  El conflicto de intereses es obvio.  Y por muchas leyes que se hagan de responsabilidad del auditor, los coeficientes siempre dan juego para meter mierda debajo de la alfombra.  (El motivo principal por el que abandoné la gerencia cierta empresa fue porque, entre otras irregularidades, los auditores llevaban firmando 10 años sin hacer ni un inventario…).
    Pero no se vayan todavía, que aún hay más.  No contentos con semejante dislate, en medio del éxtasis de la pasada burbuja van los políticos y se cargan de un plumazo el sacrosanto y fundamental principio de prudencia en la contabilidad.  Lo que la tradición había consagrado como algo de enorme utilidad, el contabilizar el peor supuesto posible, se cambió por el contabilice usted por lo que podría venderlo.  Y ahí tenemos los balances de los bancos inflados hasta límites grotescos, alejados de cualquier atisbo de realidad…

    Que el cambio en la regulación de las auditorías facilitó el acceso a la financiación a muchas empresas que pudieron cuadrar el círculo es verdad.  Que el poder inflar el valor de los activos alegró el mercado financiero es cierto.  Que muchos obtuvieron trabajos en los sectores favorecidos es innegable…  Pero a fin de cuentas, ¿para qué?  Estaban puliéndose lo suyo y lo nuestro.
    De no haber metido la pezuña en un sistema, mejorable -como todo- pero que funcionaba bien, empresas que han quebrado gigantes habrían muerto en sus inicios.  La mano de obra se habría destinado a proyectos más rentables que construir edificios por doquier.  En otras palabras:  no estaríamos con el agua al cuello como estamos.

    Y acabo con lo que ya he comentado alguna vez:  en libertad también surgen burbujas, pero sólo afectan a los que se meten en ellas, no se socializan las pérdidas de nadie…, ni la subsistencia del estado depende de que un banco quiebre o no…  Cuando la fiebre de los tulipanes -y ya ha llovido- los que no se metieron no sólo no salieron perjudicados, sino que hasta pudieron beneficiarse de las gangas que salieron de aquel bluf.

     

  5. En los tipos de interés, entiendo el argumento, pero no conozco la alternativa. ¿Bancos libres, cada uno con su moneda y su interés libre. ¿Oro en polvo? 

    Coeficiente de caja:
    – En depósitos a la vista es una aberración que el banco pueda disponer de lo que no es suyo.  Es como si un garaje alquilara los coches que custodia mientras los dueños no los usan.   

    O como las camas por horas, también llamadas «camas calientes». Son un cante, pero hay quien las prefiere a la calle. Y estamos como, por una parte con argumentos morales no muy allá, y por otra como con el punto anterior. Comprendo los incovenientes, no puedo «visualizar» las consecuencias de la propuesta contraria. 

    El endeudamiento del estado.

    Lo mismo. Que mal llevado es muy pernicioso, es obvio. Ya lo sabíamos. Pero eso es una cuestión de grado y de estilo.

    – Todos los elementos expuestos son contrarios al funcionamiento fluido y libre del mercado y, en el largo plazo, sólo aportan efectos negativos. 

     No, no, perdona. Has mostrado unos efectos perniciosos, no que en el largo plazo solo aporte efectos negativos, se haga como se haga. Y el resto del resumen es mera opinión – con la que tiendo a estar de acuerdo, pero eso no quita que solo sea opinión.

    Sobre el estrambote, yo  tengo la intuición de que es una simplificación con muchas asunciones gratuitas, y dejando atrás un montón de cosas relevantes, en un sistema demasiado complejo como para tratarlo de un brochazo. Pero no tengo la preparación para discutirlo. Por eso, esa es la discusión que quisiera ver.

    Muchas gracias. 

  6. Eso sí que son argumentos, Juano. Y todo un saco, mil gracias.

    Otra cosa es que el asno los comprenda, pero de eso no tienes la culpa. En todo caso, ¿te atreves a intentarlo?

    Ahí es donde está el primer problema del dinero fiduciario.  Al tener el estado la potestad de incrementar arbitrariamente la disponibilidad de ese medio de pago, la utilidad marginal que tiene para los gobernantes es decreciente, lo cual les llevará a una asignación de recursos despreocupada con la optimización. 

    No pillo. ¿Por qué la utilidad marginal decreciente «para los gobernantes»?

    Los puntos 1, 2, 3 y 4 de la sección «Del dinero», dependen de que la depreciación sea rápida, y de que sea imprevisible. Y también depende de que el estado use esa potestad. Pero esa es la gran discusión del momento, ¿no? Que el estado la use (USA, RU), o no (Alemania).  Como tú tienes claro que es malo, tienes claro que es mejor que exista el mecanismo. Pero no todo el mundo está de acuerdo. Yo no lo veo claro. Entiendo tus argumentos de por qué es malo. Pero me falta la otra parte de la película; cuantificación, contexto, comparación. La maldad absoluta suele ser una cosa del demonio, en el que no creo. Y cuando alguien define un mal sin hablar de la dosis (por ej. tabaco, emisiones de CO2, etc), suele verlo como si me hablan del demonio – con mucho escepticismo.

    En resumen, que una cosa tenga inconvenientes no demuestra que no tenga ventajas, ni que cualquier cantidad de esa cosa sea siempre peor que cualquiera de las posibles alternativas. Vivir mismo tiene la hostia de inconvenientes (entre otros, que ya te estás muriendo), y te podría describir un carro de ellos con gran minuciosidad. Pero aun así, la gente suele preferir vivir que la alternativa. En resumen, en la parte desventajas me has convencido mucho. Las veo, y las creo. En la parte demoníaca / ausencia de perspectivas o de estudio de alternativas, no tanto.

    A ver si luego sigo con el resto.

    Gracias. 

  7. Del dinero
     
    Como se establece en el artículo, el dinero no es más que un bien de referencia por el que se valora comparativamente el resto de opciones que concurren en el mercado.  Una de las características que ha de tener ese bien de referencia para que sea aceptado como forma de pago y depósito de riqueza es que sea escaso, pues de lo contrario, si su disponibilidad varía con facilidad, las comparaciones que se establecen dejan de ser útiles.  Y de ser fácilmente disponible no puede ser un método de acumulación de riqueza, pues la incertidumbre del tipo de cambio futuro tiende a que se valore a la baja o que haga falta una gran cantidad para que su utilidad sea relevante en esa función.
    Al ser escaso, salvo para aquellos individuos que puedan acumular una cantidad considerable, la utilidad marginal de este bien es elevada.
     
    Ahí es donde está el primer problema del dinero fiduciario.  Al tener el estado la potestad de incrementar arbitrariamente la disponibilidad de ese medio de pago, la utilidad marginal que tiene para los gobernantes es decreciente, lo cual les llevará a una asignación de recursos despreocupada con la optimización.  A más emisión de dinero, menor utilidad marginal para el actor emisor, lo cual desemboca en más despreocupación en el gasto y sus resultados –sobre todo a largo plazo-.
     
    En una segunda etapa, esa oleada de dinero fiduciario incrementa su disponibilidad en el mercado, lo cual hace que todos los agentes participantes vean disminuida la utilidad marginal de sus ahorros, tanto para el colectivo como a nivel individual. 
    Mientras este fenómeno se expande ocurren varios efectos perniciosos:
    1.-Los primeros en recibir el flujo de dinero nuevo salen beneficiados por el diferencial existente entre el poder adquisitivo que aún se percibe en el mercado y el real ante el incremento de oferta monetaria.
    2.-Los acreedores pierden rentabilidad al haber prestado en una moneda que valía más que la que reciben en pago.  A igualdad de valor nominal el poder adquisitivo y la utilidad marginal han caído, pudiendo hacer que la rentabilidad de la operación sea negativa.
    3.-Obviamente los deudores salen ganando, lo cual incentiva conductas de endeudamiento mientras se castiga el ahorro y la inversión.
    4.-Los últimos en recibir la oleada sufren el impacto en su totalidad, empobreciéndose en cortos lapsos te tiempo.
     
    El dinero fiduciario nace y  se crea para perseguir esos efectos, no son externalidades indeseadas.  Es un esquema ideado por la clase dirigente para poder gastar sin los límites que impone un escenario natural y libre.  Es un sistema ideado para beneficiar a unos en perjuicio de otros.  Jamás se planteó como un sistema que corrigiese nada, sino para meter la mano en los bolsillos del pueblo sin que este se percatara.
     
    Al dificultar y castigar la acumulación de capital las clase media se diluye, generándose un diferencial creciente entre los beneficiados por las políticas estatales inflacionistas y los perjudicados por estas (la inmensa mayoría).
     
    Las barreras que se ponen así a la generación de riqueza crea una lógica fobia hacia el estrato más pudiente, dado que este se forma, no por su competitividad y generación de riqueza, sino por el aprovechamiento de una posición ventajosa.  El problema es que se suele tomar la parte por el todo y los que logran soslayar todos los impedimentos y progresan, sufren por igual la crítica social por su triunfo justo y limpio.  Esta clara injusticia, a su vez, castiga el éxito y premia una “igualdad” contraproducente.
     
     
     
    Del tipo de interés intervenido.
     
    Simplificando, el tipo de interés es un precio del dinero que refleja la preferencia temporal hacia la disposición del mismo.  Si con el dinero fiduciario el estado impide el mecanismo natural de valoración comparativa, con la intervención en los tipos de interés interfiere en las valoraciones temporales.
     
    La intervención pública en el tipo de interés es sesgada y determinista, por norma busca contrarrestar la tendencia natural del mercado.  Así, aunque haya tipos de interés libres, cuando la autoridad central introduce una oferta más barata o limita la libre fluctuación, independientemente de que se deje cierto margen a los agentes del mercado, el efecto es contraproducente.
     
    Resumamos en un ejemplo sencillo:  la banca en libertad estipula un tipo de interés hipotecario del 15%.  Es el precio que hay que superar para obtener rentabilidades que aporten una riqueza que satisfaga a las partes que participan en el crédito.
    Si el gobierno, bien mediante subvención, bien mediante intervención directa saca al mercado créditos hipotecarios al 5%, de repente todo el mecanismo de ajuste queda desbaratado.  Comienzan a fluir créditos a un precio inferior al de mercado que se destinan a unas inversiones con rendimiento inferior al demandado por los que han ahorrado.  El coste de oportunidad es devastador, dando pie a inversiones que jamás tendrían que haberse producido.
    Dado el poder del estado y su influencia ilimitada, aunque existan tipos de interés paralelos, todos tendrán como referencia, de una u otra manera, el (o los) que estipule el banco central.  También influirán las expectativas en cuanto a la emisión de moneda, intervención del tipo de cambio, etc…  Todo gira en torno a decisiones arbitrarias, centralizadas y deterministas, no en torno a las necesidades del mercado.
     
    Si sumamos la discriminación de precios que hace la autoridad central en función de los agentes a los que quiere beneficiar o, incluso perjudicar, más se agrava el problema, pues da riqueza arbitraria a unos a costa del empobrecimiento de otros. 
    Y ya con la combinación del dinero fiduciario la máquina de generar crisis es imparable.
     
     
    Del coeficiente de caja.
     
    Si el dinero hemos visto que es un bien como otro cualquiera, ¿por qué las empresas que trabajan con ese bien han de tener un trato diferenciado?  Máxime cuando ese trato diferenciado perjudica a toda la sociedad.
     
    En depósitos a la vista es una aberración que el banco pueda disponer de lo que no es suyo.  Es como si un garaje alquilara los coches que custodia mientras los dueños no los usan.  El problema  no es sólo el disponer de algo que no es de su propiedad y obtener beneficio con ello, sino el riesgo en el que hace incurrir al verdadero propietario.
    Además, el mecanismo, tal y como está consolidado, genera un dinero bancario que es igual de pernicioso que el fiduciario, en el cual se respalda en un porcentaje ridículo.  El incremento de oferta que supone afecta a la utilidad marginal, al cálculo comparativo, a las estimaciones de rentabilidad.  Es una burbuja constante que inevitablemente tiene que explotar periódicamente y cada vez con más efectos, pues se sale de una creando otra más grande.
     
    Del volumen monetario.
    Es una falacia justificar el dinero fiduciario y el bancario en base a la falta de moneda para que el mercado funcione.  En libertad surgirán bienes de referencia que compitan por realizar esa función.
    Ya hemos visto en la historia como oro y plata compartían protagonismo como moneda.  Cuando la oferta de plata creció mucho más que la del oro, éste último se ganó fuerza y la plata quedó para operaciones de más corto plazo.  Y en el futuro podrán entrar a competir otros metales o bienes, nadie tiene por qué regular nada al respecto fuera de la exigencia de las condiciones contractuales que surjan.
     
    Del endeudamiento del estado.
    Tiene que ser igual que para un particular, puntual, calculado y temporal.  Jamás puede ser una fuente de financiación habitual y general. 
    Tiene sentido y puede justificarse para superar una situación puntual y grave (guerra, cataclismo natural), pero jamás para mantener puestos de trabajo improductivos, para dar subvenciones o para obras faraónicas.
    Al que trabaja y genera riqueza lo buscan los prestamistas.  Al que dilapida le exigen que ponga más garantías de lo que pide y se le cobra más caro, si es que se le presta.  Ahí el mercado no hace ninguna diferencia en el largo plazo.  En el corto sí le da ventaja al estado… porque tiene el poder de quitarle a sus ciudadanos por la fuerza el montante de lo que tiene que pagar.
    Hay que dar muchas vueltas y dejar unos cuantos agujeros para llegar a justificar tal conducta y poder encontrar algún efecto positivo…
     
     
    Resumiendo.
     
    Todos los elementos expuestos son contrarios al funcionamiento fluido y libre del mercado y, en el largo plazo, sólo aportan efectos negativos.  Rompen los mecanismos de comparación, estimulan el cortoplacismo, generan incertidumbre y transmiten información falsa con la que las decisiones empeoran.
    Habiendo alternativas más justas, de mejor funcionamiento  y resultado, ¿para qué mantenerlas?
    Nada en la esfera del hombre es perfecto, jamás hemos tenido un sistema ideal ni jamás lo tendremos.  Pero eso no quita que seamos capaces de ver aciertos y errores, que podamos institucionalizar los primeros y evitar los segundos.
     
    Nadie es capaz de procesar toda la información que millones de personas gestionan a través de infinidad de intercambios individuales.  Nadie puede preveer lo que está por inventarse, por desarrollar, por experimentar.  ¿En base a qué el estado tiene una capacidad sobrehumana para hallar soluciones mágicas o prever el futuro?
    Lo que sí puede hacer el estado es garantizar un mínimo de estabilidad en lo físico y en lo jurídico.  Su función es trabajar por una paz estable y una igualdad ante la ley general.  Todo lo que salga de ese mandato no tiene sentido, pues rompe la igualdad ante la ley y genera violencia, es entrar en una contradicción.
     
    La democracia es el sistema ideal para decidir la alternancia en el poder, pero NO es la dictadura de la mayoría.  De admitir esa acepción Chávez es un demócrata estupendo.  Los votos son una herramienta de elección de representantes, no un cheque en blanco que legitima toda acción del poder electo.
     
    Estrambote.
     
    Para salir de la trampa del dinero fiduciario y los coeficientes de caja hay una propuesta lógica  y viable de Jesús Huerta de Soto.  Consiste en (tiro de memoria y simplifico):
    1.-Monetarizar todo el dinero bancario.  Que el 100% de la masa monetaria sea real, no apuntes contables.  Esto no sería inflacionista, pues las provisiones, reservas, capital, etc…, quedarían bloqueados.
    2.-Coeficientes de caja del 100% en depósitos a la vista.  En los que no son a la vista que se negocie el coeficiente, los plazos y los tipos libremente con el depositante.
    3.-Patrón oro como paso intermedio hacia la liberalización.  Luego que haya libertad para emitir dinero real, con respaldo de bienes, nada de papel ni apuntes contables.
    4.-Libertad absoluta en el establecimiento de los tipos de intere´s.
    5.-Los bancos centrales, de mantenerse, o mientras se mantuvieran, serían para sólo para vigilar el cumplimiento de estas medidas.
    6.-Déficit cero para los gobiernos.
    Las medidas tienen que ser simultáneas y quedar (salvo la tercera y quinta) inamovibles.  Además, por si fuera poco, con la monetarización del dinero ficticio se puede eliminar toda la deuda de los estados de un plumazo y empezar de cero.  Adiós puñetera prima de riesgo.

  8. Hola Juano. Me pasa un poco lo que a Plaza. Coincido en las tres primeras cuartas partes. Ahora bien, veo dos fallos. El primero lo ha señalado Plaza. Te falla la argumentación de lo que das como verdades de primer orden.

    El segundo es que esas verdades que promulgas me suenan a novela de ficción tipo «El señor de los anillos». Podríamos discutir si de verdad funcionarían o no partiendo de un sistema absolutamente caótico de postguerra. A lo mejor me convences para ese caso.

    Ahora bien, yo abandoné ese tipo de elucubraciones mentales hace años. Intento ser eminéntemente práctico. Confío en que no lleguemos a un escenario donde haya que plantearse de nuevo el sistema entero.

    Lo que tengo claro es que estamos donde estamos, y partimos de ese punto en este momento. Estamos de acuerdo en que hay que disminuir el volumen del Estado y la administración en la economía. Pero no creo en que se pueda (no voy a entrar en si se debe) destruir el dinero fiduiciario sin destrozar totalmente la economía. Si subimos el coeficiente de caja al 100% destruiremos el 99% del dinero existente. Quebrarán miles de empresas cuya actividad quedaría paralizada de inmediato y millones de personas irían al paro.

    O no. Podemos seguir funcionando a pase de pagarés, pero eso ya es igual que el dinero fiduiciario, sólo que más complicado de manejar. ¿Conoces cómo funciona el factoring, sus costes y los problemas administrativos que tiene?. ¿Sabrías si debes aceptar un pagaré del Ayuntamiento de Londres o estáa quebrado?

    Criticas el determinismo del precio del dinero, y yerras gravemente. Existen varios precios del dinero (tipos de interés) de referencia, no uno sólo. Añadiendo lo que se conoce como prima de riesgo llegamos a establecer infinitos tipos de interés que dependen de nuestra credibilidad, solvencia, plazo de devolución, oferta y demanda, etc. La famosa prima de riesgo de los telediarios no es más que la diferencia entre la rentabilidad de la deuda a 10 años española con la alemana. Pero existe una diferente para el plazo de tres años, otra diferente a cinco, y otra diferente a 25 años.

    Tampoco me cuesta a mí lo mismo que me presten dinero que a Endesa, por lo que no. Ni de coña el precio del dinero está determinado por el BCE.

    ¿De verdad crees que el Estado debe directamente desaparecer? ¿Crees que no debe haber bomberos ni policía? ¿Estás seguro de que el Estado te hace deudor sin tu consentimiento? Una democracia puede ser imperfecta, pero eso no la deslegitima. Aunque si acepto que la corrupción generalizada podría llegar a desligitimarla, si no aceptamos la democracia, tenemos que montar una revolución, o ganar unas elecciones. Y me da que ninguna de las dos cosas. Por tanto, teniendo en cuenta que me gusta tan poco como a tí el despilfarro estúpido, acepta lo que hay.

    Además, pensemos un poco. Un presupuesto puede ser equilibrado, pero es imposible que el saldo final del año de equilibrio. Los ingresos y los gastos tienen imponderables. Por tanto, las emisiones de deuda pública son obligadas para cualquier Estado prudente, puesto que debe intentar evitar estar en superávit, porque estaría gravando con exceso de impuestos. Lo que debemos evitar es que se nos vayan de las manos, como ha pasado.
    Saludos

  9. Por cierto, hay una operación que sí me parecería muy lícita. Damos por ciertas estas proposiciones, para no estarnos repitiendo todo el rato, y a partir de ahí, construimos. Yo creo que vale, pero solo vale para los que están en la situación de dar esas afirmaciones por ciertas.

  10. Pues perdona, Juano, pero me he perdido el argumento que dices que has hecho sobre que el dinero fiduciario no debería de existir. Y no lo encuentro. Creo que algunos le achacan la gran expansión de las dinastías Yuang y Ming en el siglo XI, pero confieso que ni idea. Y sé por varias fuentes distintas que los que están en contacto directo con el mundo financiero (y con conocimientos) tienden a la carcajada ante la propuesta. Eso no es prueba de nada, podrían estar equivocados aunque sea su mundo. Pero sí me parece un indicio preocupante. ¿Por cierto, con dinero no fiduciario, no se conocen problemas similares?

    Puede que la función del estado salga de la observación y de la lógica. Parece ser que a otros, con las mismas herramientas, no les sale el mismo resultado. Y el problema que yo veo es que probablemente no existe (ni ha existido nunca) ese estado imaginario tuyo, así que difícilmente podemos saber si su resultado sería el que tú esperas. Ya sabes, los sistemas complejos y esas cosas.

    Sí, pones unos ejemplos del tipo de India y China => menos socialismo => crecimiento muy fuerte; USA => más socialismo => crisis gorda. Pero ninguno de ellos es el estado que planteas, y no hay ningún motivo para pensar que esas tendencias que has observado sean ni lineales, ni hasta el fondo. No se puede saber que cualquier reducción del socialismo (por entendernos), en cualquier nivel que no sea el 100% liberal (si eso existe) conduce a mayor crecimiento. Ni tampoco lo contrario. O sea que solo has mostrado que para algunos niveles de socialismo, una liberalización suele implicar crecimiento. ¿Había alguien que no lo supiera? Y tal vez que para algunos niveles de liberalismo (para ti muy insuficientes), un mayor socialismo reduce la riqueza. ¿Pero pasaría lo mismo con un nivel mayor de liberalismo? Me parece imposible saberlo, y no me lo voy a creer simplemente porque alguien lo afirme. Y todo ello está muy lejos de soportar tus conclusiones sobre tu estado de utopía.

    El rasero me lo aplico a mi mismo. Si propongo, pongo los argumentos sobre la mesa. Si solo ignoro, no hace ninguna falta. Y no estoy proponiendo nada; solo trato (malamante) de entender un poco, y de quitar de en medio el humo (los editoriales) para ver mejor. Confieso que de momento sin el menor éxito.

    Gracias por la respuesta. 

  11. Las exportaciones chinas basan gran parte de su competitividad en el robo que hace el gobierno a su población con su política monetiaria.  Nos beneficiamos, cierto, pero los efectos de esa burbuja empiezan a notarse.  
    La India ha  tenido un importante frenazo en su crecimiento al poner trabas a la inversión extranjera con el fin de defender al capital nacional.
    Sudáfrica está perdiendo competividad a un ritmo preocupante.
    No voy a explicar ahora aquí la teoría del ciclo económico, pero los tres ejemplos que has puesto son magníficos para ver la evolución del mismo.

    La definición de la función del estado sale de la observación y de la lógica.  La función estabilizadora es la única útil y eficiente que puede hacer el estado sin romper los mecanismos de mercado, incluso potenciándolos.  Desde el momento en que se sale de esas funciones los efectos siempre son negativos:  hiperregulación, estímulo de conductas contraproducentes, burbujas, consumo de capital…

    China liberaliza la economía y crece a cifras espectaculares.  La India abandona el socialismo y la respuesta es inmediata con un crecimiento increíble.  Los EEUU incrementan el poder del estado y su intervención en la economía y entran en la peor depresión de su historia.  ¿Hay que venir con una enciclopedia de datos para debatir ahora?

    Y con respecto al dinero fiduciario he dado un razonamiento, y tú sólo dices que hay otros que dicen que…  Por favor, si quieres debatir razona.  No me vengas exigiendo datos y argumentos para luego responderme que has oído a otros decir otras cosas…  Indica en qué no estás de acuerdo y qué propones.  Por lo menos aplícate el mismo rasero a ti mismo…

    • Discrepo, Juano. La competitividad china se fundamente no en su política monetaria, sino en su política de control de cambios. En un yuan que está tremendamente infravalorado con respecto a cualquier parámetro de evaluación de los tipos de cambio. Y en unos rígidos controles cambiarios que impiden la existencia de un mercado libre de su divisa.

      También en la asimetría. China puede mover los mercados occidentales, pero occidente no puede tocar la moneda china. Me recuerda a la situación que se daba cuando conocí los mercados de divisas por dentro. El Banco de Moscú movía, cuando le daba la gana, el tipo de cambio del dólar, pero nadie podía tocar el rublo del otro lado del muro.     

      • ¿Qué más da si juegan con el valor de la moneda mediante inflación, devaluación o imposición de tipos de cambio?  El camino da igual, el destino es el mismo…

        • Vale, ahí ya hemos llegado a un acuerdo. Son dos caras de la misma moneda.

  12. La crisis actual es una enfermedad global que cada país sufre con distinto nivel de gravedad.  Desde que el estado renuncia a su función estabilizadora, principalmente en la seguridad física y jurídica, para pasar a convertirse en el principal factor desestabilizador, su función queda corrompida y su efecto es contraproducente.  Muy mal vamos cuando el estado declara como finalidad la redistribución de la riqueza, la definición del modelo económico, la política monetaria…  Es interminable la lista de interferencias gubernamentales que dificultan, y hasta impiden, el sencillo mecanismo descrito.  El análisis da para un libro, pero la correlación es directa y las evidencias obvias.  

    De las más obvias es la existencia del dinero fiduciario.  Algo que no nace como se ha descrito de un proceso natural, libre y consensuado, sino que se impone contra la lógica, la libertad y el beneficio de los individuos para ganancia de unos pocos.  La arbitrariedad en la oferta y la intervención de precios, sin entrar en el impacto de la fiscalidad, rompen todo el mecanismo del mercado generando información falaz y resultados contraproducentes.  Una vez más es un ejemplo claro de intervención desestabilizadora por parte del estado que no tiene razón de ser.  Es algo que produce alegrías a corto y muchas penurias a largo.

    Y lo mismo ocurre con el endeudamiento, se nos hace deudores sin nuestro consentimiento y, por si fuera poco, en nuestro perjuicio.  En el largo plazo, ¿qué beneficio o estabilidad aporta una deuda creciente en volumen y precio?  En el corto plazo sí da sensación de riqueza y de disponibilidad de servicios «gratuítos», pero es sólo eso, una sensación que se vende con fines -en el mejor de los casos- electoralistas.  ¿Y quién ha dado al estado esa potestad?  ¡Nadie!.  Es otro mecanismo de impuestos encubiertos (como la inflación) o diferidos para que el político no tenga que dar explicaciones a sus votantes, para eludir el coste real de todo el aparato estatal.

    Y por último, la concepción de estado en la que el «representante» no tiene ningún límite al ejercicio de su poder ni vínculo con los «representados» es un sistema corrupto, pues descansa sobre la arbitrariedad y el interés de la casta política.  Cuando se abandona el Imperio de la Ley para que la fuente de ésta sea el puro y simple capricho de un grupo de privilegiados el sistema pierde toda congruencia y eficiencia, pues se ignora todo el procedimiento de comunicación, prueba y error enunciado.  Cuando las leyes no son iguales para todos, ni siquiera son ley, son corrupción, son el beneficiar a unos en perjuicio de otros.  Cuando las leyes no emanan del uso y costumbre que las avalen y justifiquen, el resultado es incierto y por norma, producen externalidades que eliminan cualquier beneficio que puedan traer.
    Para avalar un sistema así hay que creer que los goberantes son santos y, además, iluminados por un poder superior.  Lo primero porque hay que dar por sentado que no van a sacar provecho de su situación privilegiada de ninguna manera.  Y lo segundo porque al romper el sistema de mercado, ¿de dónde van a sacar la información para tomar las deciciones apropiadas?  Es como esperar que una escudería gane el mundial de F1 con un piloto que cobre 100 euros por carrera -y no acepte sobornos de millones-  y vaya con las pupilas dilatadas como platos.

    Cierto que puede desarrollarse más y mejor el enfoque, que lo haré.  Pero la explicación está ya ahí. 

    • Juano, una afirmación no hace cierto el enunciado (aunque da la pista de que el que lo hace se lo cree). Podríamos llamarle «género editorial» para hacernos una idea de cómo va la cosa.

      Por partes.

      Crisis global.

      ¿China padece una crisis? Supongo, si le llamamos crisis a crecer con menor velocidad, pero aun así mucha velocidad. ¿Y la India? ¿Y Sudáfrica? ¿Y África en general? Pues estamos hablando de un porcentaje acojonante de la población mundial.

      Growth of BRIC economies past decade 2001 – 2012:
      http://www.hktdc.com/info/mi/a/ef/en/1X07FWXF/1/Economic-Forum/Brazil-A-Latin-American-Star-Player.htm

      – Desde que el estado renuncia a su función estabilizadora, principalmente en la seguridad física y jurídica

      ¿Y eso de dónde sale? ¿Tienes muchos ejemplos, o se trata de la función que tú opinas que deberían tener los estados, y que crees que han abandonado? 

      – …  para pasar a convertirse en el principal factor desestabilizador, su función queda corrompida y su efecto es contraproducente.

      Lo mismo.

      – Muy mal vamos cuando el estado declara como finalidad la redistribución de la riqueza, la definición del modelo económico, la política monetaria…  Es interminable la lista de interferencias gubernamentales que dificultan, y hasta impiden, el sencillo mecanismo descrito.  El análisis da para un libro, pero la correlación es directa y las evidencias obvias.

      Pues si las evidencias y la correlación son tan obvias, sería de agradecer que las mostraras.  Con ejemplos de los estados (presentes o históricos) que no interfieren en el sencillo mecanismo (y les va muy bien), y la muestra de que todos los estados que sí interfieren les va muy mal (o la explicación cabal de las excepciones).

      – La obviedad de lo del dinero fiduciario será muy obvia, pero hay mucha gente muy entendida que afirma no ver la obviedad por ningún sitio. ¿Será que mienten, o será que solo es tan obvio para algunos, y por lo tanto nada obvio?

      Bien ese es el esquema, no creo que haga falta que siga con cada afirmación. El resumen es que una afirmación, por sí misma no nos da nada más que el convencimiento de quien la hace, que es lo mismo que nada. Todos creemos muchas cosas, normalmente equivocados. 
       

  13. Buen curro, Juano. Gracias.

    Y sugestivo, como suele ser el de los liberales que llamo «alegres».  Lo que pasa es a partir de los 3/4 del artículo llega a una fase en que solo puede convencer a convencidos; cosa por definición innecesaria. Porque parte de unos supuestos que da por demostrados, pero aquí mismo no los demuestra.

    Aclaro. La parte genérica que trata del mecanismo de degeneración de la democracia es la que me parece sugestiva, y a la que le veo los argumentos sobre la mesa. Al salto siguiente, no. 

    –  La corrupción de la función del estado nos ha traído esta crisis. (¿Qué estados, y qué crisis en cada uno? ¿Han corrompido todos la función del estado en el mismo grado y con las mismas consecuencias, y hay correlación?)

    – Explicar los fundamentos: El estado no puede tener derecho a endeudarnos (¿y eso?); el dinero fiduciario no debería existir (dónde se demuestra?); el modelo de estado hace que el ejercicio del poder se fundamente en la corrupción (¿qué modelo, o parte de modelo, exactamente – y comparado con qué?)

    Y no digo que no esté de acuerdo con lo no argumentado, ni lo contrario.  Pero sin el argumento es como si no está.

    En todo caso agradezco las primeras tres cuartas partes, ya digo que brillantemente sugerentes.

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