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Armas de fuego: defensa propia legítima

escrito por Firmas Invitadas 16 mayo, 2012

En este post trataré de llevar a cabo una argumentación a favor del derecho a la tenencia de armas de fuego. Lo haré mediante varios ejemplos, en los que demostraré que prohibir a un ciudadano tener armas en su casa, es un acto inmoral comparable al asesinato.

Para comenzar, partimos del axioma de la existencia de los Derechos Naturales. Hablamos de derechos que son anteriores a la existencia de cualquier Estado, de cualquier legislación. Los vemos por intuición, están ahí y no necesitamos que nadie nos lo explique, lo vemos nosotros solos. Como por ejemplo:  no está bien matar.

Pasemos al primer ejemplo, relacionado con el derecho individual.

Ejemplo 1.

Eres un juez y estás ante un caso importante. La persona acusada lo está por un crimen que ha causado un gran escándalo. A lo largo del juicio descubres que el acusado es inocente. Pero sabes que todo el mundo en la calle lo cree culpable. A raíz de eso, crees que si lo declaras inocente, provocarás revueltas en las cuales morirá gente injustamente. La culpabilidad llevaría al acusado a la cadena perpetua, sin revisión ¿Deberías declararlo culpable?

Si respondes “no”, entonces llegamos a la conclusión de que no es correcto pisotear el derecho a la libertad de una persona, aunque esto pudiera prevenir violaciones de derechos comparables. El deber del juez es en cada momento hacer lo que pueda porque se defiendan los derechos de cada individuo, centrado en el individuo y no en las posibles consecuencias en su entorno.

Ejemplo 2.

Ahora nos enfrentamos a otra situación:

a) Estás solo en casa y entran dos hombres fuertes por la ventana. A uno lo llamaremos asesino, y al otro cómplice. Sin darte cuenta, el cómplice te ha sujetado de los brazos y te impide cualquier movimiento. Cumple la función necesaria para que el asesino te dé el golpe de gracia sin casi inmutarse y te mande al otro barrio.

Desde un punto de vista moral, el peor situado es el asesino. Pero el cómplice está muy cerca, tan cerca que es difícil ver la barrera que los separa, y en la mayoría de los casos tendemos a ponerlos a la misma altura.

b) Imagínate la misma situación pero con dos diferencias: La primera, tú tienes una pistola en el cajón de la mesilla, cerquita de la almohada. La segunda, el cómplice esta vez no te sujeta de los brazos, sino que te roba la pistola en un descuido. A continuación, el asesino entra a por ti. El asesino es mucho más fuerte que tú y va armado, así que no tienes ninguna posibilidad y te mata.

De nuevo, el cómplice vuelve a cometer un acto completamente inmoral a la altura del asesino, y le permite hacer su trabajo. Probablemente te podrías haber salvado con la pistola, pero el cómplice lo impidió.

c)Ahora imagínate la misma situación que la anterior, pero ahora el cómplice no entra al mismo tiempo que el asesino, sino que entra el día anterior a tu casa, y te quita la pistola. No solo eso, además de robarte la pistola, avisó al asesino de que lo había hecho. Tú te das cuenta, pero no te compras otra pistola porque no tienes dinero en ese momento. Al día siguiente, cuando estás en la cama, y el asesino viene a por ti, de nuevo estás indefenso y te mata.

De nuevo, el cómplice está a la misma altura que el asesino porque te ha impedido defenderte. En otras palabras, lo que ha hecho el cómplice en los tres casos, es coartar tu derecho a la legítima defensa, que no es más que el derecho natural que todos tenemos a defendernos de una agresión de la forma más efectiva posible.

Llegamos a la conclusión. Si en el primer ejemplo consideraste que no se puede juzgar culpable a un inocente, aunque con eso se salvaran vidas, y crees que existe el derecho a la legítima defensa, nunca puedes estar de acuerdo en que el Estado, con la supuesta intención de salvar vidas (ej1), te quite las armas de fuego y actúe como el cómplice del caso c). Porque el Estado, al igual que el cómplice, participa activamente en los hechos que conducen a la muerte de la gente que se podrían haber salvado si hubieran tenido un arma. El Estado en estos casos actúa como el cómplice, porque SABE, tiene la completa certeza, de que se van a producir asaltos y de que siempre va a haber gente dispuesta a agredir o matar a otras. Además, actúa como el cómplice chivato del caso c), pues al ser pública la legislación, todos los ladrones saben que la gente de bien no está armada.

Autor: Juanma Barrio