Home Economía ¿Es el mercado libertario y la democracia dictatorial?

¿Es el mercado libertario y la democracia dictatorial?

escrito por Antonio Vegas 5 mayo, 2012

A escala gubernamental, a la hora de elaborar una política económica concreta, por poner un ejemplo, se observan varias relaciones contrapuestas. Por una parte, el gobernante se ve presionado por lo que la mayoría piense (dictadura de la mayoría), con el objetivo de obtener réditos electorales. Por otro lado, la autoridad también se ve influida por los consejos que los asesores den (tecnocracia), con el objetivo de mejorar la economía a largo plazo, aumentar la competitividad y la productividad, etc. Y también el político se ve tentado por los grupos de presión o lobbies (dictadura de la minoría), tales como grandes corporaciones, sindicatos, grupos ecologistas, etc.

Esto revela cuán difícil (si no imposible) es gestionar un Estado, pues ni si quiera se sabe lo que es el “bien común”, que, en teoría, es a lo que el gobernante debe encargarse de satisfacer. Los estados son de tan enormes proporciones y están formados por tal cantidad de personas heterogéneas que es imposible satisfacer a todos, ni si quiera es posible satisfacer a gran parte de ellos, pues no es posible que un gobernante (o un equipo de gobierno) pueda conocer las preferencias de todos y cada uno de ellos.

De ahí que los estadistas hagan su política económica en cuanto a criterios tecnocráticos a veces; es decir, dejarse llevar por lo que les dice un experto o consejo de expertos.

Otras veces, se pueden dejar llevar por lo que preconice un determinado grupo minoritario que tenga influencia o importancia (lobbies), pero que, al final, pueda esa decisión alentada por los lobbies pueda, al final, perjudicar a la mayoría. Por ejemplo, el caso paradigmático que ilustra esta idea es el proteccionismo arancelario. Como ya ha sido demostrado desde hace muchos años, el proteccionismo es una fuente de pobreza, pues condena a un país a autoabastecerse, con las siguientes consecuencias negativas: reducción de la diversidad de productos, reducción de la competencia, aumento en los costes de producción, reducción de la renta disponible, etc. Vale, los aranceles perjudican el progreso económico. Ahora bien, ¿por qué algunos países lo adoptan? Porque el proteccionismo puede favorecer a unos cuantos como, por ejemplo, los productores nacionales. Si estos productores se unen y protestan contra el gobierno ejerciendo una gran presión, el gobierno puede verse tentado (con tal de no perder popularidad) en admitir sus propuestas y adoptar el proteccionismo, empobreciendo al país. Igual que sucede con el proteccionismo, sucede con los sindicatos, los ecologistas, o incluso simples manifestaciones en la calle no representativas de la población.

Además, el sistema de votación por mayorías plantea graves problemas irresolubles. Por ejemplo, puede darse el caso que salga como ganador un partido político que beneficie a la mayoría en muy reducida proporción a costa de perjudicar a una minoría de forma desproporcionada, de tal forma que la sociedad salga perdiendo.

También tenemos el problema de la oclocracia o gobierno de la muchedumbre donde la mayoría puede aprobar leyes que perjudiquen a las minorías. Es decir, en una democracia se acepta la opinión generalizada, pero no se respeta la libertad individual. De ahí que el término democracia signifique poder absoluto del pueblo. Demos (pueblo) y Kratos (poder absoluto). Imaginemos que un país somete a votación si subirse o no el salario el 20%. Es evidente que todos votarían que sí, pero ello ocasionaría una inflación desbocada, paro y otros aspectos perniciosos.

Incluso esta característica puede darse dentro de una organización supranacional. Recuerdo que hace meses el exprimer ministro de Grecia, Papandreu, iba a someter a referéndum si los griegos deseaban estar en la UE o no y, en consecuencia, si iban a pagar la deuda o no. Al final Alemania logró abortar tal propuesta, que evidentemente hubiera ido en perjuicio de toda la Eurozona y de los propios griegos.

Como todo el mundo sabe, cualquier país que haya caído en el populismo o en la demagogia ha terminado bastante mal en lo que a progreso se refiere. Latinoamérica está plagada de ilustraciones a lo que acabamos de decir. Grecia es otro ejemplo, un país donde antes la gente se jubilaba antes de los 60 años.

Es por todas estas razones por las que es viable y eficiente reducir paulatinamente la dimensión del sector público, para que, por un lado, el gobernante se viese aliviado de cargas burocráticas y, por otro, para eliminar la posibilidad de todo tipo de poderes absolutos, en el que una persona o conjunto de personas puede decidir sobre temas que le afecten a otra.

Y, por suerte, parece que esta es la vía que prácticamente todo el mundo está siguiendo (China reduce su poder estatal paulatinamente, la primavera árabe del año pasado otorga un aliento de esperanza bastante prometedor, el intervencionismo de Obama parece que tiene los días contados) y muy especialmente la Unión Europea, donde el euro impide el déficit público, la devaluación y desincentiva la inyección monetaria, reduciendo el poder estatal sobre la economía enormemente, además de incentivar políticas de liberalización y competitividad. Sin duda, desde mi perspectiva, ahora el mundo está tomando la vía de la reducción del Estado, favoreciendo la libertad individual. Parece que el mundo evoluciona históricamente hablando.

Es en un sistema de economía de libre empresa, como también garantiza nuestra Constitución, donde se produce una libertad real, desprovista de cualquier tipo de poder absoluto. En el mercado libre, los consumidores, que eligen mediante decisiones individuales, son soberanos eligiendo sobre sí mismos: qué compro para mí, a quién le doy este dinero, cómo voy a invertir, a qué organización me voy a adscribir, a qué país me voy a ir para emigrar, etc.

Por tanto, todos los comentarios insistentes y machacones que hablan del oxímoron “dictadura del mercado” son falsos y contradictorios en sí mismos. Normalmente, en la prensa y en las redes sociales se aduce con la expresión “los mercados” a los mercados financieros, por la enorme importancia que tienen a nivel mundial y el papel tan importante que desempeñan en la globalización. Pero no olvidemos que todos formamos parte de ese mercado. Cuando vamos a hacer un viaje al Reino Unido y tenemos que comprar libras, estamos interviniendo en el mercado monetario. Cuando invertimos nuestros ahorros en un depósito en el banco, estamos interviniendo en el mercado financiero. Cuando compramos deuda pública, estamos interviniendo en el mercado de deuda. ¡Y ojo! No existiría una relación de intercambio en el mercado si alguno de los participantes de la misma así no lo quisieran. Pero mucho me temo que los mercados se califican como una dictadura, porque precisamente no son una dictadura que ellos pueden presidir: muchos, al dejar de ser dictadores, se sienten aherrojados (por ejemplo, los sindicatos).

Veamos por último, por simple curiosidad, la popularidad que tiene el libremercado en el mundo, según el semanario británico The Economist: