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Por una nueva conciencia ciudadana

escrito por Germanico 12 abril, 2012

Da igual que la bofetada te caiga por la izquierda o por la derecha. Una bofetada es una bofetada. Y poner la otra mejilla es un ejercicio de masoquismo que solamente se pueden permitir los santos, que no aspiran a otra cosa que a su propia santidad, en su santo egoísmo. Como alguien dijo solo hay dos cosas seguras en la vida: la muerte y los impuestos. Un aristócrata chiflado de la novela El Bastardo Recalcitrante, de Tom Sharpe, llamaba a la muerte “la gran certidumbre”, pero yo diría que la gran certidumbre que tiene más peso en la balanza es la fiscal. A fin de cuentas cuando uno está muerto ya no tiene constancia de nada, y la balanza está trucada para que siempre gane….la banca.  Oh, no, no me estoy poniendo antisistémico. No padezco fobia a los ahorros de mis padres o de los jubilados daneses, a eso que llaman mercados, y menos a sus intermediarios. Tampoco es que ame a estos últimos. Son autómatas fríos que cumplen su función sin ira ni parcialidad, tácitamente. La verdadera banca en este juego de suma cero es el Estado.

Ahora que el nuevo gobierno liberticida del PP decide poner freno a los excesos de la libertad de expresión -cuando toma forma de kaleborrokismo posmoderno catalizado por las tecnologías de la información- y juega con el fuego de la ley, abriendo la caja de Pandora de futuras arbitrariedades del poder, yo me pregunto qué es eso de la conciencia ciudadana. Ya el propio término ciudadano, heredado de las polis griegas y de la gran urbe imperial romana, me chirría un poco. Es difícil acotar, pero es lo que hay que hacer para definir. No quiero mirar el diccionario, quiero pensar sobre ello sin bastones en los que apoyarme. Ciudadano: ciudad. Si, pero vivimos en la ciudad global. Desde luego la expresión “aldea global” es de auténticos analfabetos funcionales: ¿Qué carajo aldea? Eso ya está superado por la complejidad de las interacciones que se dan dentro de los sistemas complejos llamados sociedades humanas. Ya no somos ciento cincuenta tíos que se miran a la cara unos a otros y cultivan sus hortalizas o hacen pastar a sus rebaños. Somos miles de millones de habitantes de la plaga humana. Noooooo, tampoco me estoy poniendo ecolojeta. Digamos que lo de creced y multiplicaos no es un mandato de la Biblia (no, al menos, únicamente), es un imperativo de la naturaleza. Y cuántos más seamos mejor tendremos que gestionar nuestros recursos, los propiamente humanos y los naturales, que nos apropiamos para poder vivir -como cualquier otra especie ¿o es que aún están en la etapa Disney del pensamiento acerca de la naturaleza?

Un ciudadano hoy es una persona, es decir, un ser humano, que vive dentro de una sociedad humana compleja, y que asume una serie de roles como actor (y pagador de tributos) dentro de ella. Un chimpancé, por mucho que los del Proyecto Gran Simio echen sus lagrimitas, jamás será una persona. Persona es un concepto humano que se refiere a los humanos como seres eminentemente distintos al resto de los otros seres. Seres que forman sociedades, seres políticos, seres que crean normas, seres que miran a un futuro mucho más allá del inmediato, seres que hacen planes, tácticas y estrategias, incluso seres maquiavélicos, seres que deciden constantemente entre numerosas alternativas presentes o ausentes de sus sentidos. Los del Gran Simio y otros simios similares insisten en nuestras similitudes con los otros simios. Bien, bueno está. Pero lo que indica la palabra persona, y todo lo que la rodea, es humanidad, algo que nos distingue de forma tajante. Ya está bien de ñoñerías para justificar libros, papers y conferencias, así como superioridades morales en base a igualdades morales ficticias. Echémos todos unas lagrimitas por los monos y los gatos con los que experimentaron Hubel y Wiesel, y subamos de paso al altar a estos dos científicos por ayudarnos a curar los ojos vagos.

No me iré por las ramas -bastante simio soy ya. La conciencia ciudadana, creen muchos, se está agudizando. La gente, creen muchos, es más crítica. Pero señores, la gente en esto parecen más bien   palomas de Skinner: sí, son críticos, pero es que la situación es CRÍTICA. Pero distingamos, por favor, una conciencia ciudadana crítica de una conciencia ciudadana pretendidamente crítica. La última ya la conocemos: a bombo y platillo se hace notar a todas horas y los medios, que forman parte de ella, la amplifican. Vale. Pero hay un movimiento subterráneo de personas formadas, personas que empiezan a estar HARTAS del sistema. Nooooooo, volvamos a insistir en que no soy un antisistema. No son personas que culpen al sistema financiero ni al neoliberalismo mundial (¿alguien lo ha visto? creo que se parece mucho a un gamusino, pero tampoco he visto uno de esos). Son personas que se están percatando de que las bofetadas vienen por la izquierda y por la derecha,  y que  la desinformación más-iva es el pan nuestro de cada día (no el ganado con el sudor de nuestras frentes). Son personas que se percatan de que los impuestos son lo único seguro, al menos lo único seguro de lo que vamos a ser dolorosamente conscientes (porque mientras agonizamos estamos vivos) y de que el Estado es un Gigante Monstruoso al que la palabra Leviatán ya le queda pequeña. ¿Serán capaces esas personas verdaderamente críticas, y no los payasos que se ponen uniformes y siglas en el pecho o cuentan cuentos y dan espectáculos en los medios, de salir a la superficie y cambiar el rostro de estepais y del mundo? ¿Cómo podemos, desde nuestra crítica poderosamente individualista, luchar contra los que forman rebaños? No, no queremos el rostro amable del socialismo de todos los partidos, del Estatismo. Queremos ver el rostro de nuestro vecino en la ciudad global, que, aunque desconocido, y quizás precisamente por eso, implica una oportunidad de acuerdo voluntario, de intercambio de ideas, productos y servicios. No queremos el rostro humano del monstruo estatal. Ese es el bello rostro de Dorian Gray, una farsa hermosa de juventud y belleza. Y ya sabémos cómo está el cuadro en el que está pintada la corrupción del verdadero Dorian. ¿No es así Mr Wilde?

Yo abogo por esa nueva conciencia ciudadana que culpa al Estado y a los medios, en lugar de a los mercados, a los bancos y a la libertad económica. Pero esto no es un manifiesto, ni me pienso manifestar en rebaño. Simplemente manifiesto mi punto de vista.