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Las bondades del despido libre

escrito por Cherokee 13 marzo, 2012

Mi buen amigo Gérmánico ha tenido la amabilidad de invitarme a escribir en esta página algún artículo sobre las ideas que hemos venido comentando en largos paseos peripatéticos en nuestro lugar de residencia, rodeados de una cohorte de niños que, con seis y siete años, parecen pasar por una primera adolescencia, cuestión digna de estudio psicológico. Nuestro sentido del deber, el afecto casi innato y algunas disposiciones legales nos impiden despedir a esas pequeñas y entrañables criaturas pero, ¿qué sucede con las relaciones contractuales establecidas entre personas adultas y presuntamente responsables sin ningún otro vínculo personal que el del contrato? Sobre ello me propongo hablar. Dado que el candente tema del despido libre, es aquel con el que me animó a participar, sirva este artículo como ópera prima de un profano en la escritura, pero algo conocedor del entorno laboral desde el punto de vista legal y de la gestión de recursos humanos en la empresa. Me tengo por digno en la expresión oral pero algo limitado en la escrita así que de inicio, pido perdón si estas letras no consiguen expresar con claridad las ideas que habitan en mi cabeza.

Pues bien, sin más preámbulos y sin paños calientes, el despido libre sencillamente es lo lógico y me atrevería a decir lo natural. Cierto es que el ser humano es capaz de convertir lo ilógico en habitual, probablemente esto es lo que le diferencia de cualquier especie animal, es decir, es capaz de ir en contra de sus tendencias naturales con el fin de conseguir algunos objetivos diferidos a medio y largo plazo, aunque con ello tenga que renunciar a determinadas pulsiones innatas (que me perdonen los psicoanalistas si equivoco el término). ¿Por qué hablo de la lógica del despido libre?, porque el principio que rige la relación laboral es el principio del trueque, del intercambio, podemos intercambiar cereales por orfebrería, cromos por otros cromos distintos, sexo por afecto, y por supuesto una prestación de servicio en unas circunstancias concretas a cambio de una remuneración previamente pactada. A excepción de este último trueque, que es el que rige la relación laboral, cualquiera de las otras operaciones de intercambio cesará cuando así lo decida unilateralmente una de las partes, sin ninguna coacción de facto o implícita. Entonces… ¿Qué lleva al ser humano de algunas sociedades (no todas, aún queda sitio para la esperanza) a decidir una indemnización, es decir, una multa como resarcimiento de la otra parte, si la parte empleadora decide que cese el intercambio de dinero por una prestación de servicios? Son varios los motivos que subyacen aunque de entre ellos destaca el siguiente: La parte empleadora , empresa grande Pyme o autónomo es la parte fuerte y el trabajador por tanto es la parte débil, por ello debe tener una compensación cuando sea rescindido su contrato, en razón de “vayausteasaberqué”….FALSO!!. , cuando un empresario decide dejar de contar con los servicios de un trabajador lo hace, una vez descartados los despidos disciplinarios acreditados como procedentes, porque el trabajador no alcanza el rendimiento necesario requerido en el puesto, porque su puesto ha quedado obsoleto, porque crea mal clima de trabajo o sencillamente porque debe reducir o reorganizar puestos, dado que no puede hacer frente a la carga salarial ( situación bastante habitual hoy en día)….si, cierto es que en ocasiones se producen injustísimos casos de despidos, fundamentados en una clara discriminación, antisindicalismo y otras cosa horribles y que merecerían la pena capital del empresario, previo escarnio en plaza pública…pero este no es el caso habitual. Pues bien, una vez rescindido el contrato, el trabajador contará con una prestación por desempleo, oficinas de empleo a su disposición, salud y educación gratuita y empezará a buscar trabajo, que encontrará más tarde o más temprano, por cuenta ajena o propia. Mientras tanto, el empleador habrá perdido cierta capacidad productiva, deberá en su caso encontrar un trabajador que sustituya al anterior y formarlo si fuese necesario, o sencillamente no podrá sustituirlo teniendo que repartir sus tareas entre otros trabajadores, asumirlas el mismo o descartar que continúen, todo esto con todas las dificultades que conlleva y que ponen mas en riesgo la productividad de la empresa y en ocasiones su supervivencia, es decir, el empleador no tiene contraprestación alguna cuando un trabajador ha desarrollado , por múltiples motivos, mal su trabajo. Ahora me parece que no es tan claro quien es la parte débil en esta relación. Por si fuera poca esta desigualdad de partida, con la legislación actual el empresario debe “aflojar la pasta”, aunque el tipo sea miembro reconocido de la asociación de vagos por la tolerancia, famoso “malmete” entre los compañeros, absentista profesional digno de ser estudiado en Harvard, o simplemente, y esto insisto es lo mas habitual, el empresario tiene un problema real para pagar todas las nóminas. Por supuesto si el empresario comete la osadía de ir juicio, pagará un dineral a un despacho laboralista y partirá de el principio de “in dubio pro-operario”, que quiere decir que si el juez no lo tiene claro, la razón para el trabajador y punto.

Hay otro principio que subyace en nuestra cultura y es el de la estabilidad en el empleo como paradigma de la máxima bondad en el estado de bienestar, lo que se traduce en que si llevas mas de 10 años en una empresa y quieren prescindir de ti, que se preparen a pagarte una suculenta cantidad de dinero, es decir que la estabilidad no es del empleo, es del trabajador, que dada la dificultad de rescindir su contrato permanecerá en su puesto, incluso con un nefasto rendimiento, porque como un árbol muerto, y mas seco que la mojama, mantiene firmes sus raíces sin dar nada a cambio. El efecto de esto es claro: el empleador, temeroso de la bajada de rendimiento de futuros trabajadores, usará una ingente cantidad de triquiñuelas por vía de contratos eventuales, de obra, formativos, interinos, etc, para no poner en riesgo puestos de trabajo, generando por ello una clara falta de estabilidad en el empleo. Por tanto con el modelo actual se generan trabajadores estables y no empleo estable, en base no a su productividad y rendimiento (parecería lo lógico), sino en base a su antigüedad y por tanto a la indemnización creciente generada. Mientras tanto, el criterio de productividad y por tanto rentabilidad del negocio, queda en un evidente segundo plano, lo que redunda en una absurda y surrealista situación, carente de todo sentido en una economía que depende claramente de su capacidad productiva y competitiva.

Trataré de argumentar ahora las bondades del despido libre basándome en un ejemplo. Las zonas de estacionamiento regulado que han invadido nuestras ciudades , aunque pueden ser objeto de crítica por diferentes motivos, han originado una verdad irrefutable, aparcar en el centro de Madrid o en el Barrio de Salamanca , un día de diario en hora punta, es posible, por una sencilla razón: se han dinamizado las plazas de aparcamiento, continuamente se generan plazas libres y por tanto, encontrar un hueco libre es mas fácil y todo el mundo puede aparcar, es verdad que se da cierta inestabilidad en el aparcamiento, pero cuando alguien necesita un aparcamiento estable , lo provoca con su residencia en el lugar, o el alquiler o compra de una plaza de aparcamiento. En el mercado laboral ocurre algo similar si no hay movilidad en los puestos de trabajo porque el 90% de los mismos están ocupados por trabajadores estables en razón de su antigüedad y no de su rendimiento, se generarán menos huecos laborales, por lo tanto el mercado será menos dinámico menos productivo y mas inestable, por tanto crecerá menos y por tanto habrá mas paro. Si el empresario es capaz de generar huecos libres con total libertad, tendrá una tendencia natural a basarse en el rendimiento y la productividad desprendiéndose de los trabajadores que objetivamente no alcancen los niveles esperados, se producirán mas posibilidades de acceso al mercado de trabajo y como consecuencia de una mayor productividad, se crearan nuevos puestos y mas posibilidades de trabajar con el descenso del paro como consecuencia. Obviamente el trabajador al conocer que la estabilidad de su empleo, depende de su rendimiento y no de su antigüedad, tenderá de manera natural a ser más productivo y por tanto generará valor añadido a la empresa, que generará más y más puestos de trabajo, en una rueda que correrá en la dirección opuesta a la que lo hace actualmente.

Pero claro… ¿Qué pasa si yo que llevo, 30 años de mi vida dedicado por entero a mi empresa, de repente, alguien de arriba decide que ya no valgo, o que mi puesto ya no es necesario?, tengo 55 años y solo se hacer lo que he hecho siempre y probablemente no encontraré trabajo ¿Encima me voy sin un duro?…pues mire usted SÍ….O…NO!…( Parezco Mariano Rajoy). Lo primero que hay que decir es que la relación no ha sido gratis, treinta años trabajando, treinta años cobrando, vamos digo yo. Lo segundo a lo mejor hubiera sido bueno reciclarse y hacer el esfuerzo de conocer y actualizarse, en definitiva ser mas productivo y a lo mejor nadie habría tomado esa decisión, pero sea cual fuese el motivo, las vías de protección ante estas situaciones deben existir, pero deben ser otras que no necesariamente castiguen al empleador, que es en definitiva quien crea lo puestos de trabajo. En algunos países es el propio trabajador quien va “cotizando” parte de su sueldo”, acumulándolo en una bolsa durante toda su vida laboral, siendo esta rescatable cuando se encuentra en situación de paro, estando por tanto cubierta esta contingencia. También existen seguros de paro como lo existen de vida o de salud. Se trata en definitiva de no gravar al empresario con las consecuencias de la rescisión de un contrato, puesto que esto pondrá en peligro el mantenimiento de la posición, la rentabilidad de la empresa y por ende la creación de nuevos puestos.

En definitiva, y a riesgo de convertirme de partida en este primer amago de expresión escrita en el “coco” políticamente incorrecto que se esconde en los armarios de los cuartos de los adultos responsables trabajadores, vengo a proponer y a poner énfasis en la necesidad del despido libre para mejorar nuestra economía, y para hacer nuestra sociedad….más justa.