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¿Eres adicto a internet?

escrito por Germanico 2 marzo, 2012

Si estás pinchando en este enlace quizás tengas que hacértelo mirar. O mejor, ahórrate los costes de búsqueda de unos especialistas que todavía no existen y que, en cualquier caso, serán unas máquinas tragaperras más adictivas aún que la adicción que tratabas de controlar, y haz introspección, como yo la he hecho. No hará falta que profundices mucho. Mantente en la superficie. ¿Cuánto tiempo dedicas a internet? ¿Cuánto cambias de página a página y zapeas por la red? ¿Cuánto lees de los textos a los que accedes? ¿Cómo los lees, lateralmente, en vertical, en horizontal? ¿Cómo seleccionas de entre la información ingente disponible en la red la que realmente te interesa y realmente te va a aportar verdadero conocimiento o, eso, información? ¿Cuántas cosas te bajas al día de música, literatura, cine, etc que almacenas en discos duros externos y que no tendrías tiempo en tu vida para ver/leer/oír…?

Según Nicholas Carr, que también se lo ha hecho mirar a sí mismo por sí mismo, internet está transformando nuestra mente. En su obra Superficiales: ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes? que por supuesto no he hecho más que empezar, y que leo a ratos, plantea cómo el pensamiento que el denomina “lineal” que ha dado origen a nuestras culturas y a nuestras tecnologías, que también se conoce como pensamiento secuencial, está sufriendo un deterioro: nos estamos volviendo como niños hiperactivos con déficit de atención, y el medio internet está constituyendo cada vez más el mensaje.

Para mi la cuestión se puede y se debe plantear en términos de adicción. Otro libro fantástico que recomiendo encarecidamente a todo aquel que quiera comprender el fenómeno de las distintas adicciones, de David Linden (uno de nuestros otrora entrevistados), es La Brújula del Placer. Los mismos mecanismos neurobioquímicos subyacen al placer de fumar, al de comer y al de “conectarse”. La carencia de nuestra droga nos produce mono. ¿Sientes alguna vez “mono” de “conectarte”? ¿Estás en medio de una conversación con un vecino o amigo y te pones a pensar en un comentario de un blog, dejando de prestar la atención central al interlocutor y dejando el piloto automático de la atención periférica?

Algunos, dice Nicholas Carr, se declaran ya incapaces de sentarse a leer un libro. Se declaran incapaces, aún más, de leer Guerra y Paz. Pero es que además se declaran incapaces de leer un post que tenga más de tres párrafos.

¿Hacia dónde van nuestras mentes, a la deriva por el mar de internet? Es obvio que el cómo interactuámos con el mundo afecta a la estructura de nuestro cerebro. Las herramientas que usamos y cómo las usamos cambian nuestras mentes. No nos percatamos. Pensamos que están ahí para ser utilizadas y luego abandonadas. Pero no. Y menos aún una herramienta como esta, que es, ni más ni menos, la base de datos y de información en todo tipo de formato más grande del mundo.

Otro libro aborda un problema suscitado por la red. Lo escribe Cass Sunstein, autor también junto con Richard Thaler de Nudge, un libro de economía conductual. Rumorología –así se titula la corta pero clara e inteligente obra de Sunstein- nos alerta contra los peligros de la difusión de rumores, acrecentado con el nacimiento de internet. Bulos, mentiras, falsedades, difamaciones…en definitiva información poco o mal contrastada o definitivamente difundida por profesionales de la propaganda y creída por los prejuicios ya establecidos en las personas como parte de su bagaje natural-cultural, corren paralelas a informaciones fiables y contrastadas.

En internet no es difícil acabar yendo a la deriva, y naufragar. Puede hacernos perder el norte, no hay una buena brújula que nos oriente, salvo la del placer de la que habla David Linden en su libro, y nuestra mente se desorienta, y terminamos muchas veces arrastrados por corrientes de información falaces. Es conveniente tener un buen anclaje en el mundo real. Tenemos que desconectarnos más. No podemos permitir que el agua de ese mar inunde nuestras vidas y termine por ahogarnos. Vuelvo a preguntarte amigo ¿eres adicto a internet? La respuesta está en tu mente, si es que no está ya completamente descuartizada por la hydra que habita este piélago.

Dos consejos:

1.-Abra internet sólo para cosas importantes e informativas: su correo y Desde el Exilio.

2.-Ya lo dijo Groucho Marx sobre la tele: Encuentro la televisión muy educativa. Cada vez que alguien la enciende, me retiro a otra habitación y leo un libro. Lean un buen libro de cuando en cuando, de cabo a rabo. Los tres de arriba son altamente recomendables. Este segundo consejo no es desinteresado. Me he afiliado a la Casa del Libro y por cada libro enlazado que se venda a partir de mi enlace cobro una pequeña comisión. No me va a sacar del paro, pero menos da una piedra.

En fin, creo que me he extendido demasiado. No sé cuántos llegarán a leer estas últimas palabras. Quizás la mayoría las lean porque empiezan por el final. Así son las cosas en la red de redes.