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Engordar para morir

escrito por Germanico 28 febrero, 2012

En El Último Hombre Vivo, Charlton Heston juega una partida de ajedrez contra sí mismo. No hay frente a él otra mente humana que pueda dar significado a esas piezas puestas sobre un tablero, así que él hace de jugador A y de jugador B, de estratega del ejército blanco y de estratega del ejército negro.

El último hombre que habite la tierra tendrá un rival para el ajedrez, pero dudo que sea una mente humana. Probablemente será algo como esto.

A veces, cuando estoy solo y deprimido, juego al ajedrez con el ordenador. Hace un momento miraba la foto de mis dos hijos espléndidos y lloraba. He formulado una petición en alto: “que mi vida sea un infierno, Dios mío, pero por favor, salvales a ellos”.He dejado de estudiar lo que tenía entre manos y me he puesto a jugar al ajedrez. ¿Juega Dios a los dados, o preferirá el ajedrez?

No albergo grandes esperanzas respecto a mi futuro. No es ya que no confíe en mis fuerzas, es que no tengo contra qué o contra quién emplearlas. A veces es preferible tener un enemigo o un competidor a nada en absoluto. Eso es lo que refleja el tablero de Heston. Es preferible incluso inventarse al enemigo o al competidor, imaginárselo con una serie de atributos psicológicos y físicos y enfrentarse a él.

Hay toda una cohorte de ninis que quieren seguir viviendo, y seguir viviendo bien. Antes se colocaban en cualquier trabajillo humilde, pero de esos quedan pocos, y son trabajos esclavos. Si la realidad no les ofrece esperanzas acudirán a las ficciones, se crearán su hombre de paja y lo incendiarán. Las utopías y los totalitarismos volverán, con sus liderazgos carismáticos compuestos de fantoches y de farsantes. La crisis empeorará, la competencia leal será sustituida por la lucha armada. Habrá guerras. Volveremos a la pesadilla del pasado siglo y la historia se repetirá, solo que de otra manera, con alguna ligera variante que nos muestre lo sutil que es el caos en sus formas. Y la Civilización Occidental, ese gran monstruo científico-tecnológico-organizacional-institucional que ha engullido a todas las antiguas civilizaciones, reventará por dentro, y explosionará masivamente, porque hemos llegado a un punto de no retorno en el cual un arma de destrucción masiva acabará siendo como una consola. ¿Y luego qué? Ya se ven bárbaros por las calles. Toda Decadencia tiene su barbarie que poco a poco medra sobre las ruinas de lo que fue una civilización próspera.

Estoy deprimido. He llorado contemplando la foto de mis hijos. Lo admito. No es por mi. Ya me doy igual. No me importaría morir ahora mismo. Es por ellos que lloro. Y no tengo consuelo posible viendo las noticias por la tele, ese gran invento, o de internet, ese otro gran desarrollo que ha hecho crecer el monstruo y le harán caer. Esas tecnologías  no nos salvarán.

Engordar para morir, amigos, os lo digo: engordar para morir. Me gustaría ser el tío más imbécil del mundo y estar equivocado. De verdad que me gustaría.