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Jane de la Jungla

escrito por Germanico 16 febrero, 2012

Quise entrevistar a Jane Goodall. Tuve una serie de intercambios de correos en inglés con diversas personas, entre ellas el delegado en España de su organización, que no se dignó a hablarme en castellano. El caso es que Jane es inaccesible, como lo son otros grandes mitos de la biología y la ecología. Llegué a preparar un cuestionario bastante adaptado a mis necesidades y creo que adecuado para que Jane expresase de forma clara y satisfactoria para todo aquel que leyera la entrevista sus puntos de vista, su apasionante historia personal y algunos datos científicos de primatología de gran interés.

Como decía, Jane es inaccesible. También lo es David Atteronbough, al que tuve que escribir a una dirección postal porque por no tener no tiene ni filtradores de correo electrónico (ni este último, que se sepa). Nunca me respondió nadie.

Tampoco pude contactar con el archifamoso Richard Dawkins, ese grandísimo divulgador de la también grandísima idea de Darwin de la selección natural, pero desgraciadamente muy atareado ejerciendo de Papa del Ateísmo. Después de muchos intentos infructuosos de contactarle a través de sus agentes, que cambiaban de rostro y de nombre continuamente, como camaleónicos troles, simplemente le escribí -y seguro que le llegaría- que respetaba su labor científica y divulgativa, pero que ahora lo único que era, para desgracia de todos, es lo que decía arriba: un Papa del ateísmo.

Me da igual que esta gente no esté entre nosotros, ya tenemos entrevistas y entrevistados suficientes en cantidad y calidad para que les vayan dando dos duros a ciertas estrellas. La próxima entrevista que voy a publicar es a un científico que deja a Dawkins a la altura del betún. Y ni siquiera necesita mencionarle. Juega, como diría mi amigo Kantor, en otra liga. Yo diría que, mediáticamente es de tercera, pero en cuanto a talento y genio es de primera división. Ya le conoceréis. Esperad, no seáis impacientes. Y no esperéis que el nombre os suene. “Ah, ya, coño, A.H.”

Pero este post se lo quería dedicar con AMOR a Jane, esa bellísima persona, que siempre se ha preocupado por los chimpis y por la humanidad y el desarrollo ecológico y sostenible. Jane, Gran Dama de la Selva, tu libro Otra Manera de Vivir, Cuando la Comida Importa, es un fraude. No he necesitado recorrer sus 390 páginas para darme cuenta. Ya desde el principio, en la introducción para el público español, te delatas. Lo tuyo son los huertos y granjas ecológicos y los cultivos locales, cosa imposible si hay que alimentar 7 u 8 mil millones de almas, y los colegas de Greenpeace y sus panfletos, según tú ciencia pura y dura.

Estoy seguro que a lo largo de esas maravillosas 390 páginas de razonablemente buena literatura nos conmoverás con la maldad de las multinacionales alimentarias y de Wall Street, y seguramente darás excelentes consejos dietéticos. Pero me parto la caja nada más a empezar a leer el libro, en el prólogo citado a la edición española, cuando hablas de tu paso por las Canarias en dos momentos distintos del tiempo. Permítanme que transcriba unas líneas, ahora que el lobby del canon está muerto y enterrado:

Cuando fui por primera vez a África, en 1957, hice el viaje en barco y echamos el ancla durante un día en las Islas Canarias….lo que recuerdo más vividamente es la gente. Todos los hombres parecían duros y enjutos, con cierto aire romántico, con su pelo oscuro y sus ojos chispeantes. Las mujeres de mis recuerdos eran altas y delgadas, fascinantes, con faldas de colores y ajustados corpiños negros. Su aspecto saludable era sin duda un reflejo de los beneficios de la famosa “dieta mediterránea”, basada en la fruta, las verduras, el aceite de oliva y un abundante consumo de pescado. Por desgracia eso ya no es así. Durante una visita reciente, en junio de 2006, observé en las calles que la proporción de personas con exceso de peso era parecida a la de Reino Unido y de Estados Unidos.

Este párrafo entrañable nos dice algunas cosas que hay que leer entre líneas a la luz de conocimientos de otras esferas como la económica y la sociológica. No sé hasta qué punto podría Jane discriminar entre lugareños y turistas (entre otros ingleses) en eso del peso, porque ahora Canarias es un destino turístico de ingleses. Pero eso es lo de menos. Seguro que vio a mucho gordito made in Spain, o como el plátano, ese fruto que tanto le gusta a sus chimpis, made in Canarias. En efecto tiene razón, toda la razón: el español medio ha engordado. Pero, escucha Jane, ¿Qué España era la de 1957, antes de las reformas del franquismo que permitieron mayor apertura y mayor poder al comercio? Dos años después de la visita de la delgada Jane a los delgados Canarios terminó la autarquía en España. ¿No será, entonces, Jane, que lo que vistes fue la necesidad hecha virtud? ¿No será que contemplaste a campesinos y campesinas pobres? ¿Y cómo no iban a estar delgados? Ahora pueden elegir entre cebarse en un McDonalds o comer la famosa “dieta mediterránea”, pero entonces comían lo que podían. Y es que esa es la clave que oculta el párrafo y, no hace falta que lea más, todo tu libro: hacernos más pobres nos hará más delgados. Si: acabar con las multinacionales alimentarias y con los pesticidas y otras sustancias que han permitido generar cultivos a gran escala nos hará más pobres a todos, entraremos en guerra por los recursos escasos y la civilización colapsará, y entonces, tras el gran holocausto, los pocos supervivientes, delgados y atléticos, de esta auténtica lucha por la existencia, volveremos a la jungla, lugar en el que has vivido la mayor parte de tu larga vida y del que quizás nunca debiéramos haber salido.  Tú, que has estado allí, haciendo, todo sea dicho, un excelente trabajo de campo con los chimpancés, sabes lo malos malones que son los chimpancés, lo territoriales que son, como se matan unos a otros, y sus jerarquías de dominancia. Ese estado de naturaleza no sería muy rousseauniano. Porque no creo que seas tan ingenua de creer que nosotros íbamos a ser mejores, ni menos crueles con las otras especies.