Home Política ¿Por qué nos enseñan sus lujosas casas en época de crisis?

¿Por qué nos enseñan sus lujosas casas en época de crisis?

escrito por Germanico 15 febrero, 2012

¿Será vana ostentación? ¿Se les enciende una neurona en el cerebro profundo a los ricos que les mueve a mostrar a las cámaras todos y cada uno de los recovecos de sus inmensas mansiones y casas de campo y playa cuando ven en las noticias que el número de parados asciende a 5 millones? ¿Lo hacen en función de los millones que les ha costado la casa, equiparándolos con los de parados? Ya los hay hasta famosos. El simpático Fernando Hierro, un tío verdaderamente majo, ya se le ve, ha sucumbido a esta extraña forma de ostentación y ha mostrado su CASAZA en Málaga. Supongo que tendrá otros inmuebles en propiedad, para empezar en Madrid. Es rico. Se lo ganó jugando al fútbol. Nadie se lo discute. No entremos en cuestiones de justicia social porque acabamos con progretadas. Pero ¿por qué, Fernando, por qué tú? ¿Tú también? (le diría César a Brutus). Nos clavan el puñal de su riqueza entre las costillas directamente en el corazón. Nosotros, nuevos pobres, clases medias venidas a menos, tenemos que contemplar el bienestar, la abundancia, la paz de espíritu, la belleza que rezuman esa casa y sus paredes. Ay, Hierro, me apena que hayas caído en eso. Detrás de ti, Gonzalito Miró, chico de la Zeja, pues me parece el tipo apropiado. Un sociata millonario con CASAZA que va de ser un humilde “uno más”. Típico. Gonzalito, al que adoptó González, el que asesora al hombre más rico del mundo (digo yo que alguna migajica le caerá de ello). Gonzalico nos enseña su casita, en plan, bueno, esta es mi casa y tal. Y así otros famosos, algunos que son algo más que famosos, a diferencia de Gonzalito, tertuliano de la nada, zejijunto de la ruina, trabajador sin necesidad de trabajar. ¡Qué vidorra! ¡Yo así también soy sociata, majo!

Hace tiempo que veo esos programas que emite no sé qué gran cadena de nuestro país -a lo mejor varias- de “gente que enseña su nidito”. Los niditos son palacetes posmodernos, algunos realmente extravagantes, muy al gusto de su propietario. Están modelados al antojo de quien va a dar a luz algo. Wagner, que siempre fue un dedudor-moroso delincuente financiero, gustaba de rodearse de las mejores sedas. Consideraba que la sociedad le debía todo a él, por ser el gran Wagner. Ciertamente su música es grande, lo cortés no quita lo valiente, pero él era un pedante engreído. Luego se permitía el lujo, entre tanto lujo robado, de unirse a movimientos revolucionarios. Todos cortaditos por el mismo patrón, y todos con trajes de confección a medida, y buenas casas (la suya en Suiza era formidable, con vistas a un lago). Ese genio musical puede perfectamente estar sonando en mis cascos, o Brahms, o Beethoven u otros de antes y después del romanticismo, mientras de fondo mi mujer tiene puesta la tele con el maldito programa, que adquiere un colorido especial al son de las orquestas y los coros sublimes. Realmente los comentarios que hacen los propietarios de las casas sobre el ala norte o el ala sur, o la piscina de yo que sé que tamaño, no me interesan demasiado. Presto más bien atención al lenguaje no verbal, que dice mucho más de lo que la gente cree. Pero no entraremos en psicologías ni en presunciones de conocimiento. El hecho es que la gente con mucha mucha pasta disfruta enseñando sus mansionazas en la tele, y cómo las han hecho a su gusto, y lo originales y creativos que son, y se les ve en la radiante sonrisa,  que a veces resulta bastante falsa, de cara a las preguntas que les hacen, pero otras  tiene el brillo de lo auténtico, de regodeo con su suerte. Pero…ay… su suerte puede cambiar.

No me han resultado tan chocantes ni molestos los famosos (por méritos o por ser hijo de-estos últimos nos los merecemos, como país) como los no famosos, que buscan sus quince minutos de fama warholiana en la tele, para fascinarnos con lo alucinante que es su morada. Yo alucino, ciertamente, pero con el hecho de que la muestren a las cámaras a todo el mundo, y que lo hagan, como digo, en plena época de crisis, en la que muchas personas han pasado ya a formar el nuevo lumpenproletariado a partir de una clase media que, guste o no, trajo Franco, ese tirano, siempre maldito donde alguien maldiga.

Escuchad chicos, si es que alguno lee algo aquí: no es por envidia, pues soy muy austero y prefiero vestir harapos a lucir joyas, si me acompañan la salud, el amor y el buen vivir. Vuestros spots publicitarios de MICASAESLAMEJOR son un insulto a quienes no pueden acceder a una casa, a los que la perdieron con la crisis financiera, a los que están en paro y pronto no podrán pagar la hipoteca de su choza, en fin: sois unos estúpidos engreidos y unos fanfarrones, como lo era el Rey Creso. Si, cuento la anécdota mil veces contada, pero no por ello menos instructiva (Taleb también la cuenta, y todo aquel que conoce el papel de azar en la vida): El Rey Creso recibió la visita de un legislador ateniense de nombre Solón. Le estuvo mostrando orgulloso todas sus riquezas, a lo que Solón permaneció atento y aparentemente inmutable. Cuando acabó la exhibición, Creso preguntó, a Solón: ¿Crees, acaso, que puede haber hombre más feliz en la tierra? Y Solón se limitó a sentenciar, aforísticamente, que uno sólo podía presumir de ser feliz cuando había muerto, rodeado de los suyos. Puede que haya transformado un poquito la historia, narrada por Herodoto, pero lo esencial, la moraleja de esta leyenda (porque probablemente no se diera tal conversación), viene cuando Ciro el Persa conquista las tierras de Creso y manda quemar vivo al Rey Creso. Este entonces se lamenta de no haber entendido hasta entonces la respuesta de Solón, y lo cierta que era. Mientras estamos vivos estamos en peligro. Nuestra naturaleza nos ha dotado de mecanismos psicológicos para el afrontamiento de los reveses en la miseria y para intentar obtener recursos en la prosperidad. Nos adaptamos lo mejor que podemos. Pero ser rico hoy no te garantiza que mañana no vayas a ser pobre. Si tienes una CASAZA hoy, quizás mañana, por algún enrevesado tropiezo de la suerte que te haga caer mal, acabas en una zanja. Deja de presumir vanamente, deja de chulearle a los que las están pasando putas, tontorroncete. ¿O es que eres tan bobalicón que ni siquiera te has dado cuenta? Ay, la Santa Inocencia. Porque efectivamente puede que lo que suceda es que en tu burbuja de gente in no te hayas percatado de que hay un gravísimo problema en este país. Mejor sería que tu ostentación  te la guardases para tus amigos, o para los que vayan a hacerte la pelota.