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El contrato social, el estado y los liberales consternados

escrito por Luis I. Gómez 17 enero, 2012

Hace unos días llevaba a Twitter un vídeo con el provocativo título “El contrato social defnido y destruído en menos de cinco minutos”. Pueden verlo aquí sin moverse de sus butacas:

Efectivamente, el joven que aparece en el vídeo intenta, de manera simple explicar qué se supone que es el Contrato Social y por qué el concepto es absurdo en sí mismo. Siempre que se intenta hacer algo de forma simple, se corre el riesgo de no dejar satisfechas las pretensiones de lectores o espectadores con mayor bagaje cognitivo y cultural.

Plazaeme, y alguno de sus lectores y comentaristas a su artículo “El contrato social y los alegres liberales” echan de menos una mejor contextualización de lo criticado en el vídeo: quién defiende el “contrato social”? y se lanzan a criticar, tal y como hace el joven libertario en su panfletillo visual, los entresijos del llamado “contrato”. Como quiera que la lectura del artículo de Plazaeme y, sobre todo, la lectura de los comentarios podría llevar a alguna confusión sobre la postura de los liberales (los alegres y los menos alegres) frente al invento pseudocontractual nacido de las mentes de JOHN LOCKE, JEAN-JACQUES ROUSSEAU, IMMANUEL KANT y THOMAS HOBBES (entre otros) me decido a escribir cuatro cosas sobre el tema.

Antes de nada me gustaría dejar muy claro que coincido con Plazaeme en su apreciación de cómo nacen los estados: no nacen de contratos sociales, sino del cálculo y uso acertado de la violencia por parte de grupos dominantes que defienden a toda costa su derecho de primacía y explotación sobre los demás. Los demás se subyugan  en la esperanza de asegurarse cuatro granos de trigo con que dar de comer a sus familias. Yo tampoco veo nada expontáneo en la aparición de sociedades organizadas bajo la tutela de un poder armado (ya sea con misiles o con quijadas de burra) hasta convertirse en lo que hoy llamamos Naciones / Estados. Por otro lado, el carácter expansionista de todo grupo de poder ha ido eliminando con el paso del tiempo toda posibilidad de que persistan células sociales con otro tipo de organización. Llegados a este puinto, lo fácil sería decir que ello es así porque cualquier otro tipo de organización social es quimérica, inexistente, utópica. Lo fácil sería decir: los liberales nos quieren vender un modelo social imposible.

Escribía Hobbes en su obra “Leviatan”(ojo, el año 1651!):

La causa final, fin o designio de los hombres(que naturalmente aman la libertad y el dominio sobre los demás) al introducir esta restricción sobre símismos (en la que los vemos vivir formando Estados) es el cuidado de su propia conservación y, por añadidura, el logro de una vida más armónica; es decir, el deseo de abandonar esa miserable condición de guerra que, tal como hemos manifestado, es consecuencia necesaria de las pasiones naturales de los hombres, cuando no existe poder visible que los tenga a raya y los sujete, por temor al castigo, a la realización de sus pactos y a la observancia de las leyes de naturaleza…Leviatán, pág. 70

Y es por ello que – mucho antes de que  Rousseau  se encargase de bautizar y pormenorizar debidamente la cosa (escribe su obra en 1762)-  justifica la existencia de los estados basados en el llamado contrato social:

El único camino para erigir semejante poder común, capaz de defenderlos contra la invasión de los extranjeros y contra las injurias ajenas, asegurándoles de tal suerte que por su propia actividad y por los frutos de la tierra puedan nutrirse a sí mismos y vivir satisfechos, es conferir todo su poder y fortaleza a un hombre o a una asamblea de hombres, todos los cuales, por pluralidad de votos, puedan reducir sus voluntades a una voluntad. Esto equivale a decir: elegir un hombre o una asamblea de hombres que represente su personalidad; y que cada uno considere como propio y se reconozca a sí mismo como autor de cualquiera cosa que haga o promueva quien representa su persona, en aquellas cosas que conciernen a la paz y a la seguridad comunes; que, además, sometan sus voluntades cada uno a la voluntad de aquél, y sus juicios a su juicio. Esto es algo más que consentimiento o concordia; es una unidad real de todo ello en una y la misma persona, instituida por pacto de cada hombre con los demás, en forma tal como si cada uno dijera a todos: autorizo y transfiero a este hombre o asamblea de hombres mi derecho de gobernarme a si mismo, con la condición de que vosotros transferiréis a él vuestro derecho, y autorizareis todos sus actos de la misma manera… Leviatán, pág. 71

Como pueden ver, estas son las bases del Contrato Social rousseauniano. Y esta es la idea que se intenta discutir. Que Plazaeme o muchos de sus lectores lo tengan claro es algo que yo doy por supuesto. Escribe Plazaeme, acertadísimo, en su artículo:

Que se sepa, y que se pueda imaginar, la creación de estados es el paso de bandas de cazadores a agricultores asentados. De comedores de carne a comedores de grano. Y como el grano necesita organizar la tierra, y regar, y graneros, y herramientas, y la protección de todo eso, se acaba en un estado. Donde la autoridad política y el orden social no vienen de contrato alguno, sino de la fuerza del grupo que mejor se lo monta. Que a su vez, y como es natural, abusa de su poder tanto como puede, idealmente sin traspasar el límite de que ese abuso se vuelva tan insoportable que dispare una revolución y un cambio de grupo de poder.

Bien, y si estamos de acuerdo en esto, a qué viene la discusión? Pues la discusión nace de dos ideas que no comparto:

Plazaeme considera la crítica al Contrato Social un cuento chino, amén de simplista e innecesaria. (o eso entiendo yo)

Ni simplista, ni cuento chino, ni innecesario. Las ideologías estatistas y colectivistas se basan todas en las ideas de Hobbes y los principios posteriormente postulados por Rousseau. Evidentemente, entre los liberales que habitualmente leen estas líneas o el blog Plaza Moyua, no es necesario extender un vídeo como el que origina estas líneas. Pero no debemos pensar que la nuestra es la opinión mayoritaria. Es simplemente falso. Las ideas y conceptos del buenismo estatal, de la solidaridad compartida, de la justicia social, de los pactos sociales en boca de TODOS los politicos de nuestro tiempo son sólo posibles y cobran carácter real porque la inmensa mayoría de nuestros conciudadanos CREEN que la protección estatal es NECESARIA y RENUNCIAN a sus libertades para conseguirlo. Dicen que es en nombre de la cnvivencia, del respeto a la constitución, de… nos dirán mil cosas. Pero ellos están convencidos -aunque no puedan formularlo con las mismas palabras- de que la realidad es exactamente como la describe Hobbes en su Leviatán. y por eso es necesario una especie -dicen- de contrato social, de pacto de libertades, de estado social de bienestar que asegure la protección del individuo.

Plazaeme afirma que “El individuo no puede controlar nada. No somos gorilas, ni venados. Nuestra ley no es la ley del más fuerte, sino la del grupo más fuerte. Y ese es el talón de aquiles del liberalismo racionalista

Permíteme que responda con las palabras de Franklin: “Those who would give up essential liberty to purchase a little temporary safety, deserve neither liberty nor safety” (Benjamin Franklin, 1759) No se trata de controlar nada, de imponer por la vía de la fuerza esta o aquella forma de pensar. Liberalismo no es eso. Liberalismo es defender el derecho de cada individuo a no ser sometido a los designios de un estado omnipotente, el derecho de conservar su independencia frente a la arbitrariedad de las mayorías adoctrinadas, el derecho a la secesión individual, el derecho a controlar de manera soberana y sin restricciones  su propia vida, su propiedad y el fruto de los contratos que realiza con otros. Y el liberal no se limitará a reclamar esto para él, pretenderá que todos puedan elegir de qué forma alcanza cada uno su máxima seguridad, su felicidad.

Cuando tengas enfrente a alguien que se dice liberal y pretenda imponerte su propia cosmovisión de la realidad, sabrás que se trata de un gorila.

Cuando tengas enfrente a alguien que se dice liberal y pretenda convencerte de las bondades de renunciar a tu libertad, o a parte de tu vida, o de tu propiedad para garantizar mejor tu seguridad, sabrás que se trata de alguien buscando su propia seguridad.

El liberalismo no es una doctrina. Es una forma de vida. El liberalismo no pretende que TODOS seamos iguales, pensemos lo mismo. El liberalismo sólo pretende que cualquiera pueda llegar a ser lo que puede ser. El liberalismo busca humanos que han cambiado el mazo por el contrato, que han suprimido todas las fronteras que no sean las de la propiedad de cada uno.

El liberalismo, querido Plazaeme, no quiere que todos seamos liberales. Quiere que todos seamos libres.