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Muertos en el maletero y cementerios de negocios

escrito por Germanico 30 septiembre, 2011

Mientras yo escribo una tras otra todas mis largas parrafádas, o listas de libros, mis compañeros de blog permanecen en un mutismo misterioso que me hace pensar en extrañas confluencias de astros.

Si, ellos están ocupados. Muy ocupados la mayoría. No tienen tiempo de intercalar post con los míos.  Mi Diario de un Parado sigue rodando.

Pero mi deseo  no es realizar un largo trayecto por esta carretera perdida, alejada de toda urbe, de toda civilización, rodeada tan solo por un desierto lleno de arena sucia, alimañas venenosas, malas hierbas y cáctus. Ni tampoco hacerlo con una gran carga en el maletero: pongámos por caso un muerto.

Así que he decidido liberar al blog y a otros sitios webs, por ejemplo mi perfil de linkedIn, de ese peso muerto (y cómo pesan los muertos, sobre todo los muertos en vida) que constituyen largas listas de palabras sin sentido para el espectador que espera, para quien no quiere sorpresas ni originalidades que excedan la medida de lo que consideren, en su particular visión del mundo, más o menos abierta, correcto.

Entiéndame, no pretendo minusvalorar la capacidad de comprensión de algunas personas pero, díganme, si ustedes buscan un profesional para Contabilidad y Finanzas a través de LinkedIn y se encuentran a uno que, ahora, en el paro, se autoproclama editor de un blog con muchas entrevistas y pide recomendaciones de los entrevistados, ¿les parecería congruente esa actividad y su reconocimiento con el estereotipo que hayan podido formarse a lo largo de sus existencias sobre lo que es o deberia ser un contable?

Lo cierto es que en LinkedIn te pueden recomendar directamente los que están en LinkedIn. Así, he pedido a algunos de mis entrevistados que me enviaran por correo su recomendación, para añadirla al apartado mismo del trabajo de editor, después de unas sucintas palabras de presentación del mismo. Pero en el perfil del puesto no permite negritas, cursivas, subrayados y demás formatos, y solo se admiten 2000 palabras. ¿Qué hacer cuando la cuarta recomendación se te queda a medias porque llevas ya 2006 palabras escritas? Pues la respuesta me la dio la almohada, a eso de las dos de la mañana: derivar, desviar, enviar a otro lado, poner un link. Pero ¿A dónde? ¿Al blog para saturarlo con información irrelevante para sus lectores? No, a un nuevo blog. Y eso es lo que he creado hoy. Se llama Caleidoscopio Existencial (mejor no me pregunten por el titulo), y a él derivaré al lector interesado a las propuestas comerciales, profesionales, personales o de cualquier otra indole que tenga que hacerle, para que esté a un click de ellas y pueda asimismo ignorarlas tan panchamente.

No esperen que sea un sitio interesante de modo general, o e alguna materia específica. Es un batiburrillo de cosas diversas muchas de las cuales (la mayoría, diria)  todavía ni sé cuáles van a ser.

Ahí tienen, por cierto, todos los libros en venta. Y aqui se cierra el chiringo y continúa el Diario.

Y no se me ocurre mejor forma de continuarlo comentando la impresión que hace unos días me llevé al contemplar, un día normal, un gran centro comercial con decenas de puestos cerrados, en venta o traspaso. Me vino a la cabeza esa tétrica frase: “Cementerio de negocios”. Aquello lo era. Pero era nada más una muestra enormemente significativa de lo que sucede en todo el país. España se ha convertido en una tierra yerma para los negocios, gracias a unos políticos demagogos e irresponsables, en un gran desierto, que es el que rodea mi carretera a ninguna parte, mientras voy con el depósito en reserva.

Hace poco me enteré de que, afortunadamente, una gran empresa holandesa iba a comprarlo para remodelarlo y llenarlo de vida. Pero es como construir una promoción de viviendas sobre un cementerio. Ahí, mucha gente, que quería prosperar, ha palmado económicamente, quizás vitalmente. Mientras no faciliten la labor a los emprendedores, y los cosan a puñaladas impositivas, no levantaremos cabeza.