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Diario de un parado: algunas reflexiones

escrito por Germanico 26 septiembre, 2011

Ayer me reuní con el autor de Diario de un Naufragio, el amigo Bate,  no para charlas sobre nuestras respectivas debacles, sino para hacerle entrega de 3 libros de mi (ex) biblioteca de Novelas Históricas de Grecia y Roma.

Él, en efecto, está en una situación que tiene algunos importantes puntos en común con la mía, el principal su situación de  parado  sin expectativas de encontrar trabajo, al menos en un plazo razonable de tiempo, por supuesto.

Yo en principio desconocía por que ruta invisible de internet había llegado a mi, así que no manifesté pareceres políticos. Aparte que últimamente es tal mi hartazgo de lo político, de los debates, de las ideas, y existencial, que no surge fácilmente de mi una iniciativa de conversación que pueda conducir a una polémica, ni siquiera  a una animada charla.

Pero él, ya finalizado nuestro intercambio, me comunicó por dónde había llegado a mi reclamo desesperado. Había leído un post de NO A TODO que hacía referencia a mi situación y a mis gangas. También manifestó su profundo descontento con el personaje y la gestión de los asuntos públicos que había llevado, y no pude sino compartir ese descontento.  

Náufragos en medio de un mar social que en cualquier momento puede acabar desecado, como el mar de Aral, gracias a la gran labor de nuestros políticos, podremos dar gracias al cielo de morir de sed, y no ahogados. Los únicos flujos que se esperan son más bien inundaciones, que en nada contribuyen al equilibrio económico: inyecciones multimillonarias a entidades e instituciones en bancarota y cosas de ese estilo. Quien lo ha hecho mal, como el hijo pródigo que vuelve a casa, reciben una reprimenda verbal y un billete en la mano para que lo gaste.

La crisis que nos afecta no es sólo española. En el país del Quijote está hasta bien visto hacer el gilipollas, despilfarrar e ir de farra. Pero cuando las instituciones políticas, económicas y financieras no saben qué hacer, y siguen la pauta de algún profeta loco, de alguna serpiente con corbata o de algún demagogo con grandes ideas para cambiar el mundo e incapaz de llevar las cuentas, la catástrofe es inevitable.

Podemos seguir hablando del cambio climático, de las diferencias de género, de Hitler o de Franco, de lenguas y naciones incomprendidas históricamente, perseguidas por fantasmas que toman forma corpórea en cualquiera que ose pronunciar la palabra España. Podemos fomentar activamente el pavor irracional con las nucleares o la comprensión con las prácticas bárbaras de otras culturas, o de grupos que se niegan a pertenecer a la nuestra,  y luego comentar la última película de Almodóvar o la última goleada de Barça.

En algún momento he pensado en suicidarme. Supongo que si a Luis le pidiera consejo sobre el fármaco más adecuado para abandonar este mundo sin dolor ni aspavientos me mandaría a la mierda. Disculpadme, es que estoy deprimido. No fue algo que fingiera para escaquearme de un trabajo por otro lado esclavo. Tengo el aval de uno de los mejores psiquiatras de España. Quizás mi depresión sea un reflejo de la del país, de la del mundo. Quizás simplemente corran paralelas, como dos ríos que nunca se cruzan pero que desembocan en un mismo mar, un mar de naufragos, un mar de Aral, un mar lleno de mensajes desesperados en una botella que nadie leerá, un mundo como el que pinta Cormac McCarty en la Carretera. Eso es lo que quedará, a este paso de nuestra Civilización, como quedó de la Romana, Carreteras, Vías Augustas, que no conducen a ninguna parte, quizás aceras del plan E,  y leyes, muchas leyes, cada vez más restrictivas. Acaso también quede un recuerdo, si el mundo renace tras otra etapa oscura.

He aprendido, en este tiempo en que he soñado con la libertad, que esta es un mito inalcanzable. El ser humano no está preparado para ella. Queremos poder, abundancia, seguridad, y mucho entretenimiento. Así somos. Los liberales también tenemos que reflexionar sobre lo reflexionado.

Es cierto que la izquierda ha partido durante mucho tiempo de una visión errónea de la naturaleza humana. No somos moldeables, no somos títeres ni autómatas, ni homo aeconomicus, ni nos vamos a dejar adoctrinar para hacer lo que nuestra fisiología misma se niega a hacer. Pero tampoco estamos preparados para la libertad, pues tendemos al nepotismo, al amigismo, al mismo egoísmo, este último que no redunda necesariamente en bien de la comunidad, como decía Smith.

En la actualidad las empresas no son panaderos ni carniceros, sino multinacionales, sociedades anónimas en las que la gestión y la propiedad están separados.

T0dos tenemos que profundizar el conocimiento de nuestra naturaleza para mejorar nuestras instituciones. Quizás la economía conductual nos ayude a ello. Quzás escuchar más a Robert Trivers o a Michel Houellebecq nos ayuden a ello, aunque puedan equivocarse en algunos de sus puntos de vista. También podemos tener en cuenta la posibilidad de que esa naturaleza humana sea modificable, en un futuro, con la biotecnología,´Sobre el particular no dejen de ver la entrevista que el, en esta ocasión magnífico Punset, realiza a Gregory Stock.  Es posible un futuro mejor. Es posible hasta que se diseñe un soma huxleyano. Pero tengamos presente algo que dijo Stock a Punset: el dolor, más concretamente esa modalidad suya del sufrimiento, en nuestras vidas, es algo que puede parecer del todo inútil, pero que puede revelarse como algo necesario para hacernos mejores. Muchos estudios en psicología ponen de manifiesto como el aprendizaje es a base de golpes, de errores, y que uno no se levanta si previamente no se ha caído. Incluso algunos demuestran que la depresión tiene un lado positivo. Un mundo feliz sería un mundo terriblemente desdichado, a la par que aburrido en su entretenimiento sin limites. ¿Podemos concebir un Paraíso, sea terrenal o no? 

Y ahora que estas lágrimas saladas con forma de palabras caigan sobre un mar en vías de desecación. Quizás la depresión me hace hablar más de la cuenta.

Previamente a esto, en Diario de un Parado.