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A ver si he entendido lo del Patrimonio

escrito por Ijon Tichy 20 septiembre, 2011

Uno no es experto en cuestiones tributarias, pues no se dedica profesionalmente a ello ni a actividades especialmente lucrativas (político, amigo de político, deportista de élite, traficante de drogas,…). No obstante, ante el revuelo organizado por la decisión sociata de rescatar el Impuesto de Patrimonio (suprimido por ellos mismos hace muy poquito), he decidido informarme del asunto y he llegado a algunas conclusiones. 

En primer lugar, según los que saben de esto, parece que a los ricos, ricos de verdad, la cosa no les afecta en absoluto. Este impuesto de patrimonio grava exclusivamente a las personas físicas mientras que la legislación permite a los muy ricos tener sus bienes a nombre de sociedades con un tratamiento mucho más favorable. Y no hay previsión de que ello cambie, entre otros motivos porque lo poco que cotizan por tales sociedades pasaría de poco a nada inmediatamente, en caso de alarma. Resulta que en la práctica totalidad de países de nuestro entorno, el Impuesto de Patrimonio no existe. No, ni siquiera en los paraísos socialdemócratas nórdicos se les pasa por la cabeza aplicar este impuesto. Por algo será.

 ¿Quién va a pagar entonces? Dicen que las clases medias altas (“acomodadas”, ha precisado el insigne neoadalid de los descamisados, D. Alfredo). Es decir, aquéllos que lleven trabajando al menos 30 añitos por cuenta ajena o tengan un pequeño negociete, y les hayan ido más o menos bien las cosas ¿Todos? Pues no exactamente. Supongamos que los señores Pérez y Gómez comenzaron a trabajar a la vez hace 30 añitos y han ido cobrando el mismo sueldo en sucesivos ejercicios. Ambos son profesionalmente muy válidos y han disfrutado de sucesivos ascensos acompañados de sus buenas recompensas económicas. Estas recompensas han cotizado durante esos 30 años a la par, de modo que Pérez y Gómez cada año se han retratado ante Hacienda devengando un buen pellizco de sus currados ingresos.

Ahora bien, si profesionalmente estos señores han tenido trayectorias paralelas, supongamos que en lo personal ocurre exactamente lo contrario. Mientras Pérez se gastaba el sueldo (la parte del sueldo no incautada por el Estado en forma de IRPF, se entiende), en coches de lujo, viajes, putas y varios, Gómez se compró un pisito, luego una segunda vivienda y tiene sus buenas cantidades ahorradas en diversos depósitos bancarios.

De acuerdo con el Impuesto de Patrimonio que nuestros nunca bien ponderados gobernantes quieren reimplantar, Pérez no pagará (se ha pulido el grueso de sus ingresos), mientras que Gómez va a tener que pasar por caja para cotizar de nuevo. Recordemos que, en cuanto a ingresos, ambos han tenido los mismos a lo largo de su trayectoria profesional. Es como lo de la cigarra y la hormiga, pero al revés. El socialismo castiga al ahorrador.

Solo con esto debería bastar para entender los motivos por los que este impuesto ha desaparecido en la mayor parte del mundo civilizado, pero hay incluso una segunda lectura que lo hace todavía más sangrante.

Dicen los “expertos en economía” socialistas (valgan las comillas como dispensa al evidente oxímoron), cuando quieren hacer ver que la situación patria no es tan mala comparada con lo que hay por ahí, que la deuda pública española “no es tan alta”, quedando porcentualmente muy por debajo de la de potencias económicas como Japón. Olvidan interesadamente que en esos países gran parte de esa deuda se sustenta en el ahorro privado (el Estado debe el dinero a sus propios ciudadanos) por lo que no necesitan buscar financiación en los malvados mercados internacionales ultraliberales neocapitalistas y de las JONS.

En cambio, aquí no ahorra ni dios. Si la deuda pública es elevada, la deuda privada no le va a la zaga, incluso la sobrepasa. Hasta dos tercios de la deuda nacional se deben pedir prestados allende nuestras fronteras. Contrariamente a lo que nos hace creer cierta campaña publicitaria, aquí nadie es ahorrador. Y por si alguien lo era, como el bueno de Gómez, se lo van a calzar.

Es decir, por un lado se indignan con la “tiranía de los mercados” y por otro hacen todo lo posible para depender aun más de ellos.

¿Son tan inútiles como para desconocer todo esto? La verdad, no me lo creo. Con una de las dos tardes sobra para entenderlo.

Otra cosa es que D. Alfredo ande desesperado en busca del voto perdido y piense que estos rolletes demagógicos (“la crisis ke la pagen los rikos” y tal) van a tener su éxito entre indignados, 15emeros, perroflautas e indigentes intelectuales en general.

Aquí, lamentablemente, siempre ha vendido mucho más el mito de Robin Hood que la historia de Lady Godiva.