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Exportando nuestras miserias

escrito por Germanico 24 marzo, 2011

No logro salir de mi ignorancia al leer en el blog de Mary White el sabio parecer de la autora sobre la descoordinada multilateralidad de la invasión de Libia. Decía el otro día en Madrid Opina el analista político Florentino Portero que para amparar semejante despropósito la legalidad internacional (y en general toda legalidad) resultaba un instrumento sumamente útil y flexible, por su característica e intrínseca ambigüedad. Dicha legalidad vale para un roto y para un descosido. Podemos decir que es una “operación de liberación del pueblo Libio” o que es un intento de “derrocar a un tirano y establecer la Democracia”.

Imagen cortesía de Barcepundit. Click para ver artículo original.

Ya hemos visto en Irak y en Afganistán la fragilidad inherente a todas esas democracias de cartón piedra. Si Hussein puso tanques falsos de ese mismo material, para fingir que disponía de más fuerzas de las que realmente tenía, los salvadores y liberadores del pueblo irakí probablemente no hayan hecho otra cosa distinta al tratar de instaurar una “democracia occidental” en esas tierras con una larga tradición de tiranías.

Antes teníamos salvapatrias, pero esos personajes y grupos han pasado a formar parte de las curiosidades de la historia, y los que quedan se consideran excéntricos desmedidos. Ahora lo que se estila es salvar la patria ajena, y a ser posible reformarla de raíz, de acuerdo con nuestras instituciones y valores, lentamente evolucionados a lo largo de cientos de años. Mientras renegamos, esquizofrénicamente, dentro de nuestras cada vez más difuminadas fronteras, de las mismas instituciones y valores que tratamos de exportar.

¿Qué hay de verdaderamente bueno en el llamado Occidente que merezca ser exportado? No ciertamente la democracia, o no al menos entendida como aquí se entiende, como lucha de intereses contrapuestos y reparto de tartas geográficas, políticas y económicas sobre una base de demagogia y su dialéctica con la locura y necedad colectivas. Lo que debiéramos exportar es la libertad, pero entendida en un sentido profundo, no como libertad para votar, reunirse, expresarse o asociarse, que también. Lo que verdaderamente debiéramos exportar es el capitalismo, el sistema de mercado, y un régimen jurídico que preserve la libertad de contratación y la propiedad privada.

¿Debiéramos presumir, pues, de libertadores, si lo único que hacemos es derrocar a un tirano para poner a otro, o bien a una asociación de tiranos colegiados? ¿No estamos acaso exportando nuestras miserias?

El tiempo dirá, como siempre.