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Apocalypse Now

escrito por hurssel 16 marzo, 2011
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Apocalipsis”, “holocausto”, “terror”, “colapso”, “héroes”, “éxodo”, “desastre”… son palabras que enmarcan con letras de imprenta a cuatro cuerpos las portadas de la prensa nacional en el día de hoy para describir lo que sucede en Japón.

Y coincido con ella en usar estos términos, estas definiciones, estas palabras malditas. Aunque por motivos distintos. Es cierto que lo sucedido en Japón es una tragedia de magnitudes bíblicas. Pareciere que el ángel exterminador ha planeado a sus anchas desde el norte hasta el sur del país nipón. Pero no hoy, ni mañana o el día después; ya lo hizo el 11 de marzo pasado, ese viernes maldito de temblores, aguas y destrucción. Ahora están sufriendo la resaca del terremoto más grande registrado en la historia de Japón y de un tsunami con paredes de agua de 10 metros que engulleron y devoraron todo lo que encontraron en su camino tierra adentro.

Parece que en occidente todos nos hemos olvidado de eso. Estamos pendientes de 50 valientes que tratan de poner orden en el caos de una central nuclear que resistió una tierra bajo sus pies que se abría como las fauces de una fiera, los envites de un mar que le pasó por encima, unos motores de refrigeración que dejaron de funcionar y un calor acumulado en sus reactores que tratan por todos los medios de enfriar desde hace 5 largos días. Desde luego tenemos la obligación de estar pendientes de ellos, lo estamos y mucho. No hay más que leer, por ejemplo, algunas de las últimas entradas aquí, en DEE, o nuestros twitters.

Pero también hemos de ser conscientes de que todas esas palabras que encabezan esta entrada no son futuribles de un desastre nuclear por llegar –como nos quieren hacer creer muchos- sino realidades presentes provocadas por un terremoto brutal y un maremoto aterrador. Lo primero son elucubraciones, lo segundo hechos incontestables.

Muchas imágenes de tragedia, de desolación, bombardean a cada minuto nuestras retinas. Cada una de ellas contiene una microhistoria, un microrrelato, una pequeña vida arrancada de raíz, un puñado de ilusiones devoradas por la fuerza de las aguas. Y todas ellas componen el collage de una trágica historia: la del quinto mayor terremoto registrado por el hombre a lo largo de su historia y sus consecuencias sobre un pueblo, el japonés.

Japón, un país que trata de afrontar la destrucción desde hace 5 días en una gran parte de su isla, incluida una crisis nuclear por gravísimos problemas en 4 de sus reactores, los de la central de Fukushima Daiichi. Los defensores del apocalipsis milenarista que provocará inexcusablemente la energía nuclear parece que se están relamiendo de gusto con la idea –falsa, absurda, imposible según nos dicen todos los expertos- de que estos reactores revienten por una explosión nuclear y una nube tóxica recorra el planeta asolando todo a su paso desde Mongolia hasta Nueva Zelanda cual un Godzilla invisible y silencioso surgido de las profundidades de las playas de Fukushima. Hacen cálculos, plantean escenarios hollywoodienses, lo comparan con esa pesadilla ucraniana que fue Chernobil y que pervive en nuestro imaginario colectivo. Y parecen olvidar que el “apocalipsis” y el “holocausto” galopó por encima de un país llamado Japón hace ya 5 días, parecen olvidar que el “terror” y el “colapso” arrasó vidas, hogares, trabajos y sueños; parecen olvidar que existen 50 “héroes”, sí, y junto a ellos otros muchos millones más que se levantan y acuestan cada día haciendo porque su país no se paralice, no entre en el caos, no se dañe más de lo que ya está; parecen olvidar que lo que mejor define lo que sucedió un 11 de marzo de 2011 fue el “éxodo” y el “desastre”,

el “éxodo” del mundo de los vivos de 3.676 seres humanos y el “desastre” que supone que otros 7.558 sigan a día de hoy desaparecidos*.

Que todos ellos descansen en paz, fuerza y esperanza para el pueblo japonés

*Fuente: NHK World

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