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El patio de mi casa es…particular

escrito por Germanico 8 marzo, 2011

Decía Proudhon, anarquista decimonónico, que toda propiedad es un robo. Visto desde su perspectiva debiera resultar llamativo el hecho de que todo robo presuponga un propietario, sujeto pasivo de la acción de robar. ¿Quién roba, en última instancia? Lógico: aquel que con su acción destruye los derechos de propiedad.

En la línea ideológica y eminentemente práctica (a la luz de los resultados provisionales) de Proudhon, algunos pijo-macarras de nuestro tiempo han decidido hacerse con la propiedad “colectiva” de edificios abandonados de la mano de Dios en el centro de Madrid, en el barrio de Malasaña, tristemente famoso por sus bares y sus algaradas antisistema.

Han fundado una especie de organización, asentada en el resbaladizo terreno de la propiedad ajena, denominada Patio Maravillas. Se trata de un lugar pensado para la gente -¡para la gente como ellos!

A diferencia de otros okupas menos ilustrados, menos organizados, estos muchachos y muchachas han untado con un barniz de legitimidad a su robo, igual que han creado una abigarrada nube de discursos y actividades caracterizados por una improductiva “creatividad”. En el fondo de sus concertados pero desganados esfuerzos se esconde una rebelión fundamental contra algunos de los más excelsos productos de la civilización, como el empresariado, pero también contra el único motor de la misma, la capacidad de reservar para mañana, de renunciar al hoy, de crear obras que trasciendan el yo, el aquí y el ahora, de generar capital.

Ciertamente esta clase de sujetos “activos” y sus “actividades” pueden fácilmente ser borrados del mapa social simplemente con que se hicieran valer y defendieran los derechos de propiedad por parte de los organismos públicos (lo cual debiera ser una de las actividades básicas  de los mismos).

Parece ser que una “asociación de empresarios” quieren construir un centro comercial dónde ahora se encuentra ese emporio de “iniciativa soziá” llamado Patio Maravillas.

Y la 2 de Televisión Española, en uno de sus programas “kurturales”, hacía una especie de panegírico del Patio anarco, dando voz a dos de sus más eximios representantes, un par de macarropijos que, todo sea dicho, se expresaban con suma corrección (de ahí seguramente el que se hayan erigido en representantes de la masa anónima, del grupo, del contubernio okupa, frente a otros cuyos rebuznos probablemente resultarían más elocuentes).

Sorprende que la Televisión Pública, que pagamos todos los españoles, se utilice para hacer propaganda de iniciativas antisistema de este estilo. Sorprende menos cuando sabemos que las riendas de dicha Televisión están en manos de progres blandengues que comparten, en el fondo de sus almas insatisfechas, las pseudoideas y pseudoideales de este grupito autogestionado y auténtico, supercreativo y supernatural, contrario a la propiedad y, por tanto, amigo del latrocinio institucionalizado, del Patio Maravillas.