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El clan de los economistas aterrados

escrito por Maria Blessing 7 marzo, 2011

Mi apreciada Milady,

Tiempo ha que no os escribo, más no por falta de ganas e incluso de necesidad sino por la plaga que invade esta región: la necedad. Tan grave es que los discípulos de Merlín afirman que ésta es mucho más contagiosa y dañina que la de la plaga de la peste, de la que ya los grandes historiadores han dado cuenta.

Más aún, Milady, que esta misma semana he echado a faltar vuestros templados consejos. Y es que me he encontrado con una troupe de las que vagan los caminos y visitan los castillos de los poderosos pidiendo “más de lo suyo”: el clan de los economistas aterrados. Estos personajes han firmado, incluso, un manifiesto de economistas aterrados en el que explican las razones de su espanto. Mi vecino Barcepundit me hizo notar su llegada y enseguida ambos nos dimos cuenta de que eran evidentes en sus palabras, modos y retorcidos argumentos los signos de la plaga de la necedad. Y es entonces cuando eché de menos vuestro consejo, Milady. Esta gente pretende que los gobiernos han traicionado al pueblo al dejar que sean los mercados quienes den valor a la deuda soberana. De modo y manera que si Fidel Castro vendiera deuda cubana en un mercado para financiar sus cigarros habanos sería tan neoliberal como el mismo Bush. Es su parecer que el recorte de gasto no reduce la deuda pública. Que es como decir que cuando luce el sol es de noche y no de día.

Y así hasta diez “falsas evidencias” ennumeran estos cantamañanas en su manifiesto, aportando argumentos tan absurdos que solamente unos necios pueden defender.  Lo que me extrana es que estos enfermos no estén recluídos y apartados de la sociedad para evitar contagios. Así es que de vez en cuando vemos gente aterrada por lo que llaman “le logiciel néolibéral”, porque al parecer, ven fantasmas donde solamente hay mercado: gente que valora, compra y vende.

Pero, para mi, Milady, estos bufones pobres apestados de necedad quieren algo más, buscan algún tipo de prebenda, porque rondan a los poderosos más afectados del mal que les asola a ellos, la imbecilidad.

Espero alguna palabra de vuestra gracia al respecto y si también por vuestra región se han asomado estos aterrados, alejaos rápidamente, Milady. Se despide vuestra leal,

María Blessing