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Libia: amenazar con violencia sí está justificado

escrito por Luis I. Gómez 24 febrero, 2011

Ban Ki-Moon ya sabe lo que es tener a un dictador asesino 40 minutos al otro lado de la linea telefónica intentando convencerle de que lo que hace no está bien. El sueño de un gobierno mundial supone también trabajos desagradables. El insípido líder de la no menos incapacitada ONU pretendía que Gadafi depusiera su actitud violenta por la magia de las palabras.

La magia de las palabras funciona muchas veces, es cierto.Y es preferible a la contundencia material de la violencia. También es cierto. Pero las palabras están limitadas en su efectividad a la capacidad de escucha y comprensión del receptor. Y a las condiciones del ámbito en que se pronuncian: hasta cuando hemos de soportar que la “sagrada soberanía” proteja a todos los tiranos de este planeta?

La Naciones Unidas han lanzado llamamientos en lugar de resoluciones. En el Consejo de Seguridad no fué posible alcanzar la mayoría necesaria. A los abonados al “no”, chinos y rusos, ya les conocemos. Y los americanos? Tienen ya muchos frentes abiertos. Y los europeos? Ocupadísimos en redactar cálidas notas de condena.

Pero para manejar situaciones de crisis no basta con la voluntad (buena o mala). Por lo menos podemos congratularnos de una decisión: interrupción inmediata de toda exportación de armas a Libia. La gota amarga de ese trago es que nadie se lamenta de que la sangre de los muertos y heridos en las calles libias corre gracias los grandes negocios que los europeos han venido haciendo con un dictador enfermo y peligroso. Lady Ashton nos vende la noticia como un acto heróico. Y las sanciones? Y una amenaza militar? Silencio… y el torrente de sangre sigue su curso.

Recuerdan la guerra de Serbia? Saben dónde está Afghanistán? La alegría que se pudiese sentir viendo a los libios manifestarse valientemente por su libertad queda inmediatamente enterrada bajo los cadáveres y el miedo que se siente al pensar que, tal vez, todo pueda ser aún peor: guerra civil, más muertos.

Lo que está ocurriendo al otro lado del Mediterráneo es una ocasión única. Tras Tunez y Egipto, en Libia se decide el futuro del mundo árabe. Y los europeos seguimos acomodados en el sillón, delante del televisor, incapaces de rescatar para nuestra consciencia la crudeza que nos llega desde  Bengasi de los sórdidos  basureros de la programación vespertina.

Y encima pecamos de desmemoriados:el Mediterráneo no es una fosa insalvable, una frontera que separa. Fenicios, Griegos, Romanos nos enseñaron que el Mare Nostrum es un  puente. Un puente para el comercio, las ideas, pero también para los refugiados, la miseria y las guerras. En los últimos años la política europea en el Mediterráneo ha sido una política puramente de contención. Más parecida a un montón de recetas de Valium que a una terapia de grupo. Y llega la hora de la verdad: los jóvenes norteafricanos quieren abrazar las ideas de libertad que nos han convertido en ciudadanos próperos y respetables. A ellos nadie les respeta, han de buscar la properidad lejos de casa, cuando protestan les llueven las balas sobre sus cabezas. Por qué sólo oímos frases desde el otro lado del mar?