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Desayuno con Tejero

escrito por Burrhus el elefante neocon 23 febrero, 2011

Nos reunimos en el bar “El Navegante” de Málaga con Antonio Tejero. Tapando su calva con una boina (con una sonrisa afirma añorar el tricornio), nos ofrece asiento. El golpista, quien nos afloja las corbatas y nos da ganas de ir al baño cada vez que le recordamos, ha cambiado la pistola por un llavero con un Pikachu. “Mis nietos. Lo mejor que me ha pasado en la vida“, afirma con una amplia sonrisa y encogiéndose de hombros.

Tras pedir el desayuno a una atractiva camarera, le preguntamos acerca de su vida tras salir de la cárcel.

“Muchos cambios. Se tenía una percepción distinta de la autoridad. Cuando salí de la cárcel y volvía a casa, me encontré a unos jóvenes saltándose un stop. Sentí el impulso de perseguirle y darle una mano de guantás, pero por alguna razón me detuve. Supongo que la cárcel me había cambiado.”

Vaya, sí que se adaptó rápido.

“A no ser Guardia Civil, sí. A que se mofaran de mí, me costó mucho más. No te imaginas lo duro que es irse a la Feria de Málaga, que la gente te reconozca y que una caseta entera se ponga a cantarte “¡¡quieto todo el mundo!! ¡¡quieto todo el mundo!!”, señalándote con el dedo. Su mirada, hacia el suelo, refleja las secuelas de una pasada amargura. “Es como ser el tonto del pueblo. Todo el mundo se ríe de ti y encima tienen razón”.

Tras unos breves sorbos al café, continúa.

“Una vez, un cachondo se me acercó y me dijo que había registrado la frase y que había hecho un remix con ella. Cuando lo escuché, me sumí en una profunda depresión.”

¿Superó todo aquello?

“Me costó muchísimo tiempo. Tuve que ir a terapia. Me costó aceptar todo aquello. Cómo pude haber sido tan idiota y todo eso. En esas circunstancias, empiezas a compadecerte de ti mismo, y ya todo es una espiral descendente. Mi terapeuta, un chico joven, me decía que mi problema era que no tenía ninguna inteligencia emocional, que me lo tomaba todo demasiado en serio y que debía tomármelo todo con más calma, que no le diera tanta importancia a las cosas. Poco a poco, me di cuenta de todos los errores que había cometido en el pasado. Ahora veo las cosas con una perspectiva totalmente distinta. He aprendido a perdonarme a mí mismo y a perdonar a los demás”.

¿Y qué perspectiva tiene del 23-F?

“¡Pido perdón por todo aquello!! Su mirada resulta esquiva, con una amplia sonrisa. “A ver. Yo era relativamente joven y ambicioso. No me he disculpado antes porque me daba mucha vergüenza y no quería sentirme peor” –afirma el golpista, sin dejar de sonreir. “Lo que te comentaba antes. Es uno de esos momentos ridículos de la vida de uno, que cada vez que se lo cuentan a uno se sonroja y no sabe dónde meter la cabeza”.

¿Qué sintió cuando dijo aquello de “¡¡Quieto todo el mundo!!” ?

“Fíjese.” El tono del ex-teniente coronel se vuelve poco a poco mucho más severo. “De lo único que no me arrepiento fue de ametrallar las paredes y el techo del Congreso. La decoración era espantosa.No me extrañaría que inviten al responsable a ARCO.” Y continúa, alzando la voz y cerrando los puños. “¡Un hortera, joder! ¡Un hortera! En mis tiempos le habríamos dado una paliza y metido en la cárcel a ese marica.” “Alguien tenía que hacerlo”, sentencia más relajado, segundos después.

La camarera nos sirve unas tostadas de sobrasada.

¿Y lo de Milans del Bosch sacando los tanques? Reconozca que eso nos llenó de miedo a los españoles.

“Bueno. Yo creo que Jaime siempre había sentido algo de admiración por los desfiles militares soviéticos. Ya sabes, lo de sacar los tanques a la calle, los misiles y todo eso. Personalmente, y viéndolo con un poco de perspectiva, creo que se pasó un poco. Lo que ocurrió es que la gente no se creía que fuesen a cambiar la democracia y volver a la dictadura, y se extendió el rumor de que iban a cambiar las fallas por un desfile militar. Pero creo que sacar todos los tanques a la calle fue un tanto desproporcionado”.

¿Qué pretendían con todo aquello?

“¿Yo qué sé”? Responde con extrañeza. “Yo era un mandao. Hacía lo que me decían y no rechistaba. Supongo que querrían volver a los tiempos de Franco. Ya sabes, la represión y la inseguridad que tenían muchos militares en aquella época. Si me permite mi opinión, creo que todo aquello fue demasiado chapucero, improvisado. Es decir, si vas, tienes que ir con todo y sabiendo que vas a ganar. Eso de pillar al rey a ver si sale o no por la puerta y que en función de eso dependa todo el golpe… chico, no sé cómo se harán las cosas ahora, pero espero que no como aquello.”

¿Qué le parece cómo hemos acabado?

“Hombre, vistos los resultados, menos mal que aquello salió como el culo de mal. A ver, estamos pasando por una situación económica complicada, pero si ves todo el tiempo, la gente ha mejorado mucho sus condiciones de vida. Confiemos en que las cosas cambien tras las elecciones”.

¿Y Don Juan Carlos?

Dicen que la gente no es monárquica sino juancarlista. Yo no quiero imaginarme a los políticos que tenemos actualmente ostentando la jefatura del Estado. Además, Felipe me parece un tío majo.

Nos despedimos del ex-teniente coronel, que amablemente nos invita, antes de recoger a los niños e irse a misa.

Desayuno. Dos cafés. Dos tostadas con sobrasada.

Precio total: 7,50 €.