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Javier Sampedro, aprendiz de brujo

escrito por Luis I. Gómez 17 febrero, 2011

Toda cultura basada en la superstición y la sumisión a la misma como base de la cohesión social necesita sus brujos, sus inquisidores, sus predicadores, sus gurús, … llámenlos como quieran. Privilegiar a unos cuantos para dotarles de la debida “autoritas” con la que repetir una y otra vez los karmas del mainstream hasta llegar a convencer a las masas de su veracidad no es un invento de Goebbels. Todas las religiones ya lo habían hecho antes que él. Todos los monarcas y monarquillos. Hasta los jacobinos o los marxistas más refinados (o precisamente éstos antes que ningún otro) sabían que el asunto siempre ha sido creer o morir … a manos de los creyentes.

Hoy Javier Sampedro nos regala en la páginas del diario El País un magnífico ejemplo de cómo predicar a las masas a base de medias verdades y algunas mentiras. Su artículo lleva el título:

Inundaciones por nuestra culpa

Desde el primer momento se sugiere una verdad que no es tal: si llueve muchísimo en Dresden, la culpa es suya, querido españolito. No es una figura nueva. Ya en el Antiguo Testamento encontramos exactamente los mismos contenidos, y los mismos argumentos. El Diluvio Universal bíblico es fruto de la ira de Dios. Y la ira de Dios es fruto del pecado de los hombres. Cuando carecemos de explicación empírica para un fenómeno que observamos tendemos a situarnos en posición de alerta. El miedo es congénito al ser humano, no en vano ha salvado muchas vidas. Usar el miedo y la ignorancia de los otros para mejor alcanzar los propios fines dogmáticos es y ha sido siempre una de las armas favoritas de todo brujo que se precie, se llame Goebbels, Nero, Mao o Torquemada. Ayer recuperaba para todos los mañanas algunos textos del fallecido Michael Crichton. En uno de ellos describe perfectamente las razones por las que Javier sampedro elige este título para su panfleto. Y las que mueven a los editores de El País a dejarlo como está:

Increasingly it seems facts aren’t necessary, because the tenets of environmentalism are all about belief. It’s about whether you are going to be a sinner, or saved. Whether you are going to be one of the people on the side of salvation, or on the side of doom. Whether you are going to be one of us, or one of them.

O estamos en el lado de los que se salvarán, o del lado de los pecadores.

Como todo buen predicador necesita de la “verdad escrita” para fundamentar sus palabras. No es su autoridad la que nos convierte a todos en pecadores. La fuente de su autoridad es la palabra divina, el mensaje verdadero: Nature. Y si lo escrito en la nueva biblia de los nuevos tiempos no es exactamente lo que se quiere decir, empleamos la exégesis y la retórica como instrumentos para acercar al pueblo llano (pobres ignorantes) el verdadero sentido de las palabras de la verdad escrita.

Así, de la expresión escrita de una duda (cito textualmente):

We can now say with some confidence that the increased rainfall intensity in the latter half of the twentieth century cannot be explained by our estimates of internal climate variability

Sampedro no tiene reparos en deducir una verdad y formularla:

Dos trabajos demuestran hoy en Nature que las emisiones humanas sí han incrementado la probabilidad de tormentas y el riesgo de inundaciones

Es más, los trabajos de Pardeep Pall y colegas no muestran que:

las emisiones aumentaron el riesgo de inundaciones en Inglaterra y Gales en más del 20%.

Lo que muestran es que sus modelos pueden explicar esa tendencia observada.

Allí donde los científicos muestran sus dudas y hablan de MODELOS, Javier Sampedro se muestra férreo en su fe.

Ninguno de los dos papers que cita el señor Sampedro refutan (ni tan siquiera mencionan) los trabajos de otros científicos que muestran, esta vez con datos y no con modelos, otra verdad diferente. Davies, Kemp et al. publicaban en el número 38 de la Geophysical Research Letters su trabajo “ Tropical ocean-atmosphere controls on inter-annual climate variability in the Cretaceous Arctic” y concluían que era muy improbable que un calentamiento antropogénico de la atmósfera pudiese generar una situación contínua tipo “El Niño”. En otras palabras: es muy improbable que podamos calentar los océanos. Tampoco mencionan ni refutan las mediciones (repito, MEDICIONES, no modelos) que Czymzik, Plessen et al. Publicaban el año pasado sobre inundaciones en el sur de Alemania durante los últimos 450 años. Czymik concluye:

… an increase in extreme flood events due to an intensified hydrological cycle caused by global warming is simply not correct.

Pero esto, también escrito en las modernas biblias de la verdad, es precisamente lo que se debe omitir en la encomiable labor exegética del predicador para así mejor transmitir el mensaje final: somos culpables, arrepintámonos, hagamos penitencia, pónganse en manos de quienes realmente saben qué es lo mejor para usted y el planeta. Sensacional el panfleto de Sampedro por cumplir ejemplarmente todas estas premisas.

Pero lo más hiriente, lo más doloroso e insultante para cualquier humano con criterio propio y respeto por el criterio de los demás es la última frase de este aprendiz de brujo moderno:

De momento, asociar las inundaciones al tubo de escape de su vecino ya es algo más que una conversación de ascensor.

Se lo traduzco: nosotros, los buenos, debemos vigilar el tubo de escape de los otros, los malos. Denunciarles, eliminarles, ningunearles, derrotarles. Sólo así, por la vía de la delacion, conseguiremos salvarnos.