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Protección legal del embrión humano(II). A la luz de los comentarios

escrito por Luis I. Gómez 12 febrero, 2011

Antes de nada permítanme que de públicamente las gracias a Bastiat, Ijon Tichy, (*), Rojobilbao, DrGen, Pinciano, Geralt, Ussitano y Dhavar por los comentarios vertidos en la anterior entrega de la serie, por el tono constructivo y por haber mantenido el debate alejado de la pura descalificación personal. Encantado de compartir ideas y desencuentros con ustedes. No voy a poder hacer un comentario a cada uno de vosotros, por lo que intentaré ir rebatiendo vuestros argumentos en forma de una nueva exposición-resumen de mi opinión sobre lo que comentais.

Desde el punto de la teoría ético-normativa, y a la luz de lo que escribís,  debemos volver a preguntarnos hasta qué punto son realmente convincentes los argumentos vertidos en favor de conceder al criterio de la potencialidad el alto rango que le dais. Dado  que considero que el argumento ontológico no se sostiene -algo que puede llegar a ser otra cosa NO ES esa cosa que puede llegar a ser- me voy a centrar en el que más usais, el de la potencialidad.

En la segunda mitad del siglo pasado fue Hans Jonas el primero que recuperó para la bioética y el movimiento ecologista la idea por la cual las entidades vivas – en la ética ecológica de Jonas no sólo la vida humana- se caracterizan de forma natural mediante la autoafirmación y perseverancia, de las que nacen la autoestima y la finalidad en sí misma del ser vivo. La acción human debe, pues, desde la toma de consciencia de toda entidad viva, aceptar como norma inalienable la protección y conservación de la vida de forma absoluta. La potencialidad de un embrión, desde el marco de los principios éticos de Jonas, se sitúa en el centro de la discusión bioética y es el principal argumento para la protección de los embriones. También es el vuestro, mayormente (no voy a entrar en consideraciones religiosas; lo entendereis, pues respeto y acepto toda forma de entender la propia moral, siempre que ello no signifique imponérmela a mí). Vosotros sois mejores que Jonas, pues describís en vuestros comentarios un forma aún más fuerte de potencialidad. Hablais de una potencia activa. Puesto que decís que el embrión posee la capacidad de desarrollarse completamente como humano, desde sí mismo (intrínsicamente), sin tener en cuenta que es posible que esa capacidad no sea más que una propiedad que le atribuís, proyectando unas capacidades humanas a algo que no las tiene. También ignorais en gran medida los factores necesarios para que sea posible tal desarrollo.

Os invito a considerar que el embrión -sí, ese que respondiendo a su dotacion genética y haciendo uso de su bioquímica termina anidando (exactamente igual que una hormona termina activando un proceso celular) / no, no el que parece que por propia voluntad desciende por los despeñaderos de las trompas de falopio hasta montar campamento en la pared uterina (como si de un Reinhold Messner se tratase)- no es autónomo. Para su individuación depende, por naturaleza, de las condiciones medioambientales que pone a disposición la madre. En palabras del jesuita y biólogo Christian Kummer, quien gusta de beber en Aristóteles, el embrión (y más tarde el feto durante un gran número de semanas) es substancialmente dependiente de la madre. La dependencia de su existencia en función de la de la madre es irrefutable.

La embriología -las ciencias naturales, vaya- nos exige prestar atención a fenómenos como la nidación, el desarrollo de la notocorda primitiva o la aparición de las primeras estructuras neuronales. Estos fenómenos deben ser meditados y discutidos desde la antropología y deben ser tomados muy en serio a la hora de establecer normas éticas. No podemos evitar la discusión sobre la diferencia entre el embrión temprano no anidado, el embrión anidado y el feto neuronado o el neonato.

Por otro lado no creo que nosotros necesitemos entrar en la discusión de los diferentes principios filosóficos que pudieran ser aplicados en la discusión. Claro está que la idea de potencialidad es hija del aristotelismo. Su capacidad de convicción depende en esencia de si compartimos las ideas aristotélicas de base, algo que no creo que podamos afirmar de forma general. Independientemente de la crítica que podamos hacer desde nuestra propia evolución filosófica (la occidental, digo), no podemos olvidar tampoco que tanto los judíos como los musulmanes en sus éticas médicas diferencian claramente entre humano potencial y ser humano (ver aquí y aquí).

No, no pretendo eliminar de forma general el derecho de protección de la vida de todo ser humano, se encuentre éste en el proceso de desarrollo que se encuentre. Lo único que propongo es que no existen argumentos éticos ni médicos -desde mi punto de vista- para negar de forma rotunda la posibilidad de realizar una selección extrauterina de embriones con fines exclusivamente médicos: asegurar la viabilidad de una vida humana y mejorar, incluso lograr la curación completa, la calidad de vida de un segundo ser humano. Es más, creo que hacerlo es perfectamente ético.