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Estoy de acuerdo con el fiscal de Tarragona

escrito por Manuel Fernández Ordoñez 7 febrero, 2011

Este es mi primer post en DEE. Después de una temporada como seguidor de este portal, Luis I. Gómez me ha ofrecido la posibilidad de ser un colaborador de esta web y, por supuesto, he aceptado encantado. Como científico que soy (en general) y físico nuclear (en particular) mis artículos se centrarán básicamente en el mundo de la energía y, especialmente, en la energía nuclear. Me gustaría que mi primera aportación a DEE estuviera relacionada con el anuncio de la fiscalía de Tarragona de presentar cargos contra varios directivos de una de las centrales nucleares tarraconenses.

Hace ya casi dos años que se destapó el escándalo de la emisión al medioambiente de partículas radiactivas por parte del reactor número 1 de Central Nuclear de Ascó en Tarragona. La sinopsis muy resumida del asunto es la siguiente:

Durante la parada de recarga un operario realiza una maniobra poco ortodoxa con unos líquidos contaminados y salpica una rejilla de ventilación. Para que las alarmas de radiación (que hubieran advertido dicho suceso) no sonaran, se cambió el tarado de sus detectores. De este modo se pudo arrancar la central nuevamente ocultando todo lo anterior al Consejo de Seguridad Nuclear. Varios meses después uno de los inspectores del CSN se entera de oidas de que han encontrado partículas radiactivas fuera de los edificios de la central nuclear y salta el escándalo.

Si bien lo sucedido no supuso peligro alguno ni para las personas ni el medioambiente, la imagen pública ofrecida por la Central Nuclear de Ascó fue nefasta. Los medios sensacionalistas se ceban con que se permitió la visita de varios colegios a la central mientras se ocultaba el tema al CSN, pero la verdadera complejidad del problema no radica en esto ya que a los escolares no les hubiera pasado nada en cualquier caso. La gravedad radica en la pérdida de cultura de seguridad y de mala praxis en toda la cadena de mando de la central nuclear de Ascó y la imagen pública que mostraron en todo el asunto.

Para ilustrar el tema, si me permiten la parábola, es como si usted aparca en un vado permanente, alguien le ha visto y decide usted secuestrar al testigo para que no se lo cuente a nadie. Comete usted un delito grave para tapar una infracción leve. Es decir, que se les contaminara la rejilla fue una estupidez, una maniobra de operación poco ortodoxa pero nada punible. Si lo hubieran comunicado al CSN no hubiera pasado nada, se les hubiera obligado a limpiarlo y ya está. No hubiera habido emisión de radiación al exterior, no hubiera pasado absolutamente nada y probablemente no hubiera habido ni siquiera multa. En lugar de eso deciden ocultárselo al CSN, cambiar tarados de detectores y falsear datos. En fin…

Lo que se destruyó, en definitiva, fue mucha de la confianza que la industria nuclear había construido en estos últimos años. De puertas para afuera y de cara a la opinión pública es cierto que el incidente no tuvo ninguna importancia, es decir, no hubo que lamentar víctimas, no hubo contaminación relevante, no hubo heridos, ni daños, nada. Pero de puertas para adentro las críticas a la gestión de dicha central han sido duras, muy duras en muchos casos. Y es que debían serlo. Porque esa nefasta gestión de un incidente sin importancia se tradujo en un pérdida de confianza difícilmente recuperable y en la multa más elevada jamás impuesta a una industria en la historia de España.

Este fin de semana todos los medios de comunicación se han hecho eco de la misma noticia: “La fiscalía de Tarragona denuncia a tres jefes de Ascó I por la fuga radiactiva“. El fiscal Ignacio Monreal ve en la actuación de estas personas “negligencias, imprudencias y omisiones” y pide penas que pueden suponer hasta 16 años de cárcel en alguno de los casos.

Seamos objetivos, 16 años de cárcel me parecen completamente desproporcionados para un caso en el que no se han infligido daños personales ni materiales a nadie, absolutamente a nadie. Pero el fiscal cree que en sus decisiones como dirigentes de la central se aprecian indicios de delito y piensa -como yo- que sus actuaciones no pueden ni deben quedar impunes. Nos lo deben a los que trabajamos día a día para que la energía nuclear ocupe el lugar que merece, nos han faltado al respeto y han abusado de nuestra confianza y dedicación.

Ahora bien, dicho todo lo anterior, me gustaría que también se trataran con la misma vehemencia los “deslices” del resto de industrias en este país.