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Más allá de toda decencia

escrito por Germanico 27 enero, 2011

Creía que Sálvame era un bestiario grotesco y grosero de sordidez insuperable, que nada podía repugnar más a mi gusto. Pero Telecinco es pródiga en desagradables sorpresas para todo espectador dotado de un mínimo de moralidad y buen sentido. Ayer noche, en horario de máxima audiencia, emitieron un programa con el sugerente título de Más Allá de la Vida en el que una auténtica Señora inglesa, muy correcta y elegante, era presentada por Jordi González, chico-para-todo de la cadena, como médium.

Desfilaron por el programa algunos famosillos como Sara Montiel o Miki Molina, y también personas anónimas que habían perdido a algún ser querido. La Señora hablaba muy pausadamente, con el lenguaje vago característico de los engañadores, y en inglés, lo que seguramente le daba un plus de credibilidad. No presté demasiada atención al programa, pues me hallaba absorto en otros menesteres, pero veía los rostros de los invitados cuando la mujer les relataba la elaborada trola sobre el supuesto mensaje de sus parientes muertos, sus ojos llorosos, y sentía que la perversidad de este engaño superaba todo lo admisible. Ya no es que nos presenten a una farsante como alguien merecedor de audiencia y atención, sino que aprovechan dicha farsa para ofrecer al público el lamentable espectáculo de personas genuinamente emocionadas, sufrientes, sometidas a una manipulación repugnante. Me impresionó el caso de una mujer que había perdido a su hijo de 9 años en un accidente de autobús. Imagino ese cuerpecito expirando su último aliento y me horroriza que una vida tan joven acabe de esa forma tan traumática, pienso en mi hijo y me pongo instintivamente en el lugar de la mujer, cuyo drama es el más profundo abismo en el que puede caer un alma humana. Entiendo que quiera aferrarse a lo que sea, para recuperar la esperanza, para creer que su hijito no murió, realmente. Y precisamente por eso me parece que convertir la manipulación de ese drama insuperable en espectáculo televisivo, para consumo de masas con ganas de una catarsis de llanto, es uno de las más innobles canalladas que pueden perpetrarse.