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Letras en el Sahara

escrito por Luis I. Gómez 12 enero, 2011

Si me preguntan qué es la solidaridad creo que empezaría siempre por explicar lo que no lo es.  Cuando un político con poder de decisión toma parte del dinero que previamente me ha sustraído en forma de impuestos y decide invertirlo en la ONG que más le mola a él, eso no es solidaridad. Él lo llamará así, y nos contará que así TODOS somos solidarios. Miente.

La verdadera solidaridad, la caridad, es la que nace de la iniciativa particular. Es voluntaria, nunca obligatoria. Es generosa, nunca coartada.

Por eso les recomiendo que se unan a la iniciativa que Javier Sanz acaba de lanzar en su Historias de la Historia: Letras en el Sahara. Cito:

De una conversación trivial con Pablo (@psandez) sobre un post antiguo y un banner surgió “Letras en el Sahara” (#letrasenelsahara). Esta iniciativa nace en la red y queremos que, con vuestra ayuda, desemboque en el Sahara.

Hace un par de meses se publicó Historia de una deuda moral con el pueblo saharaui, donde trataba de explicar el origen de un conflicto que ha mantenido al pueblo saharaui esclavo de los caprichos e intereses de terceros. Nunca han sido dueños de su propio destino y merecen, como mínimo, una oportunidad.
Quien debe, y puede, prestarles ayuda no lo hace porque está “supeditado” a cuestiones de política internacional y, sobre todo, económicas. Pues desde la red, por muchos demonizada pero libre de ataduras políticas y económicas, lanzamos esta iniciativa de colaboración con el proyecto Bubisher (un bibliobús para los campamentos de refugiados saharauis).

Recuerden: la solidaridad ha de ser voluntaria!

  • Cara de palo

    La iniciativa está muy bien pero, aunque pueda parecer un tanto impertinente, quisiera hacer una aclaración sobre el término solidaridad.
    La solidaridad y la caridad no son la misma cosa. El concepto de caridad es cristiano (es una de virtudes teologales) y se refiere al amor al prójimo, aunque popularmente se ha usado también con un sentido más pedestre, como sinónimo de limosna.
    El concepto de solidaridad tiene otro origen y otro recorrido. Empieza por ser un concepto jurídico, carente de dimensión moral, pero en el siglo XIX comienza a salir de ese ámbito para adquirir nuevas significaciones. El autor francés Pierre Leroux (de quien se dice que es también el creador del término socialismo) le da un contenido humanitario y armónico, convirtiéndolo en una especie de sustituto de la fraternidad. Por otro lado, el término solidaridad lo han utilizado mucho, desde sus orígenes, las organizaciones y movimientos revolucionarios, anarquistas, socialistas, obreristas, etc, con un sentido polémico, de enfrentamiento, que implica una solidaridad forzosamente selectiva, equivalente a la camaradería de trinchera. En este sentido, la solidaridad es siempre contra alguien.

    Hoy en día, en el lenguaje corriente, y sobre todo en el lenguaje políticamente correcto, el término solidaridad aparece un tanto devaluado y muy “sobado”, con un sentido (“ayudar al prójimo desinteresadamente”) que no es su significado original… Se sigue utilizando en su acepción más polémica, pero el significado que predomina corresponde más bien a la acepción blanda de Leroux. Se ha ido produciendo, con el curso de la historia, un sutil desplazamiento en el lenguaje: desde la caridad, hasta la solidaridad, pasando por la fraternidad, aunque éste último tuvo una vida más corta. Los dos últimos proceden del filosofismo moderno y están asociados a movimientos revolucionarios.
    Decía Gustavo Bueno, hace algunos años, en una entrevista:

    “La solidaridad tiene un aspecto ético y otro aspecto político. Desde el punto de vista ético es la solidaridad como una especie de versión de la fraternidad o de la filantropía; entonces la solidaridad es sobre todo una virtud individual, principalmente. Mientras que políticamente la solidaridad sería la relación de dos grupos o tres o cuatro contra terceros, sino no tiene sentido político, es decir nosotros somos solidarios contra terceros; en el fondo son los bloques históricos de Gramsci, los patronos son solidarios contra los obreros, y los obreros contra los patronos. Esto es un ejemplo típico de diferencia entre ética y política. Entonces, predicar la solidaridad ¿qué quiere decir?; es tratar de organizar la sociedad por medio de conductas psicológicas, como terapia.”

    La práctica de regalar los dineros públicos con fines humanitarios (reales o fingidos), por parte del poder político, no parece que responda a ninguna de estas ideas de solidaridad. Si no es individual, y tampoco es contra terceros, parece que se está usando el término de manera impropia. Parece evidente que en los últimos tiempos se ha abusado del término.

     

  • Muchas gracias por difundir la iniciativa.
    Un abrazo Luis.