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Una pesada cruz

escrito por Germanico 25 noviembre, 2010

El emperador Juliano trató infructuosamente de resucitar el cadáver del paganismo entre las ruinas del mundo clásico. Fue por ello calificado por la historiografía cristiana posterior como “el apóstata”. No se trataba, empero, de un apóstata. Su deseo era restaurar un viejo orden ya irremisiblemente perdido.

Pasados casi dos milenios el cristianismo ha dejado de ser nido de fanatismos. Pero en el imaginario colectivo son conspicuas las imágenes de un Vaticano de poder muy terrenal, una inquisición implacable y un espíritu profundamente contrario a toda expresión del espíritu, científica o artística, contraria, real o figuradamente, a la fe imperante.  

Los mártires de la opresión cristiana no eran devorados por los leones en el anfiteatro. Su causa era la del progreso de las ideas, la de la democracia y la ciencia. Iconos de la nueva fe, muchos probablemente no se reconocerían en el retrato que ahora se hace de ellos.

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