Home Comprendiendo la Economía Comprendiendo la Economía. Capítulo 6. LA COACCIÓN Y SUS CONSECUENCIAS.

Comprendiendo la Economía. Capítulo 6. LA COACCIÓN Y SUS CONSECUENCIAS.

escrito por Arturo Taibo 20 noviembre, 2010

En el anterior capítulo definimos al mercado como:

El mercado es el sistema en el que el dinero y los bienes se intercambian libremente por ambas partes.

Todo intercambio de dinero y bienes es un contrato en el que ambas partes deciden la cantidad y el precio de los bienes y el dinero a intercambiar.

Además del contrato de compra-venta directo e inmediato existen otros tipos de contratos que implican tambien intercambio de dinero y bienes.

Existen:

El contrato de trabajo por el que se intercambian bienes (trabajo) y dinero u otros bienes.

Los contratos de préstamos, hipotecas o depósitos por el que se intercambia dinero por un compromiso de pago en el futuro y con diversas garantías.

Los contratos de pago aplazado por el que se intercambian bienes por compromisos de pago en un futuro y con diversas garantías.

Podríamos establecer una nueva definición ampliada de mercado:

Mercado es el sistema en el que se realizan libremente contratos de carácter económico .

Cuando un contrato es realizado fuera del mercado, es decir es impuesto por una parte a la otra, que pierde su libertad, se puede definir de varias maneras aunque la mas clara es la de robo.

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LA COACCIÓN.

Recordemos que según el axioma 3 cada persona tiene sus particulares intereses y que estos no tienen que estar sujetos a ninguna norma ética o moral. Es de suponer que existan personas que piensen que el sistema de mercado no es conveniente con sus particulares intereses. En consecuencia decidirán que pueden imponer intercambios a otras personas en contra de su voluntad para beneficiarse. Para llevar a cabo estos intercambios no deseados por una de las partes y romper el sistema de mercado recurrirán a la coacción.

Coacción: Fuerza o violencia que se hace a alguien para obligarlo a que diga o ejecute algo.

Las personas que son forzadas a realizar intercambios u otros contratos que no harían libremente pueden recurrir a su vez a la violencia para defenderse.

Otra solución, que puede ser más eficaz y económica y/o menos peligrosa, es que las personas contraten a otras para que las defiendan de aquellos que tratan de imponerles intercambios en contra de su voluntad.

La realidad que tenemos en el mundo actual es que existen tres clases de contratos con los que las personas se defienden de la coacción:

Contrato de Defensa, por el cual las personas son obligadas coercitivamente a pagar a otras para que defiendan el mercado de su nación del ataque de naciones extranjeras.

Contrato de Seguridad Pública por el cual las personas son obligadas coercitivamente a pagar a otras para que las defiendan de aquellas que les coaccionen o que intenten hacerlo.

Contratos de Seguridad Privada por el cual las personas deciden libremente contratar a otras para que las defiendan de aquellas que les coaccionen o intenten hacerlo.

Parece que va contra toda lógica que para defenderse de otras naciones o personas que quieran romper el mercado se tenga que recurrir, en los primeros dos casos, a contratos que a su vez rompen el mercado, puesto que son contratos a los que las personas son coaccionadas a aceptar.

Porque, al fin y al cabo, los dos primeros contratos significan que debemos dejarnos robar por unos (que denominaremos Estado) para que otros no nos roben (delincuentes, mafias, otros Estados). Es cierto que la mayoría de la gente puede estar de acuerdo con estos contratos y acceder libremente a ellos, pero desde el momento que hay una sola persona que sea coaccionada a aceptar estos contratos ya pueden ser considerados en cierto modo como un robo.

¿Por qué existen estos contratos obligatorios? ¿No invalidan estos contratos la existencia de un sistema mercado? ¿No podría existir un sistema de mercado sin contratos obligatorios?

Siempre van a existir personas que intenten imponer contratos a otras personas, está en la Naturaleza Humana (axiomas 2 y 3). En consecuencia siempre vamos a tener que emplear parte de nuestro tiempo y/o dinero en protegernos.

La defensa contra naciones extranjeras plantea problemas casi insuperables para un sistema de mercado. La razón es que no es posible protegerse individualmente del ataque de una nación extranjera. Es practicamente imposible que una sola persona disponga de dinero suficiente para contratar a un ejército que defienda sus intereses. Pero aunque existiera esa persona ¿Por qué iba ella sola a defender no sólo sus intereses sino también los de los demás habitantes de una nación?

Puede argumentarse que esa persona podría unirse con otras personas igualmente ricas para hacerse cargo de la defensa de una nación. También puede argumentarse que esas personas podrían resarcirse de ese coste de mantener un ejército repercutiéndolo en las personas con que mantuviesen intercambios.

En contra hay argumentos de peso. ¿Quién defendería las personas contra una posible imposición de contratos por las personas que financian los ejércitos? ¿Qué ocurriría si unilateralmente alguna de las personas que financian los ejércitos dejara de hacerlo? ¿Asumirían el resto de las personas el gasto militar? Pero la consecuencia inmediata sería que los que dejasen de pagar el gasto militar se seguirían beneficiado de la seguridad que les proporciona el ejército, ahora sin ningún coste para ellas.

El problema planteado puede resumirse en que mientras que todo el mundo se beneficiaría de la seguridad que les proporciona el ejército, podrían existir, en un sistema de mercado, personas que decidiesen no financiarlo. Eso supondría que estas últimas personas obtendrían seguridad gratis mientras que otras tendrían que pagar su propia seguridad y la de los demás. Una posible traslación de estos sobrecostes a sus transacciones económicas pondría a los que pagan el ejército en una situación desventajosa con respecto a los que no pagasen.

Un ejército a la hora de defender una nación no puede hacer distinciones entre las personas que les pagan y las que no.

En un sistema de mercado, cuando alguien decide no pagar por un bien también pierde los beneficios que le reporta, en el caso de la defensa esto no sucede así y entonces se genera un fuerte incentivo para que las personas no paguen porque, aún así, seguirán manteniendo los beneficios de la defensa.

Un organización defensiva contra naciones extranjeras en un sistema de mercado generará inestabilidades que podrían acabar con la propia nación y dividirla en pequeñas naciones, también es previsible que sea muy ineficiente dadas las características de este bien (los recursos podrían no ser los adecuados, se transmitiría a otras naciones una sensación de fragilidad, los recursos se podrían duplicar en unos casos y fragmentar en otros…)

Un bien se considera público cuando se puede disfrutar de sus beneficios aunque (en el caso de que no exista coacción para pagar por él), no se pague por él.

El beneficio que produce el bien público debe ser muy claro, porque si no prácticamente todos los bienes serían públicos. Alguien podría considerar que todos los edificios, coches, ropa, árboles que ve por la calle le benefician estéticamente y que, como no paga por ellos, son bienes públicos.

Pero lo que hace a un bien ser genuinamente público es que cuando alguien, que está pagando por ese bien, deja de hacerlo, sigue beneficiándose de él, mientras que otros deberán pagar más por ese bien. Y además, llegado el caso en que mucha gente no pague por ese bien, será imposible seguir obteniéndolo, puesto que las pocas personas que quisiesen continuar pagando tendrían que pagar tanto que no podrían hacerlo.

Los razonamientos que he hecho en el caso de la defensa de una nación son muy parecidos a los que haría en el caso de la Seguridad Pública.

Las personas podrían pagarse su propia seguridad frente a otros dentro de una misma nación. Grupos de personas podrían contratar los servicios de empresas de seguridad para defenderse sin tener que recurrir toda la población a una misma empresa. O incluso recurriendo todo el mundo a la misma empresa de seguridad podría ser esta privada.

El problema es que al igual que existirían empresas que se dedicasen a defender a sus clientes podrían existir otras que se dedicasen a coaccionar a las personas.

Si entre los seres humanos siempre va a existir la maldad es absurdo pensar que entre las organizaciones de defensa ninguna va a dedicarse a utilizar la fuerza con fines distintos a la mera defensa y dedicarse a ganar dinero mediante la coacción.

Nuevamente estaríamos ante un horizonte de enfrentamientos entre organizaciones de seguridad que provocaría inestabilidad e ineficiencia. O incluso en el caso de que una única gran empresa de seguridad decidiese coaccionar a todo el mundo acabando con el mercado.

Los que defienden la defensa de la nación y la seguridad pública como bienes a obtener mediante el mercado creen que las empresas de defensa y seguridad procurarían no enfrentarse entre ellas para reducir costes. Pero este argumento es equivocado puesto que las personas y las empresas no se comportan necesariamente de una manera racional y bondadosa y habría empresas de defensa y seguridad que se comportarían como empresas de ataque y coacción, sin importarles la moralidad o de la ética y pensando, da igual que sea acertada o equivocadamente, que obtendrán mayores beneficios con ese comportamiento.

Existe sin embargo un argumento de los defensores de la defensa y seguridad privada que sí es consistente: si una nación tiene una única organización de defensa y una única organización de seguridad, que además pueden coercitivamente obtener dinero para financiarse de las personas que vivan en esa nación, ¿Qué les impide acabar con el sistema de mercado y coaccionar a la gente que en teoría deberían defender? O dicho de otro modo ¿Quién es la policía de la policía? ¿Quién controla al ejército?

Como conclusiones tenemos que:

El uso de la coacción siempre va a ser un problema en el sistema de mercado dado que para acabar con él siempre va a ser necesaria la coacción, que en un principio es contraria al sistema de mercado.

Aunque las personas puedan contratar libremente a otras para que las defiendan de quienes quieran coaccionarlas se plantean dos problemas:

1.- Cómo impedir que los que no paguen sigan beneficiándose de la defensa contra otra nación y de la seguridad pública.

2.- Cómo impedir que existan personas que contraten a otras para coaccionar a las demás e incluso, y más importante, cómo impedir que a quienes se contrate para defenderse de la coacción acaben coaccionando a los que les contrataron.

Un sistema de mercado puro para los bienes de defensa y seguridad pública es bastante improbable. Eso no quiere decir que los contratos para la defensa y la seguridad pública sujetos a coacción no deban de ser controlados estrictamente para que no acaben con el mercado.

Cualquier solución tanto la de mercado como la de proveedor único mediante la coacción tienen sus pros y sus contras y necesitan de un estricto control para que no acaben con el mercado.

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DEMOCRACIA.

La solución que se han dado las naciones con mayor presencia del sistema de mercado a los problemas del uso de la coacción ha sido la democracia.

La democracia es el sistema por el cual unas personas (diputados, senadores, congresistas), elegidas en votaciones libres, controlan el poder de coacción del Estado.

La coacción emanada por los poderes de un Estado democrático tendría ahora un significado distinto de la coacción de una persona o grupo de personas o de una empresa.

Coacción democrática: Poder legítimo del derecho para imponer su cumplimiento o prevalecer sobre su infracción.

Sin embargo la democracia tiene un problema intrínseco que la hace extraordinariamente peligrosa.

Si aceptamos el control del aparato de coacción del Estado por un sistema democrático estaremos aceptando el control del aparato de coacción del Estado por una fracción de todos los ciudadanos de una nación, los que sean mayoritarios en las votaciones. Y esa fracción de ciudadanos podría imponer, mediante la fuerza que la da el poder del Estado, un sistema de coacción sobre todos los ciudadanos acabando con el sistema de mercado.

Si alguien es tan ingenuo como para considerar que la mayoría salida de unas votaciones siempre va a ser respetuosa con el sistema de mercado entonces olvida nuevamente la Naturaleza Humana (axiomas 2 y 3). Y esta es la razón de dos instituciones que son imprescindibles para que una democracia no desemboque en tiranía y para que la democracia no acabe con el sistema de mercado que en un principio debía defender: la Constitución y la Justicia.

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LA CONSTITUCIÓN.

La Constitución es una ley que está por encima de cualquier otra, por tanto ninguna ley puede ir en contra de la Constitución. Además la Constitución no podrá ni derogarse ni modificarse.

Este es un libro de Economía no de Política ni de Derecho, pero desde el punto de vista económico y para asegurar un sistema de mercado, defendiéndolo de enemigos exteriores e interiores así como del propio Estado y de las mayorías que podrían salir de unas votaciones, basta con una Constitución muy escueta, nada de un largo y enrevesado documento sujeto a múltiples interpretaciones.

La Constitución debe incluir los Derechos Humanos y entre ellos el sistema de mercado, debe prohibir, de un modo general, las ayudas y subvenciones a empresas privadas y particulares y la existencia de empresas públicas. También deberá incluir el sistema electoral.

Otro de los capítulos imprescincibles en una Constitución es el derecho de poseer armas y de poder usarlas en caso de que alguien quiera cambiarla.

A lo largo de este libro veremos diferentes fallos de mercado que pueden justificar una cierta actividad económica del Estado, pero al igual que la defensa nacional y la seguridad pública, estas actividades deben estar fuertemente limitadas. El principal límite, que debe quedar claramente especificado en la Constitución es un límite a la cantidad de gasto que pueda ejercer el Estado tanto en diferentes subvenciones y ayudas, como en seguridad exterior e interior.

El objetivo de la Constitución es que el Estado no expanda su poder de coacción más allá de lo estrictamente necesario para mantener el sistema de mercado y salvaguardar los derechos humanos.

La Constitución debe limitar el campo de juego de los políticos fijando una cantidad máxima de gasto en (intentar) corregir los fallos del mercado y en defender al mercado y a los derechos humanos de enemigos interiores y exteriores.

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LA JUSTICIA.

Pero el problema de la coacción no es el único al que se enfrenta el sistema de mercado.

En los contratos efectuados libremente pueden existir toda clase de incumplimientos, fraudes, engaños y estafas. Cuando una de estas situaciones se produce la parte perjudicada tiene que tener alguna manera de ser reparada en el daño que se le ha producido y la que intenta aprovecharse tiene que ser castigada de alguna manera.

A la hora de realizar cualquier contrato ambas partes pueden acordar que un particular o una empresa resuelva los conflictos que puedan surgir. En caso de hallarse incumplimiento de contrato para que una de las partes compense a la otra es muy probable que sea necesario el uso de la coacción.

En realidad , salvo casos de coacción evidente, es el aparato de seguridad ciudadana del Estado el que va a estar al servicio de los tribunales privados. Por tanto el poder de estos tribunales va a ser mayor que el del propio sistema policial estatal.

Pero hay situaciones en las cuales los tribunales privados no pueden ser la solución más adecuada. En caso en que no exista un contrato entre el presuntamente perjudicado y el presuntamente causante del daño. En caso en que uno de los dos litigantes sea el Estado. En caso de que uno de los contratantes consiga que el otro acepte, bajo engaño, a un tribunal privado no imparcial. O simplemente en caso de que los dos contratantes no se pongan de acuerdo en qué tribunal privado escoger. Además está el caso en que una mayoría de los ciudadanos elegidos quiera promulgar una ley que vaya en contra de la Constitución.

En todos los anteriores casos, pero especialmente en aquellos donde una de las partes sea el Estado, es necesario un tribunal financiado con dinero obtenido mediante la coacción y que sea absolutamente independiente de cualquier otro poder del Estado.

¿Por qué es necesario este tipo de tribunal?

1.- Tiene que existir un tribunal que decida en caso de que no exista un contrato, las partes no se pongan de acuerdo a qué tribunal acudir o un tribunal privado sea parcial.

2.- En los casos en que el Estado es una de las partes implicadas un tribunal privado podría ser intimidado por el Estado y no poder juzgar imparcialmente especialmente cuando una de las partes implicadas sea la mayoría elegida en votación popular.

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EL ESTADO EN UN SISTEMA DE MERCADO.

El Estado es el conjunto de las organizaciones con capacidad de coacción destinados a garantizar que las personas que forman parte de una nación puedan efectuar libremente sus contratos, vean estos cumplidos y tengan garantizados los derechos humanos.

Al ser el Estado el único capaz de ejercer la coacción democrática tiene que tener un fuerte control para que la democracia no acabe con el sistema de mercado y de respeto de los derechos humanos y se convierta en una tiranía.

Los controles del Estado, que también forman parte del Estado, están formados por el conjunto de diputados, senadores o congresistas elegidos en elecciones libres, la Constitución y la Justicia.

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SEGURIDAD PRIVADA.

Queda por último el caso de la seguridad privada, personas que contratan a otras para que les garanticen su seguridad frente a los intentos de coacción, fraude, estafa, robo o atentados a la vida de terceras personas.

Es evidente que en un sistema de mercado todo el mundo puede contratar a quien quiera para defenderse o defenderse por sí mismo. Obviamente las personas que ejerzan esa defensa deben de hacerlo respetando la Constitución. Los tribunales privados podrán contratar a personas para que ejecuten sus sentencias.

¿Qué incentivo van a tener las personas para contratar seguridad privada? La causa está en que la seguridad pública se encarga más de perseguir a los delincuentes una vez se ha cometido el delito que en defender específicamente a cada ciudadano. La seguridad privada ofrece una protección más ajustada a las necesidades de las personas y de las empresas.

Otro incentivo es que las personas o empresas que contraten a otras para su seguridad privada pueden obtener descuentos de las empresas de seguros que les compensen en parte el gasto realizado.

Existirán organizaciones privadas que en vez de a la seguridad privada se dediquen a la coacción o al crimen pero eso se producirá independientemente de que existan personas u organizaciones privadas de defensa o de que exista un sistema de seguridad financiado con fondos obtenidos de la coacción. En futuros capítulos veremos las causas y posibles maneras de eliminar las organizaciones privadas que usen la coacción.

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En este capítulo hemos visto:

La definición ampliada de (sistema de) mercado.

El problema de la coacción en un sistema de mercado.

La definición de coacción y de coacción democrática.

La definición de bien público.

La definición de Democracia.

La Constitución y la Justicia.

La Justicia privada.

La coacción y los problemas que plantea defenderse de ella son los grandes enemigos del mercado. La amenaza de la coacción ya sea por parte de los que la usan para sus propios intereses como de aquellos que usan la coacción para defenderse de la coacción va a estar siempre presente. Es una cuestión que siempre requerirá la atención y el control si no se quiere que un sistema de mercado dé paso a una tiranía.

  • (*)

    Está muy bien pensado pero en España el poder político (único e indiviso: legislativo, ejecutivo y judicial) colude con el financiero, las cajas de ahorros aparecen quebradas, nadie va a la cárcel, la clase media es la puta de todas las fiestas y cuando te entran a robar cuatro veces en dos semanas, entonces, entonces el “Gobierno de España” te dice que te busques la vida. Y no encuentras una estadística que refleje esos hechos. Ni seguridad jurídica ni seguridad física ni ganas de discursear.