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¿El primer error de cálculo de ZP?

escrito por daoiz 1 octubre, 2010

Discrepo desde hace bastante tiempo con muchas personas de mi círculo íntimo acerca de Zapatero. Mientras ellos sostienen que es un inútil, un auténtico zopenco y un tonto de remate, yo opino (y lo defiendo públicamente) que es uno de los políticos más inteligentes que he conocido. La ventaja de decir esto por escrito es que es posible que pueda terminar mi argumentación antes de recibir todo tipo de improperios.

No tendría problemas en ponerme de acuerdo con esas personas, si en lugar de inteligencia, habláramos de cultura o de preparación intelectual. Creo que ZP es poco menos que un analfabeto funcional, cultural y educacionalmente hablando. También pienso que es uno de los más mediocres gobernantes de la historia de España, y que su herencia será entre catastrófica y letal.

Sin embargo, no olvidemos que, lamentablemente, el fin último de un político moderno es llegar al poder y mantenerse en él. Y desde este prisma creo que es un hombre con cualidades políticas muy notables, entre otras audacia, intuición, inteligencia emocional y sentido de la oportunidad. Su biografía está llena de ejemplos de estas virtudes que en mi opinión le adornan:

1. En el año 2000, intuyendo el elevado índice de rechazo que provocaba el cuasiseguro sucesor en el liderazgo socialista José Bono entre la militancia, aceptó ser la cabeza de un movimiento aparentemente suicida, y se postuló como el rival desconocido del favorito indiscutible en las primarias del PSOE. Dando muestras de su capacidad de embaucamiento, consiguó la adhesión de todas las facciones hostiles al manchego, y contra todo pronóstico, se alzó con la secretaría general del PSOE ante el asombro de toda España. Años después, y para evitar que el propio Bono (generador de rechazo, pero también de adhesiones) le pudiera crear problemas internos, le nombró Ministro durante su primer Gobierno.

2. Durante el periodo 2000-2002, en medio de la bonanza económica española y en plenitud del aznarato, se creó una imagen pública de hombre centrado, dialogante, pactista y simpático. Sus adversarios políticos le tenían por un tonto útil, y le trataron con condescendencia.

3. A finales de 2002, Zapatero intuyó que el carácter serio, gruñón y prepotente de Aznar estaba causando un cierto hastío en parte de la población española, muy particularmente de la izquierda sociológica. Coincidiendo con la Boda del Escorial y el hundimiento del Prestige, el “nuevo” Zapatero se arrojó a la yugular del inquilino de la Moncloa apoyándose en una prensa que, con la excepción de la dirección de RTVE (que no de sus informadores), rechazaba frontalmente al entonces presidente.

4. Tras los atentados del 11-S había formado piña con el gobierno Aznar en su apoyo a la invasión de Afganistán. Sin embargo, coincidiendo con el inicio de la invasión de Irak y el apoyo político de Aznar a la misma, foto de las Azores incluída, Zapatero se lanza a una campaña de propaganda al más puro estilo soviético: insiste en decir que Aznar ha invadido Irak (aunque conviene recordar que el envío de los pocos soldados españoles que allí fueron se produjo “a guerra terminada”), teatraliza solemnemente durante el desfile de las FFAA con su “sentada” ante la bandera americana, y habla de guerra “ilegítima, ilegal e injusta” (coletilla apoyada y repetida hasta la saciedad por la prensa, los colectivos “culturales” y por todo su partido, que funcionaba entonces  como un reloj de precisión con Blanco liderando la maquinaria. En mi opinión el denostado Pepiño ha sido probablemente el mejor Secretario de Organización de la historia del PSOE). La sociedad española, a la que Aznar no se había molestado en explicar las razones de su apoyo político a la invasión, y que era bombardeada por la mayoría de las televisiones con mensajes antibélicos, se identificó pronto con un Zapatero que consiguió aglutinar todo el apoyo de la izquierda, aniquilando electoralmente a verdes y comunistas.

5. La efectividad con la que el PSOE (de nuevo magistralmente dirigido desde las sombras por Blanco y Rubalcaba) utilizó las horas posteriores al 11-M para conseguir una victoria electoral que aparentemente era imposible demuestra de nuevo la habilidad del brillante político leonés. Zapatero “leyó” maravillosamente bien a la sociedad española, que básicamente se ha acomodado hasta el punto de creer que la libertad y la riqueza caen de los árboles, y que no vale la pena luchar por valores “caducos”. Intuyó que no nos gusta que nos molesten a la hora de la siesta con advertencias de que vienen tiempos difíciles, de que hay terroristas que quieren quitarnos la libertad y a los que hay que combatir, o de que hay que hacer sacrificios para mantener las libertades y el bienestar. Se dio cuenta de que nos gusta más escuchar lemas huecos llenos de “Champion´s League, solidaridad, paz, diálogo y alianza de civilizaciones”. Él supo que los españoles culparían a Aznar de los que sucedió el 11-M si se ligaban los atentados a la Guerra de Irak, y la jugada le salió redonda.

6. Ya victorioso, emprende una cruzada anti-PP destinada a impedir que ningún partido pacte con los populares. Apoyándose en una economía todavía boyante, crea el “cordón sanitario”, refrendado incluso ante notario por CIU, y en la práctica por el resto de partidos, que asisten encantados a la lluvia de millones autonómica del generoso inquilino de la Moncloa. Crea así una imagen del PP de partido antipático, incapaz de pactar, ultra (interesante cómo hasta creó el término “derecha extrema”), y que se empeña en “tensionar” la vida nacional en vez de unirse al Jauja federalista. Fue en este punto tan exitoso que el propio PP llegó  a creerse su propia imagen, como bien demostró Rajoy en el Congreso de Valencia.

7. La reunión con Artur Mas traicionando a su propio partido para sacar adelante el Estatut merecería la atención del propio Maquiavelo.

8. Para la segunda legislatura, y viendo que “venían curvas”, atrae al Gobierno a los dos hombres más poderosos dentro del partido (Blanco y Chaves), únicos capaces de “moverle la silla” desde el partido, y cuya capacidad de maniobra queda entonces muy limitada pues, al ser parte ejecutora del desasstre, no pueden aducir que la culpa es de ZP y no suya. Además, cubre con oro a las fuerzas (?) sindicales (?), para que no le monten grandes  altercados.

En cualquier caso su audaz plan para esta legislatura se mantiene inalterado: esperar a una remontada leve de la economía (al menos en términos “macro”) antes de fin de 2011, para entonces sacar pecho diciendo “Aznar y los neocón americanos os metieron en la crisis, yo os saqué, y por el camino he protegido a los débiles”. Y mirando a la  oposición no descarto que la arriesgada apuesta le vuelva a salir bien.

Sin embargo, me temo que el virus de la Moncloa puede estar afectando por fin a nuestro ínclito presidente. Hace pocas semanas, por complacer a Pepiño, que tenía cuentas pendientes con Tomás Gómez desde que éste apoyó a Gómez Navarro como Consejero en Iberia propuesto por Cajamadrid en vez de a uno de los fieles escuderos del gallego, ZP intentó defenestrar al ex-alcalde de Parla y sustituirlo por Trinidad Jiménez como futuro adversario de Esperanza Aguirre para la Comunidad de Madrid.

Lo que no podía siquiera intuir (y puede ser su primer gran error, y un error de cálculo muy caro) era que la criada le iba a salir respondona, y que no se iba a retirar sin batalla, sino que reaccionaría forzando las primarias. Las siempre revueltas aguas de la FSM se agitan inquietas, quizá anticipando sucesos imprevistos. Tomás Gómez ha presentado más avales que Trinidad Jiménez, y el núcleo duro del felipismo parece apoyarle, señal inequívoca de que, por primera vez en los últimos diez años, el liderazgo en el partido de Zapatero no es indiscutible. Creo que ZP no se ha dado cuenta de que ha brindado la oportunidad a la militancia socialista (gran parte de la cual está indignada con él, por su ejecutoria y por su falta de coherencia desde que la crisis de la deuda le estalló el pasado Mayo) de propinarle una gran patada en el bullarengue de su Ministra de Sanidad. Si esto sucede, los buitres internos pueden empezar a sobrevolar el Palacio de la Moncloa, y ZP podría tener más pasado que futuro…

¿Le saldrá bien la jugada a ZP y saldrá incluso reforzado de sus maniobras? ¿Será por el contrario víctima de la táctica que le aupó al poder, siendo una posible derrota de Trinidad Jiménez el principio de su fin?

Creo que me gustaría que el curso político 2010-2011 fuera algo menos apasionante, pero al menos en “Desde el exilio” podremos comentarlo como se merece.