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Nueva expresión de la opresión españolista contra el catalanismo integrador: El Tribunal Constitucional

escrito por Burrhus el elefante neocon 10 julio, 2010

Lo que hace algo más de cuatro años era sólo otra de la infinidad de tonterías que pasan por la cabeza de nuestros políticos se ha convertido, de golpe y porrazo, en el más directo competidor que tiene la crisis económica en el ranking de problemas a los que España se debe enfrentar.

Esta tarde, el Presidente de la Generalidad de Cataluña, José Montilla, saldrá envuelto en la señera catalana bajo el lema “Somos una nación, nosotros decidimos”. No hay que hacer un doctorado en ciencias políticas para darse cuenta del fuerte aroma independentista y electoralista, así como de que será multitudinaria, si bien deberán tener cuidado de la basura parasitaria que se les puede adherir.

Me van a permitir que haga un resumen de todo lo que ha pasado, y espero no olvidarme de ningún detalle importante.

Año 2002 (aprox.). Pujol está en su última legislatura, a punto de retirarse tras haber dominado Cataluña como si fuera el jardín de su casa durante más de veinte años. Su gestión, al menos en lo que se refiere a resultados (crecimiento, tasa de paro, competencias transferidas), es muy buena, de modo que la izquierda catalana, teniendo que ofrecer un producto superior, se empieza a desarrollar la idea de que hay que hacer un nuevo Estatuto para Cataluña. Llega septiembre de 2003 y Zapatero, todavía jefe de la oposición, monta un mitin en el Palau San Jordi para la campaña electoral del PSC y dice que el Parlamento catalán aprueba un nuevo Estatuto, él no será un estorbo y sería aprobado en el Congreso de los Diputados. Zapatero necesitaba a Pasqual Maragall para ganar las elecciones. En diciembre de 2003, Maragall es investido como President de Cataluña, y en marzo de 2004, Zapatero se convierte en ZP.

Tras duras negociaciones, Gobierno Catalán y Convergencia y Unión (el PP estaba boicoteado por los partidos catalanes) consiguen llegar a un acuerdo de proposición de nuevo Estatuto, Estatuto aprobado en septiembre de 2005 por el Parlamento de Cataluña. Debemos resaltar aquí que, entre los catalanes, el Estatuto  importaba un bledo a todo el mundo. Permitidme que cite a mi querida enemiga Jessica Fillol :

Aquellos para quienes el Estatut es la prioridad, en cambio, pasan de un 23% en marzo pasado a un 18% en estos momentos. Si la reforma estatutaria no llegase a buen puerto por falta de acuerdo entre los partidos catalanes, el 58% de las opiniones es que no sucedería nada, frente al 36% que considera que éste sería un supuesto grave.

La encuesta de la época también tiene un dato la mar de divertido:

Entre los encuestados, una mayoría, el 45%, opina que Catalunya es una región más de España. No representan la mayoría de la sociedad catalana, pero son casi el doble de los que afirman que Catalunya es una nación. La mayoría de los catalanes se reparte entre el 31% que sostiene que “Catalunya es una comunidad con una personalidad diferenciada que debe tener un tratamiento específico”, en este caso político, y el 23% que opina que Catalunya es una nación.

Es decir, hace cinco años, el 75% de los catalanes no pensaba que “Catalunya” fuera una nación. Pero no nos distraigamos con la hemeroteca. La burocracia empieza a funcionar aquí. Como el resto de partidos catalanes ignoró al PP en la elaboración del Estatuto porque no eran suficientemente catalanes, el PP no se fiaba, y se dedicó a poner recursos a todo lo que se moviera. Dio igual. Fue aprobado por el Congreso de los Diputados, si bien con varios retoques, en mayo de 2006. En junio del mismo año, el Estatut es apoyado muy mayoritariamente por referéndum, si bien con una elevadísima abstención.

Por su parte, a los recursos de inconstitucionalidad planteados por el grupo parlamentario popular se les unen los planteados por varias comunidades autónomas, también gobernadas por el PP. Y el Tribunal Constitucional se pone a ello. Con un problema: El Estatuto se ha llevado tan al límite que cualquiera puede ver puntos de inconstitucionalidad. Normal que hayan tardado cuatro años.

¿Qué dice la Sentencia? Es tan extensa que tengo serias dudas sobre si merece la pena leerla. Tampoco es mi intención hacer un análisis exhaustivo de su contenido. De hecho, a los políticos catalanes les ha dado igual: han puesto el grito en el cielo cuando han visto que habían declarado inconstitucionales, retocado o interpretado algunos artículos, sin reparar en que a lo mejor podía ser el que en un texto en castellano “Catalunya” se escribe con Ñ o algún signo de puntuación extraviado.

Todos han hecho su trabajo. Cataluña está en su perfecto derecho de estudiar todas las posibilidades para tener el máximo nivel de autonomía que le permita la Constitución. La gente está en su derecho de votarlo. La oposición está en su obligación de plantear como inconstitucional aquellos artículos que estime como tales (mala suerte, Pérez Royo, mírate los artículos 162 de la Constitución y 32 de la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional y luego nos cuentas). Y el Tribunal Constitucional está en su deber de declarar inconstitucional aquello que entienda así.

Emitida la Sentencia del Tribunal Constitucional, lo normal sería que Cataluña, o mejor dicho, los partidos catalanes, aceptaran lo que hay y trataran de hacer, si lo estimaran oportuno, otro Estatuto, que contara esta vez con todas las partes y cuyo encaje en la Constitución fuera más sencillo. Es lo que hacemos cuando cualquiera de nosotros presenta un proyecto en la empresa y nos ponen un montón de pegas. Y si no te gusta lo que hay, puedes proponer un cambio total de sistema, lo que incluiría la modificación de la Constitución, pero respetando la normativa que hay y de la que, en el fondo, emana el Estatuto.

estatut_manifaPues no. Manifestación al canto, reivindicación independentista con tufo electoral y a discutir sobre el sexo de los ángeles y de si la abuela fuma, que no tenemos suficientes preocupaciones.

De esto hay que sacar muchísimas reflexiones. Algunas de ellas son:

1.- Se mantienen las garantías jurídicas. Con todas sus chapuzas, que las tiene. Lo que resulta incomprensible e infumable intelectualmente  es que te llegue alguien y te diga:

En el camino han quedado muchas aspiraciones legítimas y, desde luego, una sensación de hartazgo y tomadura de pelo para muchos catalanes, defraudados por la guerra de borradores de un tribunal politizado hasta la médula y las pedradas de una derecha que otorga al texto constitucional características propias del derecho divino.

No es que sea derecho divino. Es que la Constitución ha sido respaldada por más gente que este Estatuto. También en Cataluña. De hecho, este Estatuto emana de la Constitución. Y estamos hablando de la seguridad jurídica de 46 millones de personas. Yo, si fuera catalán, a quien pediría explicaciones es a los políticos que les propusieron un texto inconstitucional. También hay que preguntárselo a los políticos españoles (del PSOE, para ser más exactos) por cuyo filtro pasó.

2.- España sigue siendo España. Otra cosa es que la selección española de fútbol, o la de baloncesto, o cualquier otra, tenga en el futuro la misma composición. Habrá que preguntárselo a Zapatero. No obstante, el cordobés Montilla tiene razón cuando dice que la Sentencia será un nuevo foco de problemas.

3.- De aquello que puede ser un trámite burocrático más, los políticos son capaces de sacar una crisis de Estado en dura pugna con la peor recesión que este país ha podido sufrir desde la posguerra. ¿Cómo es posible que si la mayoría de la gente piensa que si no aprobándose un Estatuto no pasaría nada grave, cuando sale aprobado en su mayoría llegue el Apocalipsis?

4.- Este Estatuto, independientemente de que tenga el respaldo de un referéndum, es una chapuza. Si algo deben pretender los estatutos, independientemente de de dónde provengan, es lograr una pacífica coexistencia con la Constitución. Esto no es buscar una coexistencia pacífica, sino abrir la caja de los truenos. Cuando menos, habría que replanteárselo.

5.- El Tribunal Constitucional ha tenido un marrón de narices, y ha gastado cuatro años, bordeando la legalidad en lo que se refiere a su funcionamiento normal, para emitir una sentencia que, para colmo de males, no ha salido por unanimidad. Cuatro años en los que no se ha dedicado a otras cosas.

6.- Da la sensación (esto no es un hecho objetivo) de que el Tribunal Constitucional puede dar una interpretación u otra de un texto en función de quién nombra al miembro. Se supone que los miembros del TC han de ser totalmente independientes. Urge una reforma (imposible) por la que los miembros del TC sean elegidos democráticamente entre los jueces.

7.- Con todo, la mayoría que la ha respaldado ha sido la “progresista”, es decir, la posición más afín. No quiero pensar en lo que habría pasado si la mayoría hubiese tenido un perfil distinto. Ello debería de hacer reflexionar a aquellos que defienden que se trata de una conspiración de la ultraderecha españolista.

8.- Podemos dar por hecho que se va a plantear, abiertamente, la reforma constitucional. Y eso, según la Constitución, nos afecta a todos. El aumento de la presión, de los prejuicios irracionales y de la retórica insultante para el intelecto medio promete alcanzar cotas nepalíes.

Personalmente, la actitud de los “catalanistas” me recuerda a la de esas tías petardas con las que algunos hemos salido alguna vez y que se dedicaban a buscar problemas y defectos a cualquier cosa que se les pusiera por delante. Su objetivo no declarado es romper, por supuesto, pero con un añadido fundamental: no quieren ser las malas de la película. La situación se va tensando poco a poco hasta que, de repente, uno se cabrea, la chica lo toma como excusa de que ya no la quieres y se larga.

Para desenmascarar a este tipo de personas, se les ha de preguntar cosas muy sencillas. Por ejemplo:

“¿Me quieres?”

Si te responden algo así como:

“Tenemos una relación satisfactoria y me gustaría que continuara así, pero para ello hay que modificar algunas cosas…”

…o un montón de palabrejas raras en plan sofista pedante, es que le importas un bledo. Y cuando hablo con un “catalanista”, la respuesta no es “Sí, aunque seas un capullo integral en esto”, sino la de esa pedante. Palabrería.

A mí me da exactamente igual que Cataluña se independice. Personalmente, me gustaría que el principal foco de mis problemas fuese yo mismo y no si a la niña petarda no le gusta el dormitorio y tengo que tocar los cimientos de la casa para arreglarlo. Pediría a los políticos catalanes que dejen de hacer demagogia, que dejen de mirarse el ombligo como si todo el país les debiera algo, que se tragaran el orgullo y que se centraran en los problemas reales de los ciudadanos. Si quieren largarse, que lo digan claramente. Si lo único que quieren es lograr identificar en el subconsciente colectivo a la derecha española con Franco, que lo intenten. Y si los castellanoparlantes catalanes no son capaces de superar sus complejos y están dispuestos a tragarse un estanque de sapos con tal de que no les llamen “charnegos” y dejen de sentirse ciudadanos de segunda, allá ellos. Mejor por vías pacíficas que a través de la violencia. Porque esta pataleta de día sí día también, en la que una parte siempre cede y la otra siempre gana, en la que jamás se reconoce una ínfima parte del inmenso esfuerzo de comprensión y respeto que ha hecho España, es cansina y previsible. De hecho, que este Estatuto iba a ser realmente problemático lo sabía hasta el que asó la manteca . Todo esto es ridículo.

Sea lo que sea, confío en que esta sentencia del Tribunal Constitucional lo acelere. El PSOE, a juzgar por las declaraciones de Blanco , seguirá en su estrategia de culpar al PP de todos los males de la tierra, incluso de aquellos en los que tienen mayoría en los Tribunales donde se juzgan. Sigamos ignorando a la mitad de España.

PD: Me apuesto un café a que mañana hay más gente celebrando el Mundial de España si gana a gente reivindicando Cataluña como nación.